Leitmotiv

Escribo porque no tengo nada que hacer en el mundo: estoy de sobra y no hay lugar para mí en la tierra de los hombres.

Escribo por mi desesperación y mi cansancio, ya no soporto la rutina de ser yo, y si no existiese la novedad continua que es escribir, me moriría simbólicamente todos los días.

Pero estoy preparada para salir con discreción por la puerta trasera. He experimentado casi todo, aún la pasión y su desesperanza. Ahora sólo querría tener lo que hubiera sido y no fui.

-C. Lispector, La hora de la Estrella-

viernes, 23 de noviembre de 2007

YA ESTÁN AQUÍiii....


Cuando era pequeña y además bajita, me encantaba darme la vuelta en la parte trasera del coche de mi padre, ponerme de rodillas y mirar las luces de navidad mientras cantaba villancicos con mis hermanos. Era mi momento preferido del día en época navideña, junto con la tarde de Nochebuena que se hacía eterna con los preparativos y esperando ilusionada la llegada de Papa Nöel (en mi casa siempre hemos sido un poquito yanquis, qué le vamos a hacer).

Ahora ya no me arrodillo en las partes traseras de los coches, al menos no para mirar las luces y cantar villancicos, más que nada porque quedaría un poco ridículo a mi edad y con mi envergadura. Sin embargo, mi momento navideño preferido sigue siendo la tarde de Nochebuena, incluso el día entero, hasta la noche: la copa en el trabajo charlando con personas con las que solo has cruzado un “hola” aislado en todo el año, las copas fuera del trabajo, el aperitivo de bar en bar que hace de comida y que dura hasta casi la cena (y sin casi), la llegada a casa, achispada, para liarse con los preparativos y, por supuesto, el regreso de Papa Nöel.

Os confieso que hace unos años habría escrito que la Navidad es una basura capitalista más implantada en nuestros cerebros de mosquito desde el nacimiento para consumir como posesos y que tener ilusión en estos días es de niños y de estúpidos. Bueno, no solo lo habría escrito sino que lo escribí, solo que no está publicado. Sin embargo, y no sé bien por qué (o quizás si), desde hace tres años he cambiado un poco mi percepción sobre estas fechas. Cierto es que las horas previas a la celebración de la Nochebuena siempre fueron mis preferidas, incluso durante mis años más radicales (los de la Facultad) y pesimistas (todos), pero el resto eran carne de cañón para mis feroces críticas.

Ahora, no es que me haya “adaptado” y sea una consumidora más (que lo soy), sino que intento ver lo positivo de las cosas que acontecen a mi alrededor. Esto no significa que lo consiga siempre, pero en este caso concreto de la Navidad me está dando por estimarla cuando regresa y echarla de menos cuando se va. Como a los buenos amigos.

Lo que aún me cuesta es tenerle cariño al último día del año. Esa Nochevieja estresante y/o aburrida que nunca cumple tus expectativas…al menos las mías. Porque las he tenido de todas clases: familiares con bingo y chocolate con churros, familiares con discusiones históricas, fiestas con barra libre de garrafón, sexo salvaje hasta el amanecer, cena, tele y a dormir, reuniones locas en casas de amigos (o del primo del vecino del hermano de un conocido de una amiga del instituto…), pero sigo sin encontrarle el gusto.

Creo que mi Nochevieja ideal existe, pero solo es posible en mi imaginación, como esa idea platónica a la que uno debe intentar acercarse para concretar sus realidades, pero sin llegar a ella. Me explico: lo que mi imaginación elucubra sería una noche en una ciudad nevada o junto al mar rodeada de toda la gente que ha pasado por mi vida o está en ella y que estimo (cosa total y absolutamente imposible), en un lugar cálido y acogedor donde hubiera manjares de todos los países. Buen rollo, la familia a la que nunca veo, los amigos que están lejos, los nuevos, risas, dulces, jaleo, nueces...

La última noche se me antoja como algo diferente y nada tradicional, al contrario que la Nochebuena a la que estimo porque nunca cambia, a penas el menú a lo largo de los años y eso es lo perfecto.
Sin embargo, la última noche del año no lo es…le falta algo, o quizás le sobre…No sé, pero yo sigo buscando y mientras busco y busco, me quedo con el sexo salvaje y las nueces.

