Leitmotiv

Escribo porque no tengo nada que hacer en el mundo: estoy de sobra y no hay lugar para mí en la tierra de los hombres.

Escribo por mi desesperación y mi cansancio, ya no soporto la rutina de ser yo, y si no existiese la novedad continua que es escribir, me moriría simbólicamente todos los días.

Pero estoy preparada para salir con discreción por la puerta trasera. He experimentado casi todo, aún la pasión y su desesperanza. Ahora sólo querría tener lo que hubiera sido y no fui.

-C. Lispector, La hora de la Estrella-

martes, 19 de octubre de 2010

LA AZOTEA


Desde mi ventana, mientras hago una tortilla de patata sin cebolla (no porque no me guste sino porque olvidé comprar y ya no me apetece bajar, pero me apetece tortilla) y al tiempo que imagino que preparo unas patas de cangrejo almidonadas en tempura y bañadas en vino del Rhin, me recreo con unas maravillosas vistas: la ropa tendida al sol en la azotea de los bloques de enfrente. Bueno, quizás las almas más sublimes prefieran una montaña nevada o las cataratas de Iguazú y la ropa en una cuerda les parezca de lo más chabacano (como les parece a los yanquis que no han leído la obra de Lorca, Hernández, Clarín, Baroja etc. donde esta imagen goza ya de la entidad de pintoresca), pero a mi la ropa tendida al sol siempre me ha dado muy buena onda. Como una pintura de Sorolla, con ese mar que parece nadar en sus pinceles.

Lo que roza el clímax, para mi, es verla en una pradera, como las he visto en Urdax, Santa Coloma de las Arrimadas o aquél pueblo blanco perdido en la inmensa estepa extremeña de cuyo nombre no me acuerdo. Pero como en la ciudad no es posible poner a secar la colada en el prado, junto a esas enormes ovejas navarras que te miran con ojos de malas pulgas (porque saben que has ido allí a comerte todo el queso de leche de oveja que puedas), hay que conformarse con las azoteas. Bueno, qué digo conformarse, si son un regalo del cielo. Dichoso aquél. Yo, si tuviera azotea me pasaría el día poniendo lavadoras solo para subir allí a colgar la ropa limpia. No iría ni a trabajar ni nada. Me sentaría en una sillita plegable con un libro y el delantal (por supuesto) a esperar que se secara y de vez en cuando me daría un paseo entre las sábanas y las toallas para olerlas y comprobar que no las ha cagado ninguna paloma. Luego bajaría a casa a servirme una tacita de caldo o de gazpacho (según la temperatura ambiente de la azotea) y volvería a subir más feliz que un regaliz.

Confieso que, en un arrebato de ilusión, bajé a proponerle un negocio a la chica de la lavandería: montar un tendedero a medias en nuestra azotea. De esa forma, le dije, ahorraríamos mucho al no tener que encender esas secadoras descomunales tan feas y que seguro son fatales para el medio ambiente. A lo que ella me contestó (después de soltar una carcajada) que “nosotras no tenemos azotea como tal”, que tendrían que hacer una obra titánica con el consentimiento de Gallardón, claro, y luego tendríamos que rezar cada día (y que nos hicieran caso allí arriba) para que no lloviera nunca y no se mojara la ropa de los clientes. También me dijo que las nubes de Madrid están contaminadas y la lluvia ensucia la ropa (aunque eso ya lo sabía yo), con lo que habría que volver a lavarla, doble trabajo, más gastos, que su jefe, un tal Gumersindo, o Godofredo, no lo permitiría nunca y que ella, en fin, no disponía de capital para montarse por su cuenta ni a medias con una chalada como yo (bueno, esto último solo lo pensó, no llegó a decírmelo en realidad).
“Pues que jefe más soso” –le dije. Y me fui.

Aunque un poco corta rollos, la chica de la lavandería es maja, así que no le guardo rencor por hacer añicos mi sueño con el martillo de la verdad. Además, esto de ponerme delantal y preparar tortilla (sin cebolla) me reconcilia con una parte de mi que viene de antiguo y me gusta especialmente. Así que estoy bien, no os preocupéis, porque es en estos anhelos recurrentes en los que me sobrevuelan escenas memorables y gratas del pasado. En una de ellas veo a mi madre dando forma a las croquetas más deliciosas del mundo (esto fue el domingo pasado), en otra veo a mi abuela lavando en el mismo río en el que mi abuelo, unos metros más arriba, está a punto de pescar la cena (esto fue hace muchos domingos).

