Cuando uno hace una mudanza, no solo traslada sus enseres personales y su cuerpo de un lugar a otro, sino que además sufre una especie de metamorfosis. No en vano una de las acepciones de la palabra “mudanza” es, precisamente, mutación.El cambio psicológico y emocional se da de igual forma que el físico, aunque en ocasiones no es posible su sincronización y aquél llega una vez estamos plenamente instalados en el nuevo lugar. Quizás demasiado tarde para pensar si nuestra elección fue la correcta.
En mi caso ha sido al revés, pues mi mudanza emocional empezó hace muchos meses (aunque ciertamente en ese aspecto mudo a cada rato, pero eso es otra historia) y la de enseres recién empieza. Sin embargo, me quedan otros muchos cambios que experimentar y doy por hecho que una vez esté instalada en mi nuevo hogar (temporal, como todo en la vida), llegará la asimilación de todo lo que ahora estoy desempolvando.
Pero dejemos las reflexiones metafísicas para otro momento y centrémonos en la mudanza de enseres y en mi nuevo hogar para quitarle un poco de “hierro”a este post.
En primer lugar, de nuevo no tiene nada porque es más viejo que yo y que mi compañera de piso juntas, a si que de aquí en adelante lo llamaré “mi nuevo-viejo hogar”.
Pero no vayáis a pensar que el hecho de que sea viejo es un inconveniente, no, al contrario, tiene muchas ventajas que no esté para “entrar a vivir” porque a sí una se pasa los fines de semana intentando convertirlo en una morada habitable y no necesita pagar un gimnasio para estar en forma. Y como ya las señoritas lo van necesitando (lo de ponerse en forma, digo), pues ahí están, haciendo de pintoras, albañilas, electricistas y limpiadoras casi profesionales para gloria del nuevo-viejo piso.
Además de ponerte en forma, el convertirse los fines de semana en Pepe Gotera y Otilio tiene otras ventajas, y os lo digo sobre todo a vosotras, niñas, para que en el futuro no os dejéis engañar.
En primer lugar ya nadie podrá deciros “tú no pintas nada” porque podréis contestarle con un redoble de campanas: “como que no, pinto y mucho, media casa por lo menos. Hombre ya”.
En segundo lugar, se acabó creerse esas tonterías de que poner un enchufe, una lámpara, un espejo del baño (¡con su luz, ojo!) o montar un mueble es dificil y además cosa de hombres. Ahora ya puedo apoyar con mi propia práctica la (mi) teoría de que tod@s podemos hacer las mismas cosas. A base de sudor, lágrimas, rozaduras, cortes y cagarme en todos los apóstoles he comprobado que mis manos y mi cerebro están preparados para muchos de los trabajos manuales que durante siglos se ha considerado “masculinos”. *
A golpe de chorro de Vaporetta descubrimos que el baño era azul y blanco y que la cocina no era marrón, a si que otra de las ventajas es que vives instalada en la sorpresa, pues cada fin de semana piensas “a ver, qué me encontraré hoy en los rincones. Qué se estropeará esta vez, qué no funcionará, o de qué color será el papel pintado del fondo del armario”. Y oye, eso hace ilusión y le da vidilla al engorro de la mudanza.
Otra cosa buena y muy práctica es que no hemos tenido que rompernos la cabeza pensando qué tipo de fiesta inaugural vamos a hacer, porque nada más ver el piso lo tuvimos claro: “un guateque retro a lo Verano azul”. ¡Como no aprovechar ese alicatado setentero por favor!. Incluso estoy pensando en realquilarle la casa a Almodóvar o al equipo de “Cuéntame” a cambio de unos meses de alquiler.
¡Pero quién la ha visto y quien la ve, si hasta al casero le cuesta reconocer su propia casa!. Claro, él también pensaba que la cocina era marrón, el baño de un color indefinido y los muebles estaban pegados a las paredes como murales. Y es que nunca te acostarás sin saber una cosa nueva más.

3 comentarios:
No puedo dejar, de pensar la ardua tarea que hemos tenido, con la mudanza, la nueva casa, las ciento cincuenta mil cajas por todos los sitios, en fin que esta historia, no tiene nada que ver, con la pelis americanas, donde los niños y niñas, pintan las paredes de su apartment o lodging, y retan a sus amigos a la fiesta más chip.
Permitirme que me presente, soy la compi de piso de Sue, sí, sí esa que ha compartido con ella horas y horas de pintura, de diseñar como poner un espejo de baño, de reactivar una instalación de luz, incluso de jugar al bricolaje porque sino, una no tenia mueble para colgar la ropa., y no había más manos que las suyas y las mías. En fin, que de esta experiencia monto una empresa dedicada al arte de la restauración en el más amplio sentido, que como slogan ponga “PROBLEMAS CON SU CASA, LLAMENOS”
En cuanto al casero, de mi humilde morada, es un tiparraco, que no suelta ni un duro, la casa estaba sucia, abandonada, los cuatro muebles que había, estaban rotos, con mugre, se presentaban como estampados en la pared. Cuando fuimos a visitar la casa, parecencia muebles humildes, pero al fin y al cabo muebles, tras ver la casa a las 9 de la mañana con plena luz, los muebles parecían cucarachas insatisfechas, y hambrientas de más polillas y parásitos. Del mismo modo, os podría describir el baño, la cocina, pero en fin, me remito a los comentarios de Sue.
Tras meses, de haber renunciado a mi vida social, y cada fin de semana que me deja el trabajo, dedicarlo al 100% a mi casita y a mi necesidad de dependencia, la humilde morada se ha convertido, en una casita reluciente, con paredes blancas, y con un tono juguetón que invita a los transeúntes a deleitarse.
La casa, encierra risas de Sue y mías, pequeños cotilleos, y sobre todo y lo más importante “nuestras ilusiones “. Me encanta ver a mi compi, en pijama por la casa , como organiza la cocina , los vasos en línea recta, el cesto del pan en paralelo con el trapo de la cocina , vamos “ geometría de utensilios” . Disfruto de mi independencia, y de un nuevo camino junto con Sue, una amiga increíble, que merece ser feliz por lo “excepcional “que es aún cuando no se ha dado cuenta de ello todavía (“guardarme el secreto que sino se pone insoportable….je, je, je “)
Ah, ah, ah se me olvidaba, por fi Sue, quita el florero de nueces de encima de la mesa del salón, es feo, feo, feo ....ja, ja, ja ( cosas de la convivencia muchach@s...ja, ja, ja )
¡Me has hecho llorar tiparraca!... por lo de las nueces, claro. Jo, con lo ricas que están y además son buenas para el cerebro. Niñas y niños hay que comer nueces.
Gracias Bego, pero sobraban los cumplidos, te pagaré lo que te debo :)
Totalmente de acuerdo en el tema del casero, no lo quise incluir por no gastar tiempo en hablar de semejante elemento, pero ya que has abierto la veda, me atrevo a decirlo: es un pedazo de mamón.
Lo dicho, gracias por los cumplidos, pero lo de verme en pijama por la casa sobraba porque yo no ando en pijama por la casa, ¿o no te acuerdas de mi modelito de seda comprado en la Quinta Avenida?...hombreee. Hazme buena publicidad que una tiene que comer :)
Besos.
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