Leitmotiv

Escribo porque no tengo nada que hacer en el mundo: estoy de sobra y no hay lugar para mí en la tierra de los hombres.

Escribo por mi desesperación y mi cansancio, ya no soporto la rutina de ser yo, y si no existiese la novedad continua que es escribir, me moriría simbólicamente todos los días.

Pero estoy preparada para salir con discreción por la puerta trasera. He experimentado casi todo, aún la pasión y su desesperanza. Ahora sólo querría tener lo que hubiera sido y no fui.

-C. Lispector, La hora de la Estrella-

lunes, 25 de septiembre de 2017

ATARAXIA


Mañana he quedado con mi amiga María. Hace un año que no nos vemos y cuando me vea dirá “estás más flaca”, como siempre. Ella habrá engordado, como siempre también, pero yo no haré ninguna observación al respecto.

Se casó joven, o bueno, a mi me lo pareció en ese momento, porque entonces todos los momentos me parecían inoportunos para contraer un compromiso tan férreo con alguien. Veintiséis o así. Su madre murió tres días después de su boda de un fulminante cáncer de todo. Ella, su madre, quería verla vestida de novia y por eso mi amiga se casó de blanco y es posible que también por eso agilizara la ceremonia. Se hubiera casado igualmente si su madre hubiera estado sana, pero me juego el brazo derecho a que lo hubiera hecho de negro, como buena heavy que aún es.

A su marido lo conoció una de las noches que salimos de bares, unos años atrás. Un chico muy guapo y muy tímido con el que compartía gustos musicales y maneras de vivir. Formaban una pareja de esas de las que se dice que nadie da un duro, pero en la que yo vi brillar lo más parecido al amor eterno. Encajaban como las piezas de un rompecabezas. Y, aún hoy, siguen encajando. Tuvieron dos hijos. El chico era el bebé más guapo que yo había visto nunca. Sigue siéndolo hoy, a sus trece años. La chica es más lista que el hambre y cinturón marrón de judo. Es idéntica a su abuela materna.

Mi amiga y yo hemos llevado vidas muy diferentes y a penas tenemos ya nada en común, pero nos siguen uniendo los recuerdos y el cariño que aún nos tenemos. Nos vemos muy poco y sin embargo... A veces, me he permitido envidiarla, porque es de las pocas mujeres casadas a la que siempre he visto satisfecha con su vida, con su marido y sus hijos, pero sin perder su autonomía. Con sus problemas, como todo el mundo, pero serenamente satisfecha y feliz. 


Que levante la mano quien no quiera eso.

5 comentarios:

Genín dijo...

Con mis problemas, pero yo me siento feliz, aunque en estos momentos tenga una desagradable cagalera... :)
Salud

Sue dijo...

Siempre tan prosaico, Genín.

NáN dijo...

Lo de tu amiga es posible. Mucho más de lo que se piensa.

Sue dijo...

NáN, pues igual tienes razón, también lo he visto en mis padres.

:) buenos días!

Voz en off dijo...

Qué guay, que aún siendo tan diferente puedas seguir contando con ella!