Leitmotiv

Escribo porque no tengo nada que hacer en el mundo: estoy de sobra y no hay lugar para mí en la tierra de los hombres.

Escribo por mi desesperación y mi cansancio, ya no soporto la rutina de ser yo, y si no existiese la novedad continua que es escribir, me moriría simbólicamente todos los días.

Pero estoy preparada para salir con discreción por la puerta trasera. He experimentado casi todo, aún la pasión y su desesperanza. Ahora sólo querría tener lo que hubiera sido y no fui.

-C. Lispector, La hora de la Estrella-

jueves, 6 de septiembre de 2012

VIDA DE UNA CHINCHETA (II)



Lo de Lavapiés estuvo bien, pero lo del barrio Salamanca aún no ha logrado superarlo nada ni nadie. Si lo cuento como historia real creeréis que es mentira, así que lo contaré como el cuento piano que es.

Llegó exhausto. Vestía  traje amarillento con visos de un pasado glorioso de blanco inmaculado y botines negros con tacón cubano. Cargaba con dos grandes bolsos, un cuaderno cuadriculado tamaño din a 4 y una de esas agendas de piel gastada que siempre están a punto de estallar en una tormenta de papel. Dos goterones de sudor le habían resbalado por la cara dejando sendas hileras desnudas de maquillaje en sus mejillas. Sus ojos, sin embargo, conservaban la raya negra impecable. Llegó en taxi y al bajar un tropezón estuvo a punto de echarlo todo a perder: bolsos, cuaderno, botines… No disimulaba su pluma, más bien al contrario parecía enarbolar con orgullo la bandera del arcoíris, aunque esto ya lo sabía mi padre mucho antes de verle llegar con los brazos en jarras.

 «Hija, yo creo que es maricón, pero tiene un montón de pisos en el barrio Salamanca así que he quedado con él»
«Gay papa, di gay».
«Pues lo que he dicho, maricón»

En algún momento que no recuerdo decidí que ya no quería ser una chincheta, pero la mutación no era fácil. Ni siquiera era fácil levantarse cada día y abrigarse ese cabezón. Sobre todo en invierno.

Trabajaba para una anciana nobiliaria que había sido concejala de no se qué hay untamiento. Mi madre, poco acostumbrada a tal concentración y desequilibrio de propiedades, en seguida construyó su propia hipótesis que contaba a todo el mundo tras el desenlace final: «una pájara del ministerio de vivienda que tenía más de veinte pisos en Madrid, pero vaya cómo los tenía, vergüenza me daría. Con la de jóvenes que hay sin piso, además, es que no hay derecho». En realidad el drama daba para varios Documentos TV, pero mi padre y yo preferimos tomarlo a guasa. En mi caso porque mi desesperación empezaba a tornarse angustia vital y pasaba por esa fase en la que crees que ya no puedes caer más bajo y solo te queda tragar tierra meada. En el caso de mi padre porque es un cachondo y ve lo positivo hasta en las meteduras de pata de la Aguirre.

El chico de los botines nos llevó por la zona más cara de Madrid mostrándonos apartamentos de dudoso gusto decorativo y peor gestión de mantenimiento. Pequeños agujeros para ratas en edificios de lujo rondados por bedeles decadentes con pajarita. Señoritas con pieles en los ascensores y flores de plástico en los oscuros pasillos de moqueta roja.  Pero a pesar del olor a naftalina y desilusión hubo un “mejor momento” (momentazo que diría Boris) para recordar en los postres venideros. El chico de los botines, de copiloto junto a mi padre, se puso a ligar con gracia y soltura con un asiático que cruzaba el paso de peatones con una gran cámara de fotos. El fotógrafo quedó prendado de la belleza exótica de nuestro agente inmobiliario y quiso retratarle antes de continuar camino al Museo del Prado. Lo hizo tras el frenazo y el chirriar de ruedas, como conviene en todo enamoramiento. La verdad es que fuimos testigos de un flechazo precioso en el Madrid más mísero de aquellos tiempos, pero no sé si llegamos a asimilarlo del todo.

Seguramente no.


