Leitmotiv
Escribo porque no tengo nada que hacer en el mundo: estoy de sobra y no hay lugar para mí en la tierra de los hombres.
Escribo por mi desesperación y mi cansancio, ya no soporto la rutina de ser yo, y si no existiese la novedad continua que es escribir, me moriría simbólicamente todos los días.
Pero estoy preparada para salir con discreción por la puerta trasera. He experimentado casi todo, aún la pasión y su desesperanza. Ahora sólo querría tener lo que hubiera sido y no fui.
-C. Lispector, La hora de la Estrella-
miércoles, 6 de septiembre de 2017
EL PÚBLICO
Me vais a tachar de snob, pero es que cada vez que voy al teatro tengo que soportar cada cosa que... Recuerdo que, en el pasado, solía invitar a cualquiera a ver una obra, por eso de no ir sola y tal, sin embargo, con el tiempo, he ido descartando acompañantes. Y, si pudiera, descartaría a muchos de los que ocupan las butacas próximas a la mía, solo sea por limpieza mental.
Recuerdo una amiga que solía hablar durante toda la obra y que ni siquiera tenía la deferencia de hacerlo en voz baja. Mi vergüenza ajena solo era superada por mis ganas de estrangularla allí mismo, bajo el gallinero, delante de un público que, sin duda, vitorearía mi hazaña. Recuerdo otra amiga que se ponía a mirar el móvil en plena función, iluminando media fila de butacas y dejando al descubierto mi cara de espanto. Yo, me disculpaba con gestos tímidos ante las butacas de al lado mientras propinaba codazos a mi amiga que, sorprendida, me miraba sonriendo como quien está manteniendo una conversación muy divertida por Wasap y no piensa dejarla. Recuerdo un tipo que me aseguró que le encantaba el teatro y se pasó la obra con los ojos cerrados y la cabeza ligeramente caída hacia mi hombro izquierdo. Roncando. Después supe que lo único que quería era echar un polvo y que el teatro le importaba menos que nada. Y luego están mis padres, a los que quiero cantidad, pero ir con ellos al teatro es como estar en la sala de espera del dentista: me come la incertidumbre ante lo que se que va a ocurrir. Si se trata de una obra "moderna de esas" donde en lugar del escenario hay una cocina, aparece gente desnuda o la escenografía consiste en gruesos cabos colgando de los focos, no terminará la función sin que escuche media docena de suspiros y algún que otro "pero esto cuándo termina". Si, por el contrario, se trata de un clásico, las miradas de soslayo buscando conversación y un cómplice para el aburrimiento, se sucederán sin vergüenza alguna.
Pero, como digo, a mis padres les quiero, pero ¿y los demás? me refiero a los que no son tus acompañantes directos pero están allí como si lo fueran. Porque estamos todos muy juntitos y, ciertamente, es una lotería. Tú llegas, le enseñas tu entrada al acomodador, éste te dice dónde está tu butaca (a lo peor, te acompaña), y se despide ofreciéndote un programa de mano. Pero no te avisa sobre la clase de energúmeno o energúmena que está sentado en la butaca de al lado. Igual no te avisa porque no lo sabe, también es cierto, pero es que tendrían que saberlo. Sería muy bueno que esta información la tuvieran, de ante mano, los acomodadores. Qué digo los acomodadores, estaría muy a la vanguardia tener este tipo de información cuando adquieres la entrada por internet, y, si se trata de una invitación, (por eso de "a caballo regalado"), no sé, al menos contar con un pequeño aviso: "Cuidado con este que estornuda como un rinoceronte", "Cuidado con esta que se pasa media función buscando cosas en su bolso tamaño escombrera". En fin, unas notas al pie para estar protegidos ante la barbarie y no andar con el alma en un puño cada vez que se sienta una en la butaca. Porque sí, porque a mi, el teatro, hasta hace bien poco me relajaba más que escuchar a David Trueba (que ya es decir), pero últimamente se me está haciendo bola... porque, a ver, ¿por qué se ríe la gente antes de tiempo cuando va a ver una comedia? Y cuando digo antes de tiempo, me refiero a que ni siquiera ha salido el personaje y ya se están descojonando. No sé, yo si fuera actriz me mosquearía un montón y terminaría no saliendo a escena o cagándome en los muertos de los que no apagan el móvil, por ejemplo, o de los que no se llevan caramelos si saben que van a toser, o de los que se ríen hasta de la sombra del telón.
Pero no soy actriz, solo soy el público y ¿quién me entiende? hasta Lorca escribió sobre mi y, aún hoy, dicen que estamos ante una obra magestuosa e irrepresentable. Y con la que algún ignorante todavía se ríe.
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4 comentarios:
Tal cual, lo has descrito magistralmente, es así, hace mucho que no acudo a un teatro, me quedan muy a desmano, pero ya antes era así como describes. Seguro que los actores si que piensan para sus adentros lo que dices que tu harías de ser actriz, de momento, confórmate con escribir tan bien, canalla :)
Gracias por este ratito de placer, guapa.
Besos y salud
jajajajaja muy bien descrito,yo no voy mucho al teatro porque me exige concentración, creo que eso es lo correcto, no es un entretenimiento cualquiera, ahí hay gente subida declamando vidas ficticias y se merecen un respetazo porque ocurre en el momento,no es una grabación como el cine en el que por eso se puede hasta comer palomitas y silbar.
Aunque odio igualmente ese tipo de público ruidoso en el cine. Que por cierto mi ansiedad social va en aumento y tampoco voy hace lustros; sólo la forma en que la gente entra y se mueve y habla me da dolor de cabeza y angustia.
Estamos buenos eh??
besos
La TV en la sala mató el espectáculo. La gente se cree que está en su salita, comiendo pipas, tapada con una mantita y hablando con la vecina o el vecino.
Insoportable
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