Llevo un par de días dándole vueltas a este post y no hay forma de que se me ocurra nada que esté a la altura. No es la primera vez que me ocurre y normalmente lo dejo pasar, no escribo nada y la experiencia se queda en mi recuerdo, para siempre, alimentándose de mis horas tristes y alegres.Sin embargo, en esta ocasión hay algo que me impulsa a compartirlo con vosotr@s o quizás solo sea la pura necesidad de compartirlo una vez más conmigo misma. Puro egoísmo quizás... No sé, para imaginar que Antonio sigue aquí.
Ni siquiera la falta de tacto de los empleados de la sala Clamores empañó el maravilloso momento que nos ofreció a los allí presentes el gran, gran, gran Antonio Vega. Un Antonio quizás marchito, triste y con las fuerzas justas para cantar 13 canciones, 14 a lo sumo, pero cargado de sensibilidad.
Yo miraba sus ojos mientras le escuchaba soñando encontrar la musa que le guía, le inspira y le ayuda a sobrevivir en este mundo traicionero y cruel. Me pareció verla cuando sonaron los primeros acordes del Sitio de mi recreo, después voló lejos y ya no sé qué fue de ella.
Creo que me costará olvidar esta noche, incluso teniendo en cuenta que tengo la peor memoria del mundo.
Gracias Antonio.

2 comentarios:
Ufff, Antonio. Tiene grandes canciones y es talento puro, pero se consume tan deprisa...
Le he escuchado un par de veces en directo, pero nunca en el sitio adecuado que para mí sería en un local pequeño e íntimo o en el Teatro Principal.
Gracias por compartir, ¡es tan bonito!
Un besazo.
Si, yo una vez le escuche a cielo abierto, en un lugar de esos que la gente acude gratis, y no fue lo mismo.
Lo mejor es algo pequeño e intimo, como él.
Publicar un comentario