Leitmotiv

Escribo porque no tengo nada que hacer en el mundo: estoy de sobra y no hay lugar para mí en la tierra de los hombres.

Escribo por mi desesperación y mi cansancio, ya no soporto la rutina de ser yo, y si no existiese la novedad continua que es escribir, me moriría simbólicamente todos los días.

Pero estoy preparada para salir con discreción por la puerta trasera. He experimentado casi todo, aún la pasión y su desesperanza. Ahora sólo querría tener lo que hubiera sido y no fui.

-C. Lispector, La hora de la Estrella-

lunes, 2 de junio de 2008

JET LAG

A veces me veo sentada en medio de un montón de escombros, sollozando porque un gran tornado se ha llevado mi casa y a la gente que quiero. Sