Jon es tierno, pero a veces corta como cuchillo. Sabe que la vida está llena de momentos desoladores, que las personas están condenadas a sí mismas y que nadie es perfecto. Le puede la integridad y conoce bien las profundidades de su alma. Quiere que le quieran como no le quisieron. Que le mimen y cuiden con el amor sencillo y dulce de las mañanas. Ante gestos francos se vuelve vulnerable y a cada segundo se pregunta si no merece ser feliz. Leitmotiv
Escribo porque no tengo nada que hacer en el mundo: estoy de sobra y no hay lugar para mí en la tierra de los hombres.
Escribo por mi desesperación y mi cansancio, ya no soporto la rutina de ser yo, y si no existiese la novedad continua que es escribir, me moriría simbólicamente todos los días.
Pero estoy preparada para salir con discreción por la puerta trasera. He experimentado casi todo, aún la pasión y su desesperanza. Ahora sólo querría tener lo que hubiera sido y no fui.
-C. Lispector, La hora de la Estrella-
viernes, 2 de mayo de 2008
LA FAMILIA SAVAGES
Jon es tierno, pero a veces corta como cuchillo. Sabe que la vida está llena de momentos desoladores, que las personas están condenadas a sí mismas y que nadie es perfecto. Le puede la integridad y conoce bien las profundidades de su alma. Quiere que le quieran como no le quisieron. Que le mimen y cuiden con el amor sencillo y dulce de las mañanas. Ante gestos francos se vuelve vulnerable y a cada segundo se pregunta si no merece ser feliz. Wen teme descubrir que es una mujer increíble. Anhela alguien a quien cuidar, aunque no es consciente de su búsqueda. Cada noche mitiga su miedo y su dolor con remedios temporales que merman su fuerza y disparan su desesperanza. Al no amarse, no es amada, pero en el fondo sabe que no está todo perdido. Cada mañana vuelve a sentirase sola, aunque todos saben que su talento nunca la abandonará.
Como a la gran mayoría de caminantes, a la familia Savages le puede el día a día. Son como yo cuando necesito refrescarme los pies antes de dormir. Sea invierno o verano y allá donde esté. Es una de mis manías más persecutorias y puede conmigo. Como me puede la ternura de ciertos gestos humanos, ya sea en la vida que vivo o en la que veo en la gran pantalla.
Ya ví a Philip Seymour Hoffman de Capote y me encandiló, aunque nunca conocí a Capote, pero un día leí la transcripción de una conversación que tuvo con Marilyn Monroe y también me gustó. Me gustó como Capote dibujó a Marilyn, entre inocente y salvaje, haciendo hincapié en las raíces oscuras de su cabellera rubia y en la candidez de su rostro sin maquillar. Una Marilyn celeste oscuro.
Por ello decidí que La familia Savages era una historia que tenía que escuchar. Por Philip, por Marilyn y por salir del paso. Y es que, a veces, una necesita sentir de cerca a los humanos para convencerse de que es uno de ellos y sonreírle al mundo. Quizás por eso me gusta el caos de la gran ciudad, porque me creo que está llena de humanos...
En realidad solo quería decir que me ha gustado la peli de Tamara Jenkins (Philadelpia) y casi me atrevería a recomendarla. Los actores son divertidos y geniales. Lloran y ríen como cualquiera de nosotros, tienen sus manías y miedos. Buscan entre el caos un orden que les ayude a seguir. Aceptan sus carencias, se ríen de ellas y el sol vuelve a brillar.
Si entendiera de cine diría que es una gran película, pero como no entiendo solo digo: es cojonuda.
DEDICATORIA: Dedico esta entrada a mis padres porque de repente imaginé que me faltaban y ...uff.
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