Leitmotiv

Escribo porque no tengo nada que hacer en el mundo: estoy de sobra y no hay lugar para mí en la tierra de los hombres.

Escribo por mi desesperación y mi cansancio, ya no soporto la rutina de ser yo, y si no existiese la novedad continua que es escribir, me moriría simbólicamente todos los días.

Pero estoy preparada para salir con discreción por la puerta trasera. He experimentado casi todo, aún la pasión y su desesperanza. Ahora sólo querría tener lo que hubiera sido y no fui.

-C. Lispector, La hora de la Estrella-

miércoles, 15 de octubre de 2008

MAL DIA PARA DEJAR DE FUMAR

Cuando era preadolescente vi un documental sobre cómo mataban y torturaban a los animales de granja y decidí hacerme vegetariana para siempre al tiempo que presenté mi dimisión de la raza humana. La deserción de los humanos sigue (aunque solo sea emocional) pero mi periplo vegetariano solo duró unas semanas. En cuanto aparecí en el pueblo con el cuento de “eso es carne y no puedo comerlo” mi abuela me pegó tal grito que me zampé las patatas con cordero (¿o era liebre?) sin rechistar. Y es que intentar ser vegetariana en mi familia (castellano-carnívora) es como intentar ser antitaurina, republicana o atea: IMPOSIBLE.
Y que conste que lo digo con todo el cariño y el respeto, que a mi los castellanos me caen fenomenal, pero claro, dan muy poco juego y nunca su brazo a torcer.

La cuestión es que olvidé mis intenciones vegetales y seguí comiendo todo lo que me caía en el plato, sin preguntar qué era o de qué parte del animal se trataba y me convertí en una omnívora feliz.

Sin embargo (todo tiene su “sin embargo” en esta vida) con el tiempo empecé a tener problemas digestivos causados por la emoción (los atracones), porque, dicho sea de paso, siempre gocé de muy buen apetito (y poco control). Lo único que me ponía a parir eran las tartas de cumpleaños engordadas con natas, cremas y virutitas de colores. ¡Puaj! Eran el infierno en la tierra y mi feroz apetito se quedaba chiquito con solo oler un cumpleaños a meses de distancia. Y no digamos cuando se acercaba el momentazo de la tarta. Me quería morir.

Pero salvando los dulces pomposos, que me convirtieron en la niña “rara” del portal (es que una niña que no come dulces no es muy normal, no me digáis), me gustaba todo y no tenía problemas de alimentación. Al menos hasta que me faculté, es decir, me matriculé en la universidad. Me gusta decir que me alimentaba de libros (como el noble Firmín) pero no es cierto. No me alimentaba de nada. Bueno si, de nervios, emoción, estrés, ansiedad y algún café que otro, con lo que durante casi dos años preocupé a mis progenitores castellano-carnívoros.

Por suerte fue temporal y a mitad de 2º curso volví a comer como una lima el resto de mi vida hasta hoy… o, mejor dicho, hasta hace unas semanas que me diagnosticaron el síndrome este del intestino irritable. Seguramente cargo con él desde que me daban arcadas las suculentas tartas que el resto de los niños veneraban cual virgen del rocío, pero jamás ningún médico se apiadó de mi y me lo dijo. A sí son de mal bichos. Y lo digo con todo el respeto y el cariño, eh, que a mi los médicos me caen mejor que fenomenal, pero claro, si no te dicen las cosas te jode.

Y es por eso que hoy es un mal día para dejar de fumar (si fumara), porque me tengo que poner las pilas para que mi intestino no se irrite a base una dieta rigurosa y específica que no incluye carne roja y sí eliminar el estrés y la ansiedad. Y lo de la carne vale, pero eliminar el estrés y la ansiedad me pilla fatal poque no sé cómo se hace, bueno si, pero vaya, que sería peor el remedio que el síndrome.

Por que a ver, qué hacer cuando lo que te produce estrés y ansiedad es el mundo mismo (el trabajo, el casero, las prisas, la mala educación, el ruido, las mentiras, la falta de tacto, la corrupción en todas sus formas, poner la radio, leer un periódico, mis vecinos…) ¿te tiras por un puente? ¿tiras a alguien?

En fin, optaré por retirarme del mundanal ruido siempre que pueda y me dejen, incluso cuando no me dejen, que la salud de una es lo más importante. ¿O no? Pues eso.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Aviso, querida Sue: ¡No pasa NADA!
No se me asuste mujer, que sólo hay que pillarle el tranquillo al asunto y pasarla putas cuando el intestino se cabree.
Usted quiere decir que tiene el llamado síndrome del "colon irritable". ES verdad que hay que tener más cuidado con las comidas, obvio, pero ya irá probando lo que le sienta mejor y lo que no tolera. Pero, en realidad, lo del estrés tiene mucho más que ver y peor solución. Así que, disminuya aquello que le sienta mal, pero no por ello va a dejar de tener de amigo al Sr. Roca. Pasará días malos inevitablemente, pero se curará más rápido si sabe lo que hay que hacer. Y yo, gran experta en el tema le digo que se haga amiguísima del Aquarius y no abuse de comidas, alcohol, café (malísimo,oiga). Con eso, tendrá mucho ganado.
Un besico y don't worry.
Corde

Sue dijo...

Gracias Acorde, siempre me saca usted de dudas. Me duele lo del café, porque me gusta a horrores (aunque sea en pequeñas dosis) pero por lo demás creo que podré sobrellevarlo.

Este finde tuve un mal episodio y corriendo a una farmacia de guardia a comprar Almax... sé que a Txumari no le haria gracia pero no había más remedio, aquello punzaba mucho :(

Joder, la edad no perdona.

Anónimo dijo...

Sigue con tu blog, sigue natural, sigue con tus pensamientos. Enhorabuena por tu bog y te deseo suerte en las votaciones de 20 minutos, que estamos todos locos, y en general, en el futuro, pues te lo mereces. SUERTE