Leitmotiv

Escribo porque no tengo nada que hacer en el mundo: estoy de sobra y no hay lugar para mí en la tierra de los hombres.

Escribo por mi desesperación y mi cansancio, ya no soporto la rutina de ser yo, y si no existiese la novedad continua que es escribir, me moriría simbólicamente todos los días.

Pero estoy preparada para salir con discreción por la puerta trasera. He experimentado casi todo, aún la pasión y su desesperanza. Ahora sólo querría tener lo que hubiera sido y no fui.

-C. Lispector, La hora de la Estrella-

jueves, 24 de julio de 2008

DE VUELTA

Comillas Lo confieso: he vuelto a leer a Bucay. Y no solo porque me preocupe haber estado de acuerdo con J.M. de Prada en dos artículos suyos (que también), sino porque lo necesitaba.

Si, porque Bucay es como ese lugar apartado cerca del mar o la montaña, ese pequeño bar o parque silvestre hacia donde caminamos (volvemos) cuando ya no podemos más. Es ese momento en el que dejamos de intentar pegar el dolor a nuestras suelas y aplastarlo contra el asfalto para no verlo y nos detenemos un instante para invitarlo a un café.

Ese es mi Bucay.

Y todo lo que me digan los que critican su obra y le tachan de chalado o charlatán (fijo q J.M. de Prada es uno de ellos) me la trae floja (la corona, como diría Rosetta) porque para mi es una pequeña tabla de salvación.
Por otro lado, me gusta cómo dice las cosas. No intenta convencerte, ni consolarte, pero es capaz de hacerte salir de la burbuja para que no te pierdas la caída del sol sobre el océano.

El trabajo más duro es el que queda tras su lectura, el que ya pertenece a uno mismo, pues él no tiene una varita mágica para hacer desaparecer los problemas de nadie, pero sin duda merece la pena ver que uno es capaz de intentarlo.

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