Leitmotiv

Escribo porque no tengo nada que hacer en el mundo: estoy de sobra y no hay lugar para mí en la tierra de los hombres.

Escribo por mi desesperación y mi cansancio, ya no soporto la rutina de ser yo, y si no existiese la novedad continua que es escribir, me moriría simbólicamente todos los días.

Pero estoy preparada para salir con discreción por la puerta trasera. He experimentado casi todo, aún la pasión y su desesperanza. Ahora sólo querría tener lo que hubiera sido y no fui.

-C. Lispector, La hora de la Estrella-

jueves, 23 de julio de 2015

OH LÁ LÁ

Hoy fui de nuevo al teatro a ver la obra. Esta vez éramos siete. Un matrimonio argentino de edad avanzada, un joven actor que ensaya en el mismo teatro, dos teñidas de mediana edad, amigas del director de la obra, el mencionado director y yo. Y al final, he notado un poco que a nadie le ha gustado el monólogo, excepto al director y mi. Como siempre.

-Creo que nadie entiende lo que quiero expresar con esta obra.

Me dijo, cabizbajo, la última vez.

-No se preocupe, eso pasa constantemente. En la vida, a diario. Quién entiende a quién. Lo importante es que usted esté a gusto con lo que ha llevado a escena y que el actor lo interprete bien.

-Ya, hija, pero tengo que comer y mantener el teatro a flote. 

-Bueno, lleva usted muchos años en la cuerda floja, como las artes escénicas en general, y aún no ha tenido que cerrar ni ha sucumbido al mercantilismo. Aunque la sala nunca se llene, la compañía sobrevive, el teatro sigue en pie y usted hace una gran labor. Pero, sobre todo: se dedica a lo que le gusta.

La obra trata de un demente que corre por las calles de París bajo una tormenta de verano buscando un espíritu ligero a quien contarle su idea loca. En su búsqueda incansable, se entretiene con multitud de personajes que están en su cabeza y a veces, también, la violencia le impide avanzar. El demente viste harapos, pues hace tiempo que no produce para otros ni consume para si. Tan solo busca una explanada de hierba en la que tumbarse mirando al cielo y conversar con ese espíritu anónimo que comparta su idea.
¿Una metáfora de la soledad? ¿De la locura? ¿De la injusticia social?

-Todo eso es precioso, yo soy de la misma opinión, pero si no funciona mi próxima obra, tendré que cerrar el teatro.

-¿Tiene usted esperanzas puestas en ella?

-Sí.

-¿Muchas?

-Para regalar.

-Entonces funcionará.

El demente habla francés, porque vive en Francia, y el actor que lo interpreta también. Yo no sé francés, pero entiendo todo lo que dice. No me preguntéis por qué. Leo en sus ojos, descifro sus gestos, atisbo los diferentes cambios de tono y registro sin perder detalle y al final… el final es sublime. Lo mejor es que cada vez que acudo a ver la obra entiendo algo diferente. Por eso siempre vuelvo (y no por hacerle un favor a la compañía que, a todas luces, no podría mantenerse solo con mi entrada). Seguramente nada de lo que entiendo es real y todo lo cubre mi imaginación, cosa que ya advierten en el programa de mano: si no sabes francés ni tienes imaginación no te molestes en venir. Quizás por eso la sala casi siempre está medio vacía.

La noche que más público apareció fue la del estreno. Sirvieron empanadas y vino francés. O del Tajo, no recuerdo. También esa noche fui a verla, aunque sin muchas expectativas, debo confesar. A ver, una función enterita en un idioma que no entiendo. Acudí por casualidad y porque fuera llovía. El director, visiblemente emocionado, bebió más de la cuenta y no pudo salir a saludar al final del monólogo en francés, pero igualmente el público aplaudió como si hubiera salido y, sobre todo, como si hubiera entendido la obra. 
¡Oh la lá qué imaginación!

4 comentarios:

Genín dijo...

La verdad es que tienes un merito de muchos cojones, a mi me encanta el cine bélico y trato de ver las pelis en versión original, de alemán no se una papa, solo inglés y me defiendo en francés e italiano, en alemán solo entiendo las palabras semejantes al ingles -hay muchas- pero claro, tengo que verlas escritas porque la pronunciación muchas veces no tiene nada que ver, bueno, pues el otro dia me bajé una peli en alemán creyendo que tenia subtitulos, y no los tenia, pues me pasó algo parecido a ti, seguramente funcionó mi imaginación -tengo miles de toneladas- por que me la tragué enterita y no me indigesté ni nada, y encima me gustó una jartá, por eso entiendo lo que dices.
Yo que el director también estaria preocupado, y sobre todo, también me emborracharía...jajaja
Besos y salud

mariajesusparadela dijo...

Cada vez que vas escribes tu propia obra. ¡Qué maravilla!

NáN dijo...

Y la obra es...

¿Y dónde?

virgi dijo...

Tú sí que debías ser guionista, maravilla!
Besitos