Leitmotiv

Escribo porque no tengo nada que hacer en el mundo: estoy de sobra y no hay lugar para mí en la tierra de los hombres.

Escribo por mi desesperación y mi cansancio, ya no soporto la rutina de ser yo, y si no existiese la novedad continua que es escribir, me moriría simbólicamente todos los días.

Pero estoy preparada para salir con discreción por la puerta trasera. He experimentado casi todo, aún la pasión y su desesperanza. Ahora sólo querría tener lo que hubiera sido y no fui.

-C. Lispector, La hora de la Estrella-

miércoles, 21 de noviembre de 2007

SOBRE REYES Y MOÑAS


La verdad es que me importan poco (o nada) las vicisitudes y demás vainas de la monarquía en general y de la española en particular. No siento un especial aprecio por Juan Carlos de Borbón (por muy “campechano” que se empeñen en decir que es) ni por ninguno de sus hijos, nueros, nuera y nietos. Evito en todo lo posible encontrarme cerca del distrito donde pueda existir la más remota posibilidad de que aparezca algún miembro de la familia real. Odio el escándalo que montan (no ellos, sino los de alrededor) cada vez que mean, eructan o enseñan el culo. No estoy a favor de la monarquía porque yo si considero que es un lujo que España, de momento, no se puede permitir. Nunca me ha gustado físicamente el príncipe y, para más INRI, el día que se casó fue uno de los peores días que recuerdo de mi vida (y no porque se casara, se entiende).

Con todo esto, alguno por ahí podría pensar que tengo motivos más que suficientes para quemar la foto de algún Borbón sin que me encierren de por vida, sin embargo no es mi estilo. Es decir, no quiero monarquía y si quiero un referéndum, pero hay muchas formas de conseguirlo y el odio personalizado no es una de ellas.

Es decir, yo puedo no apreciar a estas personas como monarcas, es decir, lo que representan, porque la monarquía representa una institución feudal (por muy constitucional que digan que es), pero no puedo dejar de respetarlos como personas y de hecho los aprecio como personas humanas que son, al mismo nivel que aprecio, por ejemplo, a mi vecina y siguiendo la regla social básica de que cada persona es digna de respeto, sin importar su edad, sexo, religión, clase social, étnia, orientación sexual o gustos musicales. Y en ese sentido (y solo en ese sentido) empatizo con ellos y puedo llegar a contagiarme de sus penas y alegrías, incluso puedo pensar (y pienso) que los niños de Cristina y Urdangarín son de anuncio y me los comería a besos a los cuatro (¿o son cinco ya?...).

Y al tiempo que como personas los respeto, como personas los trato (o los trataría si fuera menester) y si me topara con alguno de ellos por la calle o comiera en la mesa de alguno de ellos alguna vez (dos hipotetísimos casos de encuentro), no me saldría hacer ningún tipo de reverencia o pantomima. Y en el caso de quemar algo, quemaría el documento (cualquiera que fuese) que da valor a una monarquía impuesta, o la corona, o cualquier otro objeto que representara a la monarquía como institución, pero no las imágenes de las personas que ostentan ese título.

Claro que los que queman podrían replicar: “nosotros quemamos imágenes del rey porque el rey representa la monarquía española actual, no tenemos nada en contra de él como persona”.
En ese caso tendría que callarme, pero, al tiempo, entraría en un nuevo conflicto conmigo misma :”¿puede separarse título/cargo/profesión de persona?”….

Pues dejo este conflicto para otro día porque tengo otros mucho más urgentes y personales, pero bueno, ahí queda para los que gustosamente quieran reflexionar sobre ello y comentarlo (¿os he dicho que se puede comentar?).


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