Leitmotiv
Escribo porque no tengo nada que hacer en el mundo: estoy de sobra y no hay lugar para mí en la tierra de los hombres.
Escribo por mi desesperación y mi cansancio, ya no soporto la rutina de ser yo, y si no existiese la novedad continua que es escribir, me moriría simbólicamente todos los días.
Pero estoy preparada para salir con discreción por la puerta trasera. He experimentado casi todo, aún la pasión y su desesperanza. Ahora sólo querría tener lo que hubiera sido y no fui.
-C. Lispector, La hora de la Estrella-
lunes, 24 de agosto de 2015
MARCAS
Crecer en el extrarradio de una gran ciudad es como hacerlo
en cualquier otro sitio, supongo, pero sin el como, vamos, que quizás no se
puede comparar. O sí, no sé. Las comparaciones, por otro lado, son odiosas y
casi siempre innecesarias. A mi, a veces, me gusta comparar la forma de
gobernar de Manuela Carmena con la de Esperanza Aguirre o Alberto Gallardón,
pero es solo cuando estoy con la regla y también un poco por iluminar (y
fastidiar) a los votantes del PP que aún no se han dado cuenta de que hay OTRAS
formas de hacer las cosas. Acostumbrados a corruptelas continuas en la
Comunidad de Madrid, muchos madrileños ya pensaban que esto era “lo normal”, o no,
pero oh, qué vamos a hacer nosotros, pobrecitos ciudadanos sin poder y con
falta de riego en asuntos políticos. Sin experiencia, sin ganas y con unos
antecedentes tan abrumadores de “yo ejque paso de la política”. Pues parece que
se pudo y que se puede y que los que no pasaban de la política están ganando,
por fin, la batalla. Aunque las comparaciones son odiosas, los del extrarradio
también tienen derecho a la vida, al igual que los de los barrios menos
opulentos y los del centro enterrado en basura durante años gracias a la
gestión de nuestra amada ex primera dama Ana Botella. Tan pulcra ella, tan
docta en idiomas, tan de misa de domingo y con su querida Madrid convertida en estercolero.
Y no solo por la basura de las calles. Qué os voy a contar.
Pero, como decía, crecí en el extrarradio y eso parece que
te marca aunque no quieras. Te marca porque algunos te lo recuerdan como si
fuera un estigma, algo que hubiera que recordar y ocultar al mismo tiempo, un
motivo de chiste o, peor aún, de orgullo. A ver, no hay nada de malo ni de
maravilloso en crecer en el extrarradio, es algo que, por lo regular, no
depende del niño que tiene que crecer allí, nadie decide crecer en un lugar
igual que nadie decide nacer en un lugar, por lo tanto ¿qué sentido tiene darle
tanta importancia? Me parece cuanto menos, no sé, respetable, que los que se
sienten orgullosos de su extrarradio particular, o de su pueblo, por la razón
que sea, lo griten a los cuatro vientos y me parece igual de respetable que los
que no quieran oír ni hablar del lugar en el que crecieron (como ya le pasara a
Kurt Cobain) no le den el mínimo bombo. Lo que me parece asqueroso, es que sean
los demás los que decidan qué debe hacer cada uno con los recuerdos de su
infancia, que te obliguen a adorar un lugar que no te gusta o a defenestrar uno
que adoras. Que te impongan un tipo de personalidad en razón del lugar en el
que has nacido y/o crecido, que te definan sin conocerte, que te definan vaya, porque
a alguien se le pone en las pelotas.
Las personas, en general, se toman muchas libertades a la
hora de hablar de la vida de los demás. Curiosamente, mucho más que al hablar
de la suya propia y eso es lo que nos lleva a ser el país que somos. Penoso en
muchos sentidos. La mayoría de las veces ni nos damos cuenta de ello y creemos
que vivimos en el mejor de los países posibles, pero de verdad que la realidad
es otra.
En realidad, lo que yo quiero es seguir escribiendo, como
Reyes, y no darle más importancia a estas pequeñas mierdecillas de la vida
cotidiana que, por lo que sea, no contribuyen a que el mundo sea mejor.
Por lo que sea.
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3 comentarios:
En las ciudades pequeñas no hay extrarradio, lo que si existen son esas calles "mal consideradas" porque sus habitantes son currantes de poco capacidad económica. Yo crecí en una de esas calles hasta que nos subieron el alquieler y nos mudamos a otra aún peor... Y así cada cierto tiempo. No tiene nada de especial. O si. No lo sé. Lo que si sé es que sigue gustándome pasear por esas zonas secundarias, menos transitadas, en lugar de "por las calles de las tiendas".
Soy una siesa.
Por cierto, en mi próxima huida a Madrid, preguntaré por ti.
Un beso.
Palabricas, también es verdad que hay tiendas y tiendas, es decir, que no son todas un dolor, las hay que molan a lot.
Pregunta por mi en el centro.
Beso!
Sue,vengo a verte y he leído los tres últimos post y me los bebo,pero te comento sólo éste; para decirte que es verdad y que fue precisamente en Madrid donde me hicieron sentir que yo era "algo" por ser del sur,no sé si me entiendes, pero seguro que sí.
Hasta ese instante yo era feliz e inocente como Adán y Eva antes de comerse la manzana.
Creí que sólo era yo.
Pero era yo y era algo más por el hecho de haber nacido en un sitio cuya idea era cualquier cosa para esa otra gente que adora la definición que arrastran las etiquetas.
Tu post me lo ha recordado.
Me encanta leerte,eres mi superviviente favorita ,besos.
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