Me dijiste que lo mejor para los dos era tomarnos un descanso y creo que atisbé la palabra “emocional” en alguna parte de tu relato, aunque no puedo recordar exactamente dónde ni porqué la dijiste.Es curioso comprobar como, pasado el tiempo, recuerdo cada vez menos tus palabras. Normalmente me ocurre al contrario, según pasan los días, las semanas e, incluso, los años, recuerdo con más nitidez los detalles del pasado. De algunos, de hecho, me olvido pasadas unas horas y sin embargo al cabo de unos meses vuelven a mí tan claros como el agua. Bueno, quizás las cosas no son como fueron sino como las recordamos, o quizás solo recordamos lo que queremos recordar, pero en cualquier caso de la palabra “descanso” si me acuerdo.
No sé porqué lo dijiste e incluso creo que acerté a preguntar qué significaba eso, pero no llegaste a contestarme nunca, imagino que el camarero irrumpiría para quitar o poner un plato, servir vino o barrer las migas. Es la jodienda de los restaurantes caros, que no te dejan en paz.
Aquella noche yo sabía que era la última vez que te vería en la vida, al menos voluntariamente (de momento no controlo el azar), y estoy convencida de que tú también lo sabías. No fuimos dispuestos a darnos una tregua, ni a tomarnos ningún descanso, fuimos a cumplir un puro trámite de buena educación y a despedirnos como dos personas civilizadas y estudiadas. A despedirnos para siempre. Sin embargo, tú soltaste lo del “descanso” con la ligereza con que pediste el primer plato, sin pararte a pensar que estabas engañándote y engañándome. Sin entender que, quizás yo, no te estaba pidiendo nada. Y menos que nada un descanso.
A veces los hombres creéis que las mujeres os pedimos cosas, no sé, compromiso o protección y veis siempre los mismos fantasmas en todos los castillos. Es decir, que si una mujer os dice “no puedo continuar así” pensáis que si podríamos continuar de otra manera y que os estamos pidiendo un cambio de “caja”. Pero a veces no son así las cosas. A veces una mujer no puede continuar así ni de ninguna manera, no puede continuar y punto. Se cierra la caja.
Tú te hiciste tu propio guión de la trama y me encasquetaste el papel de “la que quiere más”, pero no recuerdo haberte dicho “quiero más”, solo recuerdo haberte dicho “no puedo continuar así”. Después, mientras andabas con la charleta, pensé que quizás te sentías bien en el papel de amante libertino que no quiere un corte en sus alas y es por eso que repetiste varias veces que tú si podías continuar así (y entre líneas “no de otra manera”). Y mientras tú lo repetías yo me apostaba todo mi reino a que mentías, pues en realidad se te veía bien aliviado de que la película terminara y más aún de haberme dejado llevar la iniciativa en eso.
Claro, las chicas mandan, tú no podías quedar mal, eres todo un caballero.
Lo eras y lo serás siempre porque ese es tu papel, pero quizás te equivocas con las mujeres y quizás te equivocaste conmigo. En realidad lo que yo quería era una mar de aguas transparentes en el que pudiera asomarme y ver el fondo y lo que tenía era un mar revuelto y sin fin. Y ya se sabe que cuando no ves el fondo del mar es más fácil ahogarse o ser devorada por un monstruo marino de los que abundan en los mares piratas. Menos mal que yo también soy un poco pirata y conozco el negocio, porque si llego a ser sirena no lo cuento.
Irónicamente, desde que nos tomamos el “descanso” yo no he parado de hacer cosas y mi corazón ha seguido latiendo. Bueno, esto lo notifico por escrito para que no pienses que he andado por ahí con el corazón roto...Naah, seguro que eso ni se te ha pasado por la cabeza.
Lo bueno es que ha pasado el suficiente tiempo para declarar “oficialmente” que el descanso es eterno, algo que ya sabíamos los dos pero que en su momento se quedó en el aire, como otras muchas cosas. Y lo rebueno es que ya veo el fondo del mar, pues como te comenté en una ocasión, el fin define el principio de una historia y quizás (añado ahora) le da un sentido que no tenía. Incluso convierte en historia algo que no lo era.
Me encantaría dedicarle ahora unos párrafos a la otra palabra que repetiste varias veces: “emocional”, pero temo que no tengo suficientes datos para dedicarle el análisis que requiere. Es una pena, porque esa palabra también me gusta, aunque en nuestro caso se quedara solo en una palabra pronunciada en nuestra última cena.

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