Leitmotiv

Escribo porque no tengo nada que hacer en el mundo: estoy de sobra y no hay lugar para mí en la tierra de los hombres.

Escribo por mi desesperación y mi cansancio, ya no soporto la rutina de ser yo, y si no existiese la novedad continua que es escribir, me moriría simbólicamente todos los días.

Pero estoy preparada para salir con discreción por la puerta trasera. He experimentado casi todo, aún la pasión y su desesperanza. Ahora sólo querría tener lo que hubiera sido y no fui.

-C. Lispector, La hora de la Estrella-

sábado, 18 de noviembre de 2017

TAREAS



Incluso en los peores momentos, con los ojos llenos de lágrimas y la bolsa negra rodeando mi cabeza, me asaltan las tareas que tengo que hacer después de comer o las que me auto encomiendo para antes de la cena. Incluso en los peores momentos, intento no perder el Norte inventando tareas insignificantes. Me ha ocurrido siempre. Por muy mal que esté, nunca me dejo ir del todo. No termino de autodestruirme, o quizás lo hago muy poco a poco. Sigo madrugando para ir a trabajar, o a donde tenga que ir, mantengo la casa ordenada y limpia, acudo a las citas programadas, sigo gestionando el poco dinero con el que cuento al mes para mis gastos más vulnerables. Me ducho cada día y mantengo mis canas ocultas bajo una capa de tinte vegetal sin amoniaco, unas veces marrón chocolate y otras rojo bronce. Depende de la oferta del mes del híper. Nunca capaz de darme caprichos extravagantes, de esos que denotan que alguien está mal de necesidad o que hagan hablar de ti a la gente. “Que nadie me tenga que decir nada de ti” era la frase de mi madre siempre que me mandaba al cumpleaños de algún niño o de excursión con el colegio. Así que, sigo con mis tareas como si fuera una persona normal y no pasara nada, incluso cuando pasa. Por eso me cuesta saber cuándo pasa algo y cuándo tengo que dejarlo pasar. Y cuándo plantarme. Me falta perspectiva, o edad. No, edad seguro que no. Ojalá pudiera llamar “proyectos” a las pequeñas tareas con las que lleno incluso las horas más desgraciadas, como he oído por ahí que hay que llamar a lo que hace cada uno para dotarlo de sentido. Pero es que no me sale. Solo son cosas chiquitas que me mantienen viva. Nada importante. 

6 comentarios:

V dijo...

Bravo Sue...hay quien sobrevive a las peores circunstancias de esa forma...el exilio, la deportación o incluso la cárcel. Es en ocasiones la llave para que sea uno el que continúe manteniendo el control. Voy a ver si lo puedo imprimir o sacar una foto y lo pego en la nevera. Un abrazo

Isabel dijo...

A veces son esas pequeñas cosas las que nos salvan o hacen que transcurran más rápido las que no nos gustan.
A las madres tampoco hay que echarles tanta cuenta, te lo dice una ya bastante mayorcita, je, je, je...
Abrazos.

Genín dijo...

En fin, mi opinión no debe de contar demasiado, claro, pero yo te encuentro estupendamente normal :)
Besos y salud

Dol dijo...

Pero es que nada es importante y todo lo es.
Vivir en sí no es gran cosa cuando lo miden las tareas, no sé si me explico.
Creo que somos bombas de energía que sólo viven cuando sienten algo chulo, el resto del tiempo es para sobrevivir.
Abracillos, Sue.

O SuSo dijo...

"Cada copo de nieve cae en el lugar que le corresponde"

No eres lo que haces, tareas o proyectos, no eres lo que tienes, ni eres lo que piensan seres lejanos, queridos o TÚ...

SIMPLEMENTE ERES.

Abrazoso

PD: Después de comer, esta que escribe, siesta ;-)

Sue dijo...

GRACIAS SUSO!

(no te leí hasta ahora)