Llegó exhausto. Vestía traje amarillento con visos de un pasado glorioso de blanco inmaculado y botines negros con tacón cubano. Cargaba con dos grandes bolsos, un cuaderno cuadriculado tamaño din a 4 y una de esas agendas de piel gastada que siempre están a punto de estallar en una tormenta de papel. Dos goterones de sudor le habían resbalado por la cara dejando sendas hileras desnudas de maquillaje en sus mejillas. Sus ojos, sin embargo, conservaban la raya negra impecable. Llegó en taxi y al bajar un tropezón estuvo a punto de echarlo todo a perder: bolsos, cuaderno, botines… No disimulaba su pluma, más bien al contrario parecía enarbolar con orgullo la bandera del arcoíris, aunque esto ya lo sabía mi padre mucho antes de verle llegar con los brazos en jarras.
«Gay papa, di gay».
Trabajaba para una anciana nobiliaria que había sido concejala de no se qué hay untamiento. Mi madre, poco acostumbrada a tal concentración y desequilibrio de propiedades, en seguida construyó su propia hipótesis que contaba a todo el mundo tras el desenlace final: «una pájara del ministerio de vivienda que tenía más de veinte pisos en Madrid, pero vaya cómo los tenía, vergüenza me daría. Con la de jóvenes que hay sin piso, además, es que no hay derecho». En realidad el drama daba para varios Documentos TV, pero mi padre y yo preferimos tomarlo a guasa. En mi caso porque mi desesperación empezaba a tornarse angustia vital y pasaba por esa fase en la que crees que ya no puedes caer más bajo y solo te queda tragar tierra meada. En el caso de mi padre porque es un cachondo y ve lo positivo hasta en las meteduras de pata de la Aguirre.
PD: En realidad toda esta historia de la búsqueda de casa y las chinchetas es pura patraña improvisada. Los que me conocéis sabéis que desde hace años vivo en el palacete que me regaló Cristina Cifuentes cuando trabajé en una de las empresas de su marido. Yo no tengo problemas de vivienda como los perroflautas y mis protestas por el tarifazo o la subida del IVA (que no iba a subir) son excusas para calentar el ambiente y que salgan a la luz todos los vagos y maleantes que están usurpando este país. Pero como ya he elaborado mi lista (estáis todos, panda de apátridas desagradecidos), no tengo por qué seguir disimulando. En breve recibiréis la visita de las fuerzas del orden. Nos os resistáis que será más doloroso. Yo me voy a Alcorcón a ultimar los detalles del contrato con Sheldon Aleson, el magnate que salvará España (¡arriba!) del desastre de la herencia socialista.


15 comentarios:
Oye, que Cristina es más amiga mía que tuya, que a mí me dio las gracias cuando la felicité en Twitter por su santo.
Envidiosa.
Eres una narradora extraordinaria. Tu padre y tu madre:¡auténticos!
Si te compinchas con Larisa, estamos perdidos.
besos
Que yo sepa la mutación como que no. Eres chincheta. Pero no por tamaño o formas, sino por simbolismo.
Me gustó aunque pueda no ser verdad. Aunque yo creo que sucediese o no, desde el momento en que lo escribiste cobró forma y vida. Tropezón incluido. Un abrazo
¡Genial!
Lo del "hay untamiento" me ha gustao una jartá...
Tu padre y yo empleamos los mismos términos ...jajaja
Niña, que muchas gracias, que he disfrutado un montón con tu relato!
Besos y salud
Me gusta (como siempre)
Lo de Cristina no me lo creo aunque insistas jajaja el relato guay!!
Un beso, petarda
De la "mariconada" no diré nada, pero tu p.d. me ha acojonado.
:P
Ja ja ja...la posdata no sé si es tuya o de Lari...
Besos, maravilla
cuando te pones a literaturizar eres única, no sé qué porcentaje de realidad hay en esta búsqueda de hogar, pero me he metido en la historia, he percibido la atmósfera, fantásticamente bien, como me pasa con los buenos escritores.
En fin verdad o literatura, me lo he pasado muy bien con esto de las chinchetas o de ser chincheta y esa PD, ¿es tuya? no, no me convences, no.
Besitos
Larisa, eso es porque te confundió conmigo.
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Cenizas, gracias. Mi padre y mi madre son auténticos, sí. De carne y hueso.
Besos.
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V, ¿no me ves de grapadora entonces? ... vaya hombre, con la ilusión que me hacía ascender en la escala social.
Un abrazo.
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Genín, pues me alegro mucho hacerte disfrutar, aunque sea así, oye.
Besos.
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Paradela, gracias.
Un beso.
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Carmela, petarda tú!
Un beso.
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Sergio, sobran acojonados en este país.
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Virgi, todo se pega menos la hermosura, dicen.
Besos.
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Raúl, "literaturizar", me gusta. Gracias.
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Ely, todo es mío.
Serio.
Un beso.
Fantástico!!
Beso
Genial como lo cuentas, como la mismísma realidad, pura y dura pero con más gracia, donde va parar...haces literatura cómica supongo que para llevar mejor tanta tragedia.
CHAPÓ.
yo sí te veo poniendo grapas en una barra italiana guay del barrio de salamanca (propiedad de Larisa y tuya; el bar, no el barrio).
Es más, te veo doble, cuádruple, óctuple... ¿no va siendo hora de cerrar?
Norma, beso.
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Ana, me alegra hacerte reir.
Un beso.
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Nano, cerrado ya hombre. A dormir (la mona).
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