Leitmotiv

Escribo porque no tengo nada que hacer en el mundo: estoy de sobra y no hay lugar para mí en la tierra de los hombres.

Escribo por mi desesperación y mi cansancio, ya no soporto la rutina de ser yo, y si no existiese la novedad continua que es escribir, me moriría simbólicamente todos los días.

Pero estoy preparada para salir con discreción por la puerta trasera. He experimentado casi todo, aún la pasión y su desesperanza. Ahora sólo querría tener lo que hubiera sido y no fui.

-C. Lispector, La hora de la Estrella-

martes, 1 de agosto de 2017

ENSOÑACIÓN


Camina todo lo deprisa que puede, tropezando a cada paso con las grietas del suelo, algunas llenas de la lluvia que inundó la ciudad hace días. Vislumbra la mueca amarga de las personas con las que se cruza, aguanta estoicamente los empujones y las bocinas de los autos que le exigen una rapidez inalcanzable ya para sus piernas.

Hace años odiaba la ciudad. La odiaba por ruidosa y absurda y porque no había forma de entender la disposición de las calles, ni de distinguir las señales para autos y personas. Con el tiempo empezó a gustarle, o se acostumbró a ella y fue descubriendo pequeños rincones en los que soportar el ruido.

Sus sueños siempre se detienen ante el semáforo en verde. Ahora tiene que avanzar deprisa sobre las franjas blancas. Demasiado deprisa y demasiadas grietas en la carretera. Teme caer, a pesar de que la mano de su nieta la agarra con fuerza. Con la otra sostiene un teléfono diminuto.

En la ciudad siempre hay cobertura y su nieta habla animadamente con alguien que no tiene al lado desde hace tres o cuatro calles, sin reparar en que sus pasos son demasiado jóvenes. El semáforo se torna rojo en pocos segundos y los motores de los autos comienzan a rugir de nuevo. Gracias al cielo, piensa, hemos cruzado a tiempo.

Un halo de esperanza inunda sus cansados ojos cuando ve que su nieta se dirige hacia la vereda. Un obrero les sale al paso.

  • No pueden pasar por aquí, den la vuelta.
  • ¿Por aquí no se va al puente?- pregunta su nieta, dejando unos segundos de hablar por el móvil.
  • No, está cortado, hay un puente provisional a cien metros, hacia allí.

Su nieta vuelve a su conversación telefónica y se dirige hacia donde señala el obrero sin reparar en que ella se ha quedado mirando al horizonte. Paralizada.

  • Venga abuela que se hace tarde.

Sus ojos solo alcanzan a ver una gran excavadora amarilla. Más allá no parece haber nada.

  • ¿Y el mar?

Su nieta la toma por el brazo.

  • Venga, que luego me llevo yo la bronca.
  • ¿Dónde está el mar?
  • Aquí no hay mar abuela, esto es Madrid. Venga, vamos.

Al fin cede a la presión del brazo de su nieta y vuelve a caminar intentando no tropezar con todo lo que encuentra a su paso: hierros, trozos de madera, tuberías oxidadas, piedras, montículos de arena. No puede ya volver la vista para buscar el mar porque su nieta va demasiado rápido.

Mientras siguen por el tortuoso camino, intenta recordar la última vez que lo vio. Fue justo hace un año, desde el coche de su yerno, demasiado rápido, pero al menos pudo ver el agua y disfrutar de una agradable brisa marina que le recordó a su valle. No lo recuerda muy limpio, es lo que tienen los mares de las ciudades, pensó entonces.

El puente parece demasiado frágil, demasiado provisional, casi tanto como sus piernas. Su nieta no duda un instante y empieza a subir con paso firme. Ella la sigue, amarrada como está a su mano. Tiene miedo de caer, pero no se queja, ni dice nada. En silencio sube las escaleras que no dejan de crujir a su paso y en silencio cruza el puente, siempre demasiado rápido, de la mano de su nieta.

No quiere mirar bajo sus pies para no temblar demasiado, pero el rugido de una máquina la desorienta y su mirada, casi sin querer, cae. Entonces descubre una imagen nueva y terrible. El mar ha desaparecido. En su lugar hay escombros, polvo, ruido, grandes losas de piedra y máquinas excavadoras. Redes metálicas a lo largo de la vereda impiden el paso a los transeúntes.
¿Dónde está el mar?- se pregunta- ¿Dónde se lo llevaron?

2 comentarios:

Genín dijo...

Pobrecita, parece un poco mas mayor que yo, pero no mucho mas... :)
Te ha quedado muy bien :)
Besos y salud

Sue dijo...

Gracias Genín!

Un beso!