Leitmotiv

Escribo porque no tengo nada que hacer en el mundo: estoy de sobra y no hay lugar para mí en la tierra de los hombres.

Escribo por mi desesperación y mi cansancio, ya no soporto la rutina de ser yo, y si no existiese la novedad continua que es escribir, me moriría simbólicamente todos los días.

Pero estoy preparada para salir con discreción por la puerta trasera. He experimentado casi todo, aún la pasión y su desesperanza. Ahora sólo querría tener lo que hubiera sido y no fui.

-C. Lispector, La hora de la Estrella-

lunes, 21 de julio de 2008

SIN METÁFORAS

Una de las cosas que más me gustan de la vida son las personas. Algunas te hacen trizas, pero otras son capaces de recomponerte e iluminar la caverna en la que vives. A veces, incluso, te invitan a salir con ellas para mirarlas bajo la luz del sol y conocer todos sus ángulos. No tienen ningún miedo de mostrarse tal y como son, aunque por otro lado: ¿por qué habrían de tenerlo?

Nuria es una de estas personas y por esa razón voy a contaros su historia. Por supuesto, con su consentimiento y la promesa de cambiar referencias personales que no harían más auténtica la realidad. Porque Nuria existe, en efecto, pero con otro nombre.

Mi humilde pretensión nace de una inquietud muy personal: la de mirar a través de sus ojos y mostrar al mundo lo que siente. Extender su corazón más allá de su pecho y hacer de su coraje el motor que nos impulse, de una vez y para siempre, hacia el respeto por la dignidad individual.

Parece una ardua tarea expresado de esta forma, pero de sobra sabemos que es lo más sencillo del mundo. A veces basta con escuchar.

Imaginaros por un momento que toda vuestra vida gira en torno a una proyección errónea de lo que sois. Me refiero al hecho de que tú te sientas y te veas (seas) de una forma y los demás te perciban de otra. Sin metáforas: te sientes mujer pero a la vista del resto del mundo eres un hombre. En otras palabras: tu cubierta es la de un hombre, pero tu contenido es de mujer.

Me resulta harto complicado imaginar la dificultad que debe ser adaptar todo tu interior a un exterior dominante. Quiero decir, si ya de por sí es complicado encajar con los dictámenes de una sociedad recalcitrante que te dirige en función del sexo, imaginaros si, además, vuestro aparato genital, eso que nos define, distingue y enfrenta hasta la muerte (y cada vez más), no coincide con el sexo que tenéis en vuestra cabeza. No coincide, en definitiva, con lo que sois.

Nuria siempre supo que era una mujer, desde niña, pero moría si se miraba en un espejo, pues lo que veía no era real, aunque lo fuera para los demás y para la ciencia. Reflexionad un momento sobre lo que puede suponer esa contrariedad, ese choque, aunque nunca lo hayáis vivido.

Yo lo hice, antes y después de conocer a la chica del espejo, para no limitarme a esbozar una defensa general (y que nadie me ha pedido) sobre la transexualidad. Nadie mejor que quien vive desde la cuna esa dicotomía tan brutal puede defenderlo mejor. Aunque más que una defensa, se trata de una reivindicación: la del derecho a una vida normal.

Nuria tiene 21 años y es una mujer inteligente, competente en su trabajo, divertida y dueña de una madurez admirable. Además es sexualmente activa, a pesar del perjuicio que le ha causado siempre su aparato genital, el cual nunca ha sentido como algo propio. Aun así, cuando habla de sexo, tiene muy claro lo que le gusta y es por eso que desde hace 7 meses vive sometida a un tratamiento para que aflore su completa feminidad. No porque necesite el consentimiento de una sociedad que la rechaza como mujer en un cuerpo de hombre, sino porque necesita disfrutar de su cuerpo como la mujer que es.

Pero no se trata solo de sexo, obviamente, aunque el tratamiento consista en hacer visible un sexo que no lo era al nacer, sino de una cuenta pendiente con la propia vida.