Felices fiestas a todos.

miércoles, 21 de noviembre de 2007

SOBRE REYES Y MOÑAS


La verdad es que me importan poco (o nada) las vicisitudes y demás vainas de la monarquía en general y de la española en particular. No siento un especial aprecio por Juan Carlos de Borbón (por muy “campechano” que se empeñen en decir que es) ni por ninguno de sus hijos, nueros, nuera y nietos. Evito en todo lo posible encontrarme cerca del distrito donde pueda existir la más remota posibilidad de que aparezca algún miembro de la familia real. Odio el escándalo que montan (no ellos, sino los de alrededor) cada vez que mean, eructan o enseñan el culo. No estoy a favor de la monarquía porque yo si considero que es un lujo que España, de momento, no se puede permitir. Nunca me ha gustado físicamente el príncipe y, para más INRI, el día que se casó fue uno de los peores días que recuerdo de mi vida (y no porque se casara, se entiende).

Con todo esto, alguno por ahí podría pensar que tengo motivos más que suficientes para quemar la foto de algún Borbón sin que me encierren de por vida, sin embargo no es mi estilo. Es decir, no quiero monarquía y si quiero un referéndum, pero hay muchas formas de conseguirlo y el odio personalizado no es una de ellas.

Es decir, yo puedo no apreciar a estas personas como monarcas, es decir, lo que representan, porque la monarquía representa una institución feudal (por muy constitucional que digan que es), pero no puedo dejar de respetarlos como personas y de hecho los aprecio como personas humanas que son, al mismo nivel que aprecio, por ejemplo, a mi vecina y siguiendo la regla social básica de que cada persona es digna de respeto, sin importar su edad, sexo, religión, clase social, étnia, orientación sexual o gustos musicales. Y en ese sentido (y solo en ese sentido) empatizo con ellos y puedo llegar a contagiarme de sus penas y alegrías, incluso puedo pensar (y pienso) que los niños de Cristina y Urdangarín son de anuncio y me los comería a besos a los cuatro (¿o son cinco ya?...).

Y al tiempo que como personas los respeto, como personas los trato (o los trataría si fuera menester) y si me topara con alguno de ellos por la calle o comiera en la mesa de alguno de ellos alguna vez (dos hipotetísimos casos de encuentro), no me saldría hacer ningún tipo de reverencia o pantomima. Y en el caso de quemar algo, quemaría el documento (cualquiera que fuese) que da valor a una monarquía impuesta, o la corona, o cualquier otro objeto que representara a la monarquía como institución, pero no las imágenes de las personas que ostentan ese título.

Claro que los que queman podrían replicar: “nosotros quemamos imágenes del rey porque el rey representa la monarquía española actual, no tenemos nada en contra de él como persona”.
En ese caso tendría que callarme, pero, al tiempo, entraría en un nuevo conflicto conmigo misma :”¿puede separarse título/cargo/profesión de persona?”….

Pues dejo este conflicto para otro día porque tengo otros mucho más urgentes y personales, pero bueno, ahí queda para los que gustosamente quieran reflexionar sobre ello y comentarlo (¿os he dicho que se puede comentar?).


viernes, 16 de noviembre de 2007

EL ANILLO VIBRADOR

Me he comprado un anillo vibrador y os voy a contar cómo se utiliza y cómo mola. ¿No ha escrito Nuria Roca un libro sobre sexo? Pues ala, abierta la veda. ¿Estáis preparados?....

Bien, ahora que ya tengo vuestra atención voy a seguir con lo que realmente me interesa y me ocupa ahora, aunque no sea tan divertido como lo del anillo vibrador y Nuria Roca.

No lo digo yo que lo dice Curro, que “lo raro es vivir”, pues la vida en si misma ya es un milagro, como dice Justo, en equilibrio, añade Lucía, aquello que ocurre mientras esperas que llegue tu tren, leí una vez. Sea lo que sea aquí está y el no dejar de contemplar y vivir es lo que ofrece infinitos prismas de los que me hago eco en Cartografía.

