Leitmotiv

Escribo porque no tengo nada que hacer en el mundo: estoy de sobra y no hay lugar para mí en la tierra de los hombres.

Escribo por mi desesperación y mi cansancio, ya no soporto la rutina de ser yo, y si no existiese la novedad continua que es escribir, me moriría simbólicamente todos los días.

Pero estoy preparada para salir con discreción por la puerta trasera. He experimentado casi todo, aún la pasión y su desesperanza. Ahora sólo querría tener lo que hubiera sido y no fui.

-C. Lispector, La hora de la Estrella-

jueves, 13 de agosto de 2015

AFLOJA UN POCO



                                                                  Los Hamptons

Qué es la vida sino un conjunto de enfermedades que se van superando. Que te aprieta mucho la coleta, te la aflojas un poco. Que te sienta mal el estofado de jabalí, dejas de comerlo. Que te chirría la voz de Bustamante, evitas los 40 principales. Vale, no todo es tan fácil como aflojarse la coleta, pero todo es susceptible de aprenderse o de ser aprendido si nos abrimos un poquino al abismo de lo desconocido. Lo de tirarse ya si eso. Una no deja de sorprender-se y de aprender-se por muchos kilómetros que lleve recorridos sin carné y tal aprendizaje, ya lo dijo el sabio, es a un tiempo doloroso y placentero. Y uno y otro, dolor y placer, pueden ser inmediatos o retardados, pero ambos están ahí y no se vale ignorar uno en favor del otro. Bueno, se vale, pero luego allá cada cual.

Y con este párrafo de psicología barata, empezamos a vislumbrar la desfachatez de quien se atreve a decir cómo deben ser las cosas sin tener ni puta idea de cómo vivirlas. Con la estrategia de un bombero retirado y carente de las motivaciones propias de su género y tiempo. Hablo de una servidora, que acumula minipuntos al mismo tiempo que los pierde entre los pliegues de lo que podría ser una falda abotonada. Nunca larga, pero tampoco demasiado corta, no vaya a ser que se vea la neurosis. El carácter, desde luego, no ayuda y el Ayuntamiento está ocupado en solucionar lo de las bicis y los edificios vacíos, así que tampoco le puedo exigir que se haga  responsable. Lo urgente, como de costumbre, no deja tiempo para lo importante. 


Hablaba hace poquito con una amiga sobre la fragilidad de las relaciones personales y me comentaba la necesidad, o mejor dicho, la urgencia ya de alejarse de personas destruidas (ya no destructivas), porque sí, porque a todos nos falta un trocito de algo, o varios, pero no todos vamos por ahí robando los trocitos sanos de los demás para, nosé, infectarlos o acumularlos en su alma, en plan, no sé, síndrome de Diógenes. Lo gracioso es que hay personas que piensan en la criogenización como solución a los problemas de la humanidad y luego están los que quieren ir de vacaciones a Júpiter porque ya les aburre San Sebastián y Los Hamptons, pero ¿y sus almas? De verdad que yo nunca he escuchado a Bustamante en serio. A poco que le intuí en aquél programa que lo encumbró, ya supe que se trataba de otro pobre cateto sin oído musical y con muchas ganas, esos sí, de tener cosas. De acumular. Entre esas cosas están las mujeres, claro. La mujer como valor de cambio, como premio, como extensión (o sustitución) a ese Ferrari que solo pueden tener unos pocos privilegiados. El objeto decorativo que te hará parecer más alto, más guapo y más interesante. Un objeto sin vida que nos pertenece, porque lo hemos pagado, y con el que podemos hacer lo que nos venga en gana. Y esto lo saben, incluso, los que no han visto un Ferrari ni en pintura.


Privilegio, qué horrible palabra eres.

Con la estrategia de un bombero retirado y carente de las motivaciones propias de mi género y tiempo, me aflojo la coleta. Y qué agusto, oye.

2 comentarios:

Genín dijo...

Yo no tengo coleta, pero puedo hacer otras cosas, creo que llevo toda la vida haciendolo, mi puerta está abierta siempre, no impido la entrada a nadie, pero oiga, si usted viene y me jode mi paz, lo siento, a usted que le den, yo sigo mi camino alejandome de usted, y es que yo siendo agnóstico soy mucho de la frase que le atribuyen a San Agustín, "la caridad bien entendida empieza en uno mismo" y por otro lado, un Ferrari no puede impedir que alguien con pasta lo compre, pero una señora si puede hacerse incomprable si le da la gana y le sale del forro, al mismo tiempo que darse gratis al posible comprador si le apetece a ambos, eso si, a cambio de que se deje comprar gratis el comprador... en fin, si eso, seguimos reflexionando en plan filosofía barata...jajaja
Besos y salud

Carmela dijo...

Pues a mí me gusta, tu filosofía barata, como la llamas.
Un beso