Me sorprendió la naturalidad con la que Nuria lleva el proceso y la serenidad con la que habla de él. En parte lo ve como un simple trámite, aunque ello suponga someterse a infinitas pruebas médicas y psicológicas, y en parte como el inicio de una nueva vida. Sabe que tras 14 horas de intervención quirúrgica en la Ruber, todo será distinto y mejor, porque, entre otras cosas, ya no tendrá que dar explicaciones sobre su género.

14 horas y 25.000 euros de crédito para convertirse en algo que ya es parece un precio desorbitado, pero Nuria no tiene dudas al respecto. El miedo no entra en sus planes, ni la vergüenza, ni la desesperanza. Al contrario, cuando se expresa y nombra como lo que es, como mujer, hay un brillo en sus ojos difícil de esquivar.

Recuerdo que durante los primeros minutos, cuando yo aún era solo la incauta que quería saber, la extraña, la “hetero”, la conversación general derivó hacia rumbos banales, pero en seguida su franqueza cogió el timón y me permitió conocerla mejor. Reconozco que envidié su fuerza, esa que a mi me falta muchos días y además logró transmitirme una alegría que aún hoy, cuando la recuerdo, me hace reír.

Dos cosas quiso Nuria que yo tuviera claras. En primer lugar, que se denomina transexual a aquella persona que está siguiendo un tratamiento para cambiar de sexo, y no a la que ya ha dejado atrás el proceso y es ya hombre o mujer. Y en segundo lugar, que la mayoría de las transexuales no se dedican a la prostitución, aunque sea de las que más se habla en los medios.

Cuando uno nace no puede elegir muchas cosas. No eliges ni los padres que te van a educar, ni el lugar en el que vas a vivir, ni el sexo que vas a tener. Uno sale al mundo totalmente desamparado y solo un tiempo después cree que deja de estarlo. Pero se trata de un espejismo, porque uno siempre está desamparado y solo en la vida, máxime cuando es diferente. Esta diferencia puede ser un verdugo o un motor. A mi me gusta pensar que es un motor… ¿y a vosotros?..

DEDICATORIA: A Nuria y al resto de transexuales que tiene que luchar cada día por convencer a los demás de que son tan merecedores de una vida normal como cualquiera.

3 comentarios:

A corderetas con mi alma: "Corde" dijo...

Si ya es jodida la vida de por sí, tener esa sensación tiene que ser una jodidenda de las grandes. Respeto mucho a los transexuales y pienso que, si son capaces de jugarse la vida por ser como realmente se sienten, por algo será. No es plato de buen gusto meterse tanta hormona, tanto tratamiento y todas las operaciones que el proceso conlleva por un "capricho" como lo denominan algunos. Vaya, que ni de coña es un capricho y hay que dejarlo clarito.
Suerte para Nuria, que de momento ya se puede decir que es una persona muy valiente.

Anónimo dijo...

hola a todos. yo simplemente queria decir que las personas transrexuales tenemos muchas trabas en la vida, pero que si cada persona que la sociedad considera "normal", nos ayudase un poquito o por lo menos no nos lo pusiera mas dificil, todo seria mucho mas facil para tod@s nosotr@s.
un caso concreto:
Sabado, 1 de la madrugada, conduciendo con mi coche:
me para la guardia civil y me pide el carnte de conducir. se lo entrego y me dice que el de mi hermano no sirve, que le enseñe el mio.
yo le digo que esa persona del carné soy yo, pero que estoy haciendo el cambio. el guardia civil no se lo cree y me llevo "retenia" hasta la comisaria de segovia para tomarme las huellas dactilares.
A las dos horas de estar allí, me dice que soy una persona enferma, pero que por eso no me puede retener mas en la comisaria y que me valla.
Moraleja: no nos hagais la vida mas complicada que ya la tenemos de por si.
Gracias por vuestra comprensión y por vuestro granito de arena, que todos juntos hacemos montañas.
nuria

Sue dijo...

Acorde, Gracias por tu intervención. Siempre me alegran tus comentarios.

Nuria, Gracias inmensas por escribir aquí y dejar constancia de tu episiodio lamentable con la Guardia Civil. Imagino que no será el primero ni el último. Pero Ánimo. Tú ya sabes que los impresentables que no respetan a nadie no merecen la pena y el tiempo les espera para darles su merecido.

Un beso muy fuerte.