La vida sigue, la tierra se mueve (“pero se mueve” dijo Copérnico) y es por eso que este gran juego no puede parar, aunque quiera y aunque a veces me den ganas de tirar la toalla. Como ayer en mi pequeño shopping por el nuevo barrio…

La pregunta que me hago es: ¿Qué comerán las chicas-para-todo de los conocidos autoservicios descuento (me reservo su nombre comercial que me la cargo) que las vuelve tan desagradables? Ayer estuve a punto de preguntarle a una cuánto cobraba y no porque me interese su sueldo, sino por ver si su respuesta ofrecía un poco de luz a esta duda que para mi ya casi roza lo existencial.

Hace años pensaba que era solo una leyenda urbana, un mito, y me negaba a aceptarlo como realidad inamovible, porque no me gustan las generalizaciones y me daban lástima las pobres chicas. Pero temo deciros (y decirme) que de mito nada, que es cierto e indiscutible, por lo que ahora solo queda preguntarse ¿por qué?

Lo del aspecto del lugar quizás sea una estrategia comercial, como esa de montarte tus propios muebles que vino de Suecia. Es decir, te bajan el precio, pero te suben las dificultades con lo que, al final, te gastas lo mismo o más intentando solventarlas. Quizás no en dinero (o si) pero en salud mental fijo.

Es decir, te bajan el precio y tú te buscas la vida para: encontrar un producto que no esté caducado, desembalarlo, cuidar de no quedarte pegado en el suelo del pasillo, lograr entrar en el pasillo de la leche por el hueco que queda entre el lineal y el palé que nunca nadie recoge, procurar no resbalar, golpearte o morir antes de llegar a caja y una vez allí, rezar para que la cajera tenga su mejor día.

Y yo me pregunto: ¿realmente el precio es más bajo o quieren dar esa impresión teniendo el autoservicio como si fuera un almacén abandonado? (como me comentó sabiamente el amigo Miguel)...si es así es una estrategia comercial impecable, pero ¿alguien ha hecho una comparativa de precios?...

Por otro lado: ¿a qué lucecita se le ocurrió que en estos lugares no puede pagarse con tarjeta? ¿o es que forma parte de la misma estrategia comercial?:
En nuestros autoservicios se vende tan barato que con lo que lleves en el fondo del bolso haces la compra de la semana.
Eso sí, si vas a pagar con un billete de 50 euros una compra de 15, ya puedes ir psicoanalizado porque me río yo de la disciplina militar.
¡Firmes, ar!

Ni que decir tiene que mis experiencias de las últimas semanas me han hecho plantearme cambiar de autoservicio, sin embargo, voy a seguir con mi estudio y comparativa no vaya a ser que me hayan estado dando gato por liebre y no me haya enterado… Que estos franceses no veáis si son chispas.

viernes, 9 de noviembre de 2007

JUVENTUD ¿DIVINO TESORO?...

Ya sabéis que de un tiempo a esta parte no tengo conexión a Internet por culpa de Orange, con lo cual me he visto obligada a visitar diversos espacios públicos para mantenerme en la Red. Las consecuencias de estas visitas son muchas y variadas, algunas buenas y otras no tanto, pero en cualquier caso, estoy aprendiendo mucho de la experiencia y aquí vengo a contaros algunas de mis impresiones.

No sé si alguna vez habéis pensado eso de que la mejor forma de conocernos a nosotros mismos es enfrentándonos a realidades diferentes. Yo si, lo pienso y lo creo a pies juntillas. Cuando actuamos en escenarios en los que nunca antes habíamos puesto el pie no solo descubrimos nuevas formas de relación, de vida y de cultura, sino que nos autodescubrimos. Porque, aunque una sea una y la misma siempre, no es una y la misma en todas las situaciones ni con las mismas personas. Y no por eso una deja de ser una (¿me explico?) pues no hablo de mentir, ni echar por tierra nuestros principios vitales, hablo de infinidad de prismas posibles por los que mirarnos y mirar la vida.

