Particularmente, he sentido esa conexión con muy pocas personas, todos hombres debo confesar y todos antes de los treinta y cinco. Al filo de los 35 la cosa se desvió. Hubo sexo, claro, pero no conexión. No arte. Lo malo de haber conectado es que sabes cuando no conectas. Lo bueno de haber conectado es que sabes cuando no conectas. La cosa es que no puedes adivinar, en un golpe de vista, con quién vas a pintar un Picasso por mucha apariencia que os ilumine a tu partener y a ti, y eso te deja en un lugar complicado al llegar a los 40. Edad en la que una se repite que ya no está pa perder el tiempo, pero edad en la que se sigue perdiendo. Menos, pero peor. Que sienta peor, quiero decir. Si con veinte tienes un mal encuentro con un tipo, puede ser hasta terapéutico. Con cuarenta asoma la señora experiencia a darte un capón y te recuerda un montón de cosas que ya no te interesan. No hay diario para apuntar desamores, porque lo que quieres es seguir pintando picassos como los de antes.
Leitmotiv
Escribo porque no tengo nada que hacer en el mundo: estoy de sobra y no hay lugar para mí en la tierra de los hombres.
Escribo por mi desesperación y mi cansancio, ya no soporto la rutina de ser yo, y si no existiese la novedad continua que es escribir, me moriría simbólicamente todos los días.
Pero estoy preparada para salir con discreción por la puerta trasera. He experimentado casi todo, aún la pasión y su desesperanza. Ahora sólo querría tener lo que hubiera sido y no fui.
-C. Lispector, La hora de la Estrella-
martes, 4 de agosto de 2015
ARETÉ
Después de saborear el enorme texto de Escandar Algeet sobre
el arte de comer el coño sin leer ni una sola vez: coño, culo, teta, polla, con
esa prosa urbana suya tan de correrse mirando a las estrellas, a una le quedan
pocas fuerzas para hablar de amor. Aunque, en cierta forma, un texto de
tal calibre también inspira. Inspira, sin duda, pese a que leerlo antes de
dormir te deje tirada y exhausta, varada en tu bruma, revolcándote en tus
propios recuerdos sobre todas aquellas veces que alguien tuvo a bien comerte
como es debido.
El sexo de escandar es algo más que sexo, en realidad es un
arte, algo que va más allá de la satisfacción, de la búsqueda y del alivio. Y para
tal arte no vale cualquiera, y sobre todo, no vale cualquier conexión. De
hecho, es más bien raro encontrar a alguien que esté en tu misma onda. No hace
falta amar, pero sí tiene que existir esa comunión especial sin la cual el sexo
solo será un intercambio de fluidos o una fonda de reproches. Si no encuentras nunca
el compañero adecuado para el sexo y no experimentas el arte que es, vas a dejar
que exista el sexo, claro, pero sin darle un valor relevante en tu vida,
aunque, a veces, manifiestarás lo contrario. Que te encanta. Es posible que, si eres hombre, vayas por ahí vestido de chistes fáciles y piropos torpes, que veas
películas porno, que te masturbes y que creas que el mayor placer consiste en
metérsela por detrás a cualquiera con las tetas gordas. Puedes también llegar
a evitar el sexo, o peor, a odiarlo por no saber qué es lo que te da placer
realmente. Si eres mujer, creerás que hacerlo con cualquiera y contarlo te
convierte en dueña de tu cuerpo o esperarás durante años a que aparezca o vuelva tu
príncipe azul. Follando o no con sucedáneos. En cualquier caso, puede que nunca
descubras que ambas opciones son incorrectas y que el sexo es otra cosa. Y
seguramente el amor también. Cada uno hace lo que puede, claro, pero, como en
todo, ¿no es bonito llegar a la excelencia? Entendida al modo griego, como
ἀρετή, “areté”, claro, no como lo entiende Cospedal.
Particularmente, he sentido esa conexión con muy pocas personas, todos hombres debo confesar y todos antes de los treinta y cinco. Al filo de los 35 la cosa se desvió. Hubo sexo, claro, pero no conexión. No arte. Lo malo de haber conectado es que sabes cuando no conectas. Lo bueno de haber conectado es que sabes cuando no conectas. La cosa es que no puedes adivinar, en un golpe de vista, con quién vas a pintar un Picasso por mucha apariencia que os ilumine a tu partener y a ti, y eso te deja en un lugar complicado al llegar a los 40. Edad en la que una se repite que ya no está pa perder el tiempo, pero edad en la que se sigue perdiendo. Menos, pero peor. Que sienta peor, quiero decir. Si con veinte tienes un mal encuentro con un tipo, puede ser hasta terapéutico. Con cuarenta asoma la señora experiencia a darte un capón y te recuerda un montón de cosas que ya no te interesan. No hay diario para apuntar desamores, porque lo que quieres es seguir pintando picassos como los de antes.
A Escandar lo podéis seguir en Twiter, podéis comprar sus
libros o podéis pasaros por su bar y escuchar cómo recita. También podéis
obviar el hecho de que existe y seguir considerando el sexo y la literatura burdas
distracciones.
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4 comentarios:
Claro que tiene usted, una vez mas, mucha razón cuando escribes, "De hecho, es más bien raro encontrar a alguien que esté en tu misma onda. No hace falta amar, pero sí tiene que existir esa comunión especial sin la cual el sexo solo será un intercambio de fluidos o una fonda de reproches."
Así es, casi nunca mejor dicho, así que hay una explicación, surge una solución a priori, hay que buscar esa onda, como si fuera una radio, hay que sintonizar la emisora que se pretende, no solo debe hacerlo el macho o la hembra, debe ser como Fuenteovejuna, los dos -o todos- a una. Para lo cual es imprescindible la sinceridad, nada de prejuicios ni remilgos, hablar del sexo como quien habla de su plato preferido, con toda naturalidad, como le gustan los ingredientes, con mas o menos sal, si con pimienta, muy o poco cocido ¿Al dente? ¿vuelta y vuelta? o muy hecho quizá... jajaja
En fin que lo de aquí te pillo y aquí te mato trae funestas consecuencias en el sexo,también en muchas mas cosas, claro, se deben tener la tabla de mandamientos elementales grabados a fuego en la mente, de manera que aunque uno esté borracho, asegurarse de hacer que el sexo sea placentero, como mínimo para la otra persona...
Me ha encantado tu entrada, también, como casi siempre :)
Besos y salud
Ay Genín, qué bien me entiendes casi siempre 😀
Un beso y gracias por estar ahí, a pesar del calor.
Mira, Sue, lo bien que escribes, que esta entrada es magnífica.
Tendré que seguir o leer o escuchar a este tío, sí, me lo apunto. El sexo siempre es diferente con dada persona que nos encontramos y puede incluso que el mejor sexo no sea con quien mejor empatamos en la vida o al revés. Lo cierto es que el abanico es amplio y fantástico si lo abrimos lo máximo posible, por ver si el aire nos llega a todas las partes de nuestro cuerpo, tantas veces desconocido.
Besos, guapa, besos.
Virgi, cuando vengas a Madrid, te llevo al barrio Maravillas a escucharle. Y si no coincide que "toque", le sacamos de detrás de la barra y se lo pedimos como favor especial. Lo hará encantado :)
Ese abanico siempre abierto y dando aire, que hace muxa caló killa. Arriquitaun.
Un beso a ti, que me lees siempre con ojos bonicos.
MUACK!
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