Y, a partir de ahí, te tienes que sentir orgullosa, supongo. Supones bien, porque podría haber elegido a otra. Oh lalá.
Pero qué tonterías se dicen, con lo fácil que es estar con alguien porque te apetece y no porque haya ganado un concurso de méritos. Es como cuando tu amiga te comenta de su nuevo ligue que está “forrado” y acto seguido dice “pero a mi el dinero no me importa”. Por la boca muere el pez. Si no te importa, ni siquiera te viene a la cabeza, porque no te importa y por eso, para eso, los hechos son mejores que las palabras, aunque nada es suficiente cuando intentan convencerte de que eres la ganadora de un concurso en el que no sabías que participabas. Una victoria relativa y siempre temporal, como lo es toda victoria de la que no te haces cargo. De allí donde veo cualquier tipo de rivalidad, desaparezco, quizás porque me siento incapaz de competir o, esto es más yo, porque no creo en la necesidad de hacerlo. ¿Acaso alguien capaz se merece más momentos felices que aquellos que no sabemos responder a ciertas preguntas? A veces, no saber es un lujo que nos permitimos muy poco. Y muy pocos.
“Eres algo más que una amiga”.
Y, a partir de ahí, se abre ante ti el desafío de no saber qué significan exactamente las palabras, que te falten unas y te sobren otras, querer ser bailarina sin tener ritmo ni flexibilidad, perforar la idea que tomaste de aquella mala película de que uno tiene que conocer sus limitaciones, tener mentalidad ganadora y sobrevolar el objetivo. Pero ¿qué objetivo, puñetas?


3 comentarios:
Ya claro, pero hay cosas peores, como políticos que se creen próceres y en realidad son gilipollas... :(
Besos y salud
Incluso hay cosas peores que los políticos.
Besos Genín!
Mandar a freir espárragos a los indeseables que aparecen continuamente en los Medios de Comunicación me parece, a mí, un objetivo loable.
En cuanto a los objetivos de amor, soy demasiado joven y me falta experiencia.
Publicar un comentario