Es un poco como ser actor y enfrentarse a historias y personajes distintos cada cierto tiempo, eso si, sin cobrar y sabiendo que lo que te está ocurriendo no es fruto de la mente calenturienta de ningún guionista, sino de la tuya.
En este sentido, seguramente alguna vez os habéis enfrentado a situaciones y/o personas en la que vuestro comportamiento y/o pensamiento os ha sorprendido.

Os pongo mi ejemplo:
Madrugada en el tren después de una laaarga noche de fiesta. Lo que más deseo es mi cama y no puedo evitar dormitar un poco mientras el tren llega a su destino. Unos golpes secos y fuertes me desvían de mi pequeño sueño. A duras penas abro los ojos y lo primero que veo es una chica sentada frente a mí que mira ojiplática hacia donde proceden los golpes y se tapa la boca con las manos como si quisiera esconder un grito (como en las pelis de terror).

Un poco entre el sueño y la vigilia me giro y el panorama es el que sigue: un chico de unos 13 o 14 años, encolerizado, lanza patadas sin control a otro chico de la misma edad que se retuerce en el suelo. Un tercero mira la escena sin intervenir, al igual que el resto de personas que están en el vagón.

Sin pensarlo dos veces me levanto y agarro por el brazo al mamporrero mientras le increpo sobre su actitud (“¡pero déjalo, no ves que lo vas a matar!”). Él me insulta (“quita puta”) y una de sus patadas (con bota) va directa a mi pierna (afortunadamente con bota también). Entonces le agarro el otro brazo y me pongo entre él y el chico del suelo. Las patadas cesan. “Suelta puta”, vuelve a decir. “¿Vas a seguir pegándole?”, le pregunto. “No”. Solo entonces le suelto y me dirijo al que está en el suelo. “¿Estás bien?”. “Si”. “Anda vete”. El chico corre vagón arriba y espera en una de las puertas a que el tren pare en la siguiente estación sin dejar de mirar a su adversario.

El mamporrero es un chico rubio, bien parecido y bien vestido. Aproximadamente de mi estatura (1,80), pero de complexión fuerte. El que miraba sin intervenir me saca una cabeza. Aún así les ordeno que se sienten “ahí” y ellos obedecen. El mamporrero dice algo, pero no logro entenderle pues no habla mi idioma.
Me quedo de pie hasta que el chico que recibía las patadas baja del tren en la siguiente estación, después me siento frente a los otros dos sin dejar de mirarlos. Seguía teniendo mucho sueño y es por eso que no recuerdo lo que ocurrió después. Imagino que bajé en mi estación, llegué a casa, me acosté y dormí como una angelita.
Fue al día siguiente cuando pensé en lo que había ocurrido y no solo me sorprendí por mi actuación, sino que temí por mi integridad física.

Aquellos dos adolescentes podían haberme hecho papilla literalmente, incluso con la fuerza de solo uno de ellos yo tenía las de perder, sin embargo, no lo hicieron. En lugar de esperarme a la salida de la estación y seguirme hasta un lugar solitario para darme mi merecido por meterme en sus asuntos, cedieron ante mis palabras.

Por mi parte, yo podría haberme cambiado de vagón, podría haber llamado a la policía desde mi móvil, o podría haber seguido durmiendo, sin embargo, tampoco lo hice. Hice algo que no va conmigo, que no suelo hacer y que además no me gusta hacer, como es meterme en una trifulca ajena. Mis razones, ahora, son infinitas para explicar mi actitud, pero entonces solo fue un impulso que pudo tener consecuencias nefastas para mi.

Esto sucedió hace más de un año (conservé la “huella” en mi pierna durante meses) y ayer me encontré en una situación similar, aunque no actué de la misma forma, en uno de esos ciber que ahora visito.
Tres o cuatro chavales jugaban a matarse virtualmente unos a otros desde distintos PC del local. Todo hubiera sido correcto (y no existiría esta parte del post) si los niños hubieran tenido a bien comportarse civilizadamente, pero el cruce de gritos, insultos, faltas de respeto y movimientos de silla se hizo tan insoportable que tuve que salir de allí a fin de no sufrir una enajenación mental transitoria y terminar mis días en Cienpozuelos (con la cabeza de alguno de ellos bajo el brazo).

Viendo el comportamiento de estos chicos, no me cuesta entender la violencia adolescente que está tan de moda (de la que fui testigo en el tren y de la que todos somos testigos en los medios) y, al tiempo, no entiendo cómo es posible que un niño pueda convertirse en un ser tan ruin sin que sus tutores hagan nada por evitarlo. ¿O es que no se enteran de lo que tienen en casa?
Vale, no soy madre, ni siquiera soy tía, a si que quizás no debería arriesgarme a seguir por este camino, porque claro, no entiendo de críos ni sé el sacrificio que supone criarlos y educarlos y tal y tal. Pero me arriesgo y sigo, entre otras cosas porque sufro a los hijos de los demás y estoy un poco hasta las narices.

Si no se quiere ni siquiera intentar una buena educación lo mejor es no traer hijos a este mundo. Si no se tiene tiempo ni ganas, lo mejor es no traer hijos a este mundo. Si no se sabe ni se quiere aprender, lo mejor es no traer hijos a este mundo. Si vamos a lanzarlos contra la sociedad como quien lanza un misil sin control, lo mejor es no traer hijos a este mundo. Si no somos capaces de desarrollar un espacio y un tiempo para ellos, lo mejor es no traer hijos a este mundo.

En definitiva: No seamos egoístas y démosle a la sociedad la oportunidad de regenerarse en lugar de envenenarla con individuos capaces de patearse la cabeza hasta reventar porque su equipo no ha ganado la liga regional. Sobran las razones para ello y seguro que cada uno de vosotros encontráis la vuestra. La mía: que estoy harta de la mala educación.

domingo, 4 de noviembre de 2007

EMBORRÁCHAME OTRA VEZ

Os cuelgo el poema de un amigo, ahora también bloger. He sentido la tentación de corregirlo de cabo a rabo (sobre todo ahora que estoy metida de lleno en el mundillo de la corrección escrita), pero he preferido dejarlo tal y como lo he recibido. Tal y como Clown lo dibujó. Lo contrario se me antoja una insensated.

Bienvenido a mi humilide sitio amigo Clown, ya sabes que te deseo grandes sonrisas siempre.


TU k ya sabes,,,,,,,,,,,,,
lo k YO no se beber,,,,
ni mentiras de un amigo,
ni del amor la altivez,,,,,,,
emborrachame otra vez,,,,,,
kiero las lunas contigo,,,,,,
k es tortura de mujer,,,,,,,,,
o es miseria compartida,,,,,,,
y vuelvo a tocar la herida,,,
es k no vuelvo a beber,,,,
k es un circulo cerrado,,
ya andan todos criticando,,,
yo es k no tengo dinero,,,
y pork no te he pagado??,,
y los mas somos los menos,,,
k cierro bares a mi antojo,,,
y ya nunka dije TE KIERO,,,
k o vengo de borrachera,,,,
o no se me quita el pedo,,
te mereces mas cariño,,,,
k esa amistad consentida,,
k es basura del deseo,,,
y esas flores k no llegan,,,
con la sonrisa de un niño,,
son capullos de desprecio,,,
TU deja k hablen de mi,,,
k ya estoy acostumbrado,,
y a TI k no te mencionen,,
k no se merecen TU lado,,,
sigue llenando mi copa,,
k me siente destrozado,,,
sigue jugando a ser fuerte,,
k ya estoy acojonado,,,
los personajes de comic,,
son soldaditos de plomo,,
k no luchan ni pintados,,,
emborrachame otra vez,,
y luego pideme cuentos,,
k los escribo mamado,,,
y no se lo k me digo,,
cuando TE digo k amo,,,,,,,,,,,,,,,,,,
};0)' X clownefastitud

miércoles, 31 de octubre de 2007

CANELA EN RAMA

Cuando el cambio climático solo era ciencia ficción y las chicas de Martinson aún temían a los dragones, cuando aún en el mes de noviembre hacía frío, un frío que calaba los huesos y que anunciaba un invierno terrible y casi interminable, nació esta historia.

Yo la conozco porque la leí en el árbol del sueño, el más viejo del bosque, ese que decían que era su alma. Alguien dejó una inscripción hace mucho, mucho tiempo y de ella se alimentó la leyenda.

Durante el año no recuerdo el bosque ni el árbol ni la inscripción, ni la historia, pero cuando llega Halloween despierta el dragón y me hace recordarlo todo. Sin embargo, no puedo contarla a nadie. Si intento escribirla mis manos tropiezan con las letras y el resultado es un galimatías sin sentido y si quiero contarla mi voz se apaga y no consigue emitir sonido alguno.

Por esa razón no puedo contaros la historia del árbol más viejo y el dragón más bueno de la zona oscura del bosque, ni el increíble encuentro que tuvieron con la pequeña bruja y el pez de colores en las dunas de arroz con leche.

Sin embargo, puedo llevaros a mi escondite, La Canela y describiros cómo es su ambiente en la tarde previa a Halloween. No es lo mismo que la bella historia del dragón, pero tampoco está mal.

La música de Diana Kroll, o alguien con su mismo color de voz, se desliza en el aire y se funde con el olor del café recién hecho.
A mi lado tres jóvenes hermosos planean una gran fiesta de Halloween en la que habrá divertidos disfraces y muchas risas. Uno de ellos pide un té con una “manchita de leche y sacarina, por favor”. Sus perfectas mechas delatan una incontrolable pasión por las peluquerías. El otro confiesa a su amigos su pequeño drama: “no tengo que ponerme”. El tercero huele a fresas.

Mientras discuten, inventan y ríen, yo organizo mis papeles sobre la mesa dejando espacio para el café. Cuando llega, humeante y cremoso, le dedico casi toda mi atención.

Cada martes y jueves me refugio en este lugar con nombre de flor aromática y comestible que descubrí por casualidad cuando buscaba destino. El azar debió escuchar mis plegarias y dirigió hasta aquí mis pasos y aquí ando yo, agradeciéndoselo aún. Hoy con este post, mañana…quién sabe.

Quizás para otros es un lugar como cualquier otro, un café-bar de los muchos que pueblan la gran ciudad, pero para mi es un pequeño ecosistema de felicidad y tranquilidad absolutas. Aquí puedo, al menos durante una hora, leer, escuchar buena música, estudiar y escribir sin obstáculos. Aquí me escabullo de la vida y al tiempo la sigo de cerca.

Al final, cuando termino mi café y mi momento y busco las monedas para pagar, se me hace raro cruzar el umbral hacia la calle y la nostalgia me asola un poco. Pero entonces pienso: por muy oscuro que esté el cielo, si logras regalarte un lugar y un momento como éste al menos durante una hora al día, la vida merece la pena.

miércoles, 24 de octubre de 2007

CORAZON DE MUDANZA

Cuando uno hace una mudanza, no solo traslada sus enseres personales y su cuerpo de un lugar a otro, sino que además sufre una especie de metamorfosis. No en vano una de las acepciones de la palabra “mudanza” es, precisamente, mutación.

El cambio psicológico y emocional se da de igual forma que el físico, aunque en ocasiones no es posible su sincronización y aquél llega una vez estamos plenamente instalados en el nuevo lugar. Quizás demasiado tarde para pensar si nuestra elección fue la correcta.

En mi caso ha sido al revés, pues mi mudanza emocional empezó hace muchos meses (aunque ciertamente en ese aspecto mudo a cada rato, pero eso es otra historia) y la de enseres recién empieza. Sin embargo, me quedan otros muchos cambios que experimentar y doy por hecho que una vez esté instalada en mi nuevo hogar (temporal, como todo en la vida), llegará la asimilación de todo lo que ahora estoy desempolvando.

Pero dejemos las reflexiones metafísicas para otro momento y centrémonos en la mudanza de enseres y en mi nuevo hogar para quitarle un poco de “hierro”a este post.

En primer lugar, de nuevo no tiene nada porque es más viejo que yo y que mi compañera de piso juntas, a si que de aquí en adelante lo llamaré “mi nuevo-viejo hogar”.
Pero no vayáis a pensar que el hecho de que sea viejo es un inconveniente, no, al contrario, tiene muchas ventajas que no esté para “entrar a vivir” porque a sí una se pasa los fines de semana intentando convertirlo en una morada habitable y no necesita pagar un gimnasio para estar en forma. Y como ya las señoritas lo van necesitando (lo de ponerse en forma, digo), pues ahí están, haciendo de pintoras, albañilas, electricistas y limpiadoras casi profesionales para gloria del nuevo-viejo piso.

Además de ponerte en forma, el convertirse los fines de semana en Pepe Gotera y Otilio tiene otras ventajas, y os lo digo sobre todo a vosotras, niñas, para que en el futuro no os dejéis engañar.

En primer lugar ya nadie podrá deciros “tú no pintas nada” porque podréis contestarle con un redoble de campanas: “como que no, pinto y mucho, media casa por lo menos. Hombre ya”.

En segundo lugar, se acabó creerse esas tonterías de que poner un enchufe, una lámpara, un espejo del baño (¡con su luz, ojo!) o montar un mueble es dificil y además cosa de hombres. Ahora ya puedo apoyar con mi propia práctica la (mi) teoría de que tod@s podemos hacer las mismas cosas. A base de sudor, lágrimas, rozaduras, cortes y cagarme en todos los apóstoles he comprobado que mis manos y mi cerebro están preparados para muchos de los trabajos manuales que durante siglos se ha considerado “masculinos”. *

A golpe de chorro de Vaporetta descubrimos que el baño era azul y blanco y que la cocina no era marrón, a si que otra de las ventajas es que vives instalada en la sorpresa, pues cada fin de semana piensas “a ver, qué me encontraré hoy en los rincones. Qué se estropeará esta vez, qué no funcionará, o de qué color será el papel pintado del fondo del armario”. Y oye, eso hace ilusión y le da vidilla al engorro de la mudanza.

Otra cosa buena y muy práctica es que no hemos tenido que rompernos la cabeza pensando qué tipo de fiesta inaugural vamos a hacer, porque nada más ver el piso lo tuvimos claro: “un guateque retro a lo Verano azul”. ¡Como no aprovechar ese alicatado setentero por favor!. Incluso estoy pensando en realquilarle la casa a Almodóvar o al equipo de “Cuéntame” a cambio de unos meses de alquiler.

Por otro lado y teniendo en cuenta las dimensiones del lugar, la fiesta se quedará en "ven cuando puedas y te tomas una cerveza, pero avisa antes para no coincidir con cuatro más porque todos no cabemos" y eso es muy bueno por varias razones, a saber:

-ahorras

-evitas disgustos y movidas vecinales

Por que esa es otra: los vecinos, o mejor: los vecino y sus gustos musicales, aunque creo que para eso necesitaría un par de capítulos de mi próximo libro porque este post se quedaría cortísimo. ¿Alguien se acuerda de esa horrible canción sexista que decía "buscaté un hombre que te quiera y que te tenga llenita la nevera"? Pues imaginaros escuchar varias vueltas del CD completo a todo volúmen.

Un horror y esto, además, no tiene ventaja que valga. Todo lo más que tengas que llamar a la poli y se persone una pareja de Municipales guapos, solteros, altos, heterosexuales, con sendos juegos de esposas y el resto de la noche libre. Ya, ya sé que de esos no quedan, pero era por no angustiarme más con la idea de tener que escuchar al "El Arrebato" cada fin de semana sin remisión :(

¡Pero quién la ha visto y quien la ve, si hasta al casero le cuesta reconocer su propia casa!. Claro, él también pensaba que la cocina era marrón, el baño de un color indefinido y los muebles estaban pegados a las paredes como murales. Y es que nunca te acostarás sin saber una cosa nueva más.

En definitiva, que el otro día me llamó Richard Benjamin, el director de Esta casa es una ruina, para pedirme que le ayude con el guión de la segunda parte y yo, por supuesto, le he dicho que solo lo haré si Cary Grant o Tom Hanks son los protagonistas. ¡No faltaba más!

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*El tema de las diferencias entre hombre y mujer lo dejo para un post posterior, porque tiene mucha miga y aunque la ciencia haya sentado ciertas bases, no es un tema superado.