Ahora miro de nuevo por mi ventana y veo que una mujer, con delantal verde, ha subido a recoger la ropa. Se la lleva en un barreño y desaparece en la línea gris del bloque que hace las veces de mi horizonte. No ha vuelto a subir ni tiene una sillita plegable junto a las cuerdas ni nada.
Qué tonta.
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Nota: La pintura es de Strongboli, amigo blogero y artista que ha tenido la gentileza de prestarme un trocito de su arte para ilustrar el post. Infinitamente agradecida.

22 comentarios:

Guido Finzi dijo...

Cuando uno no está bien, prepararse una tortilla, servirse un vaso de vino, y mirar el paisaje, no deja de ser un consuelo. Y es que, el gusto de los sentidos, adormece los males y calma el espíritu.

Un saludo

PD: yo pensaba que la lluvia, dejaba la ropa más suave.

NáN dijo...

Pues felicitaciones a los dos artistas, el pintor y la escritora.

carmen dijo...

En ese paisaje que ves de mi blog está mi casa de los trigales. Tengo un tendedero al sol que los mira. Y HOY he estado pegadita a la pared tomando el sol del mediodía y protegiéndome del viento mientras CONTEMPLABA pensativa mi TENDEDERO.
Mi amiga arquitecta me lo quiere quitar de ahí, pero yo digo que NO. Recuerdo con tanto amor a mi querida madre disfrutar de ver secarse la ropa alimentándose- eso decía - de las VITAMINAS del sol...

Creo que tenemos una cierta telepatía, querida SUE

S. Cid dijo...

Un post muy bucólico y con trasfondo.

Me ha gustado mucho, Sue. Cuando sueltas los dedos sobre el teclado, hay que ver qué delicias te salen.

virgi dijo...

Me gusta la ropa tendida.
Me gusta leerte.
Me gusta ese cuadro de tu amigo.

Besos

Mondragón de Malatesta dijo...

Hay lugarcitos que uno apetece encontrar, y este, señorita, es uno de esos rinconcitos. ¡UN VINO!, podría ser un vino, tinto y de los mejores, porque me ha envinado tanto su Post, que le he leído tres veces. Un beso, a la distancia tan descarada.

Norma dijo...

Me encanta la ropa tendida secándose al sol.
Lástima que eso por estos lares no es muy frecuente. Aquí, el tendedero plegable atravesado en el pasillo y gracias.
Precioso post. Besos

Sue dijo...

Guido, qué bien hablas jodío (y qué mal hablo yo).
La lluvia limpia es posible, pero la otra, la que tenemos por aquí, tengo entendido que no. De todas formas tampoco soy una experta en metereología.
Preparar tortilla me relaja, mucho más que planchar (esto más bien me crispa).
Un saludo.

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Pues gracias NáN.

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Carmen, pero ¿dónde vives tú? y cómo tienes tanta suerte y... jo, qué envidia me das. Fíjate que yo pensé que era la Toscana la foto de tu Blog.

Mi abuela tenía (aún tiene, la pobre, pero ya no la disfruta porque no se puede mover ni nada) una especie de azotea cubierta donde tendía las sábanas. A mi me encantaba subir allí de chica, aún a sabiendas de que me iba a llevar una buena regañina de los adultos (excepto de mi abuelo) pero me daba igual.
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Gracias Cid, siempre deseé escribir algo bucólico, porque tengo la impresión de que, la mayoría de las veces, soy algo bruta. Aunque lo he intentado, no me veo yo escribiendo cuentos para niños como Ana Rosa Quintana, Madonna o Gwyneth Paltrow.

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Virgi, pues a mi me gusta que pases por aquí y me digas esas cosas. Fíjate.

Un beso.
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Malatesta, gracias. Vino y tortilla son placeres sencillos, pero divinos. ¿De verdad que lo has leído tres veces? Vaya! Pero... ¿por que no entendiste nada?...
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Ay Norma, qué malamente y cómo odio esos tendederos! Pide una azotea para Reyes.

Saioa dijo...

caramba, me dan ganas de cerrar el portátil y lanzarme a buscar por aquí un tejado con ropa tendida.......
Pero aquñi te dan una secadora pegada a a la lavadora....., así que tendré que conformarme con el tejado, la silla y el libro.

Precioso relato

Belén dijo...

Las mejores vistas son las más altas, así que si sale tu negocio, te iré a ver ;)

Besicos

strongboli dijo...

No pienso hacer ningún comentario. Bueno, sí, uno pequeñito:
bloguista y artero, mejor.
Muchas gracias. Se lo haré leer hasta a mis gatos.
Molts petons.

Mondragón de Malatesta dijo...

Me gusta disfrutar algunos placeres más de una vez, esos placeres claro está, que se ofrecen con las manos y los dedos... Soy torpe, sí, muy torpe, pero en mi torpeza aprendí a detestar menos la vida, y adorar más la muerte, claro, con vino, y si me ofrecen tortilla sus manos, ¡divinos placeres!, que usted me regale.

Un beso.

Sue dijo...

Saioa, dichosa tú que tienes tejado donde subir. Yo si me subo al mío me detienen fijo.
Sí, la secadora por allá viene pegada al contrato de alquiler.

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Belén, ya te avisaré. Sería estupendo, pero para ello creo que tendría que emigrar.

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Strongboli, pues sea artero.
Petons.

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Malatesta, lo que gusta hay que repetirlo antes de que sea acabe, te lo quiten, o te falte tiempo.
Gracias por repetirte por aquí.

TORO SALVAJE dijo...

No sé que decirte...
Estoy mal de la azotea.

Besos.

keiko dijo...

Me parece brutal el cuadro, siento decirlo así,pero me gusta mucho como pinta, porque no expone su obra?

Esa idea es muy buena y ella se la pierde!!

Un beso, desde las baldosas amarillas.

Miguel Baquero dijo...

Te confieso que a mí me encanta ver la ropa tendida en las azoteas (no en los bloques, en los bloques queda fatal, pero en las azoteas, sobre todo si son sábanas blancas, queda artístico). Fíjate que yo creía que ese gusto por la ropa tendida y el gusto también por el olor a betún era algo que nadie comprendería ni compartiria.

NáN dijo...

En donde nací a las azoteas las llamábamos terrado (o más bien, "terráo"). Muchos después de haberme ido de allí pensé que era un contrasentido poner un nombre de "tierra" a la parte que estaba más cerca del cielo.

Todavía no he resuelto el enigma.

Era donde se hacían las fotos, porque se consideraba un lugar de privilegio, auqnue era compartido por todos.

Sue dijo...

Toro, pues no digas nada entonces.

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Keiko, dejaremos que el mismo artista (o artero) te conteste :)
Un beso.

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Baquero, el olor del betún no, pero me encanta el olor del ajo entre los dedos cuando has estado manipulándolos. En cualquier caso, me quedo con el olor del pan y el café recién hecho.
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NáN, había escuchado lo del "terrao" y no puedo descifrar tu enigma, pero "terraza" también deriva de tierra.
Fíjate que a mi las fotos me gustan más al ras del suelo...

Nómada planetario dijo...

Las secadoras en Andalucía son como vender ventiladores en Alaska. El perfume y el tacto de la ropa recién secada al sol es insustituible.
Besos desde mi balcón tapado por el gris.

Sue dijo...

Nómada, las secadoras reducen la vida de la ropa así que es un lujo poder secarla al aire, aunque a veces los colgajos no sean muy estéticos.

Dol dijo...

Me encantan las azoteas , querida Sue .
Colgaré pronto un post con un video que hice en este verano donde me pasé horas en una azotea sólo porque me gusta ver cómo el viento mueve la camisa de mi pijama .
Y ahora que me acuerdo, es que yo he pasado mucho tiempo en las azoteas, jaja.
En Sevilla los tejados viejos arañando el cielo son lo más .
Y en los días de lluvia ni te cuento.
Mil besos , amiga.

Sue dijo...

La lluvia en Sevilla, ya se sabe, Reyes, es una maravilla.
Espero tu vídeo ansiosa.

Un beso.