Leitmotiv
Escribo porque no tengo nada que hacer en el mundo: estoy de sobra y no hay lugar para mí en la tierra de los hombres.
Escribo por mi desesperación y mi cansancio, ya no soporto la rutina de ser yo, y si no existiese la novedad continua que es escribir, me moriría simbólicamente todos los días.
Pero estoy preparada para salir con discreción por la puerta trasera. He experimentado casi todo, aún la pasión y su desesperanza. Ahora sólo querría tener lo que hubiera sido y no fui.
-C. Lispector, La hora de la Estrella-
domingo, 16 de agosto de 2015
OJALÁ UN MIEDO GRANDE
Cuando escucho a la gente decir que tiene miedo a volar, a
montar a caballo, que tiene miedo a la soledad, a la pobreza o a tirarse en
paracaídas, me da una envidia de horror. Ojalá tener miedo a la
pobreza. O a tirarse en parapente. Ojalá un miedo de esos que no entorpezca el acontecer
diario y te deje respirar de tanto en tanto (porque nadie vuela cada día ni
tiene que tirarse en paracaídas cada semana, ni siquiera tendría que hacerlo
nunca). Tener miedo a algo a lo que ni siquiera tienes por qué enfrentarte, es
como no tener miedo. Es como un miedo de adorno.
Los miedos pequeños son mucho peores, porque forman parte del
tejido de tu vida cotidiana y, en ocasiones, son difíciles de determinar y
exterminar, porque ni siquiera se aparecen como miedos. Se disfrazan de
necesidades y campan a sus anchas entre las flores de tu jardín, como pequeños
topillos comedores de raíces. O como plantas carnívoras.
Ojalá tuviera miedos grandes, enormes, descomunales, o uno solo
que no pudiera disimular, que, debido a su tamaño, tuviera siempre que dar la
cara tal como es y del que yo pudiera sentirme orgullosa. Aunque fuese de
atrezzo. “Pues yo lo que tengo es miedo a la oscuridad y miedo a quedarme sin
trabajo”, por ejemplo. Sería bonito y quedaría bien comentarlo en una cena de
amigos. Pero no, no tengo miedo a la oscuridad. Ni a quedarme sin trabajo. Ni a
ir a una manifestación, por muy mala pinta que tenga, ni tengo miedo a la
muerte y me tiraría en paracaídas sin demasiadas reticencias. Si tuviera hijos,
no tendría miedo a que tomaran drogas o murieran, al menos, ese no sería un
miedo trascendente, pero me daría pavor no conectar con ellos, no quererlos,
que no me quisieran, o que crecieran con emociones mutiladas. Me daría miedo
que no fueran personas completas. Ahora sé que eso no es posible, que mis hijos
no crecerían mutilados, que serían completos y, muy probablemente, felices.
Pero esa es otra historia y, quizás, quién sabe, otro post. Lo que yo venía a pediros es un miedo grande. ¿Os sobra alguno?
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)


5 comentarios:
Miedos me sobran, sobre todo a medida que crecen los hijos. Ojalá pudiera desprenderme de alguno.
Miedos me sobran, sobre todo a medida que crecen los hijos. Ojalá pudiera desprenderme de alguno.
Pues...
Déjame pensar...
¿Miedo grande?
Lo siento, no, ya no me quedan...
Besos y salud
Miedos grandes,...la verdad que pensándolo despacio, no creo que pueda nombrarte ninguno. Preocupaciones, miles, pequeñas, medianas, grandes, de todos los colores y formas, y sin duda, las más abundantes, son referentes a mis hijos, a su futuro en un mundo que cada vez me gusta menos en cuanto a sus principios y valores y en el que espero que puedan desenvolverse y sepan ser felices con aquellas cosas que son realmente importantes y no se ahoguen en las sucias mareas que hoy día lo afean y lo hacen irreconocible. Me preocupa, aunque creo que no será así, que no sepan distinguir el valor de las cosas, que aprendan a caminar ignorando, porque es lo habitual, a la persona que duerme en una casapuerta si y otra también, me preocupa que no se paren a ver una puesta de sol o apreciar la maravilla de un cielo repleto de nubes....me preocupa que piensen que la desvergüenza y la falta de escrúpulos es lo normal en los que nos gobiernan y que solo les hará feliz el dinero y la posición que alcancen....pero creo que gracias a dioss eso no será así, pero si, eso es lo que hoy por hoy me preocupa. Bueno, tengo que confesarte, que no creo que me tirar en paracaídas, jajaja, eso me da miedo.
Besos
Rubén, si son grandes ¡pásame uno!
Un saludo.
---
Genín, en realidad es guay que no te queden
Un beso.
---
Carmela, pues te paso el de volar en paracaídas por cuatro o cinco minúsculos que tengo yo por acá :) Qué me dices?
Un beso!
Publicar un comentario