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PD: En realidad toda esta historia de la búsqueda de casa y las chinchetas es pura patraña improvisada. Los que me conocéis sabéis que desde hace años vivo en el palacete que me regaló Cristina Cifuentes cuando trabajé en una de las empresas de su marido. Yo no tengo problemas de vivienda como los perroflautas y mis protestas por el tarifazo o la subida del IVA (que no iba a subir) son excusas para calentar el ambiente y que salgan a la luz todos los vagos y maleantes que están usurpando este país. Pero como ya he elaborado mi lista (estáis todos, panda de apátridas desagradecidos), no tengo por qué seguir disimulando. En breve recibiréis la visita de las fuerzas del orden. Nos os resistáis que será más doloroso. Yo me voy a Alcorcón a ultimar los detalles del contrato con Sheldon Aleson, el magnate que salvará España (¡arriba!) del desastre de la herencia socialista.

15 comentarios:

Larisa dijo...

Oye, que Cristina es más amiga mía que tuya, que a mí me dio las gracias cuando la felicité en Twitter por su santo.

Envidiosa.

Tempus fugit dijo...

Eres una narradora extraordinaria. Tu padre y tu madre:¡auténticos!
Si te compinchas con Larisa, estamos perdidos.


besos

V dijo...

Que yo sepa la mutación como que no. Eres chincheta. Pero no por tamaño o formas, sino por simbolismo.
Me gustó aunque pueda no ser verdad. Aunque yo creo que sucediese o no, desde el momento en que lo escribiste cobró forma y vida. Tropezón incluido. Un abrazo

Genín dijo...

¡Genial!
Lo del "hay untamiento" me ha gustao una jartá...
Tu padre y yo empleamos los mismos términos ...jajaja
Niña, que muchas gracias, que he disfrutado un montón con tu relato!
Besos y salud

mariajesusparadela dijo...

Me gusta (como siempre)

Carmela dijo...

Lo de Cristina no me lo creo aunque insistas jajaja el relato guay!!
Un beso, petarda

Sergio DS dijo...

De la "mariconada" no diré nada, pero tu p.d. me ha acojonado.
:P

virgi dijo...

Ja ja ja...la posdata no sé si es tuya o de Lari...


Besos, maravilla

raúl dijo...

cuando te pones a literaturizar eres única, no sé qué porcentaje de realidad hay en esta búsqueda de hogar, pero me he metido en la historia, he percibido la atmósfera, fantásticamente bien, como me pasa con los buenos escritores.

Elysa dijo...

En fin verdad o literatura, me lo he pasado muy bien con esto de las chinchetas o de ser chincheta y esa PD, ¿es tuya? no, no me convences, no.

Besitos

Sue dijo...

Larisa, eso es porque te confundió conmigo.

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Cenizas, gracias. Mi padre y mi madre son auténticos, sí. De carne y hueso.

Besos.

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V, ¿no me ves de grapadora entonces? ... vaya hombre, con la ilusión que me hacía ascender en la escala social.

Un abrazo.

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Genín, pues me alegro mucho hacerte disfrutar, aunque sea así, oye.

Besos.

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Paradela, gracias.

Un beso.

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Carmela, petarda tú!

Un beso.

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Sergio, sobran acojonados en este país.

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Virgi, todo se pega menos la hermosura, dicen.

Besos.

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Raúl, "literaturizar", me gusta. Gracias.

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Ely, todo es mío.

Serio.

Un beso.


Norma dijo...

Fantástico!!
Beso

Ana dijo...

Genial como lo cuentas, como la mismísma realidad, pura y dura pero con más gracia, donde va parar...haces literatura cómica supongo que para llevar mejor tanta tragedia.

CHAPÓ.

NáN dijo...

yo sí te veo poniendo grapas en una barra italiana guay del barrio de salamanca (propiedad de Larisa y tuya; el bar, no el barrio).

Es más, te veo doble, cuádruple, óctuple... ¿no va siendo hora de cerrar?

Sue dijo...

Norma, beso.

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Ana, me alegra hacerte reir.

Un beso.

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Nano, cerrado ya hombre. A dormir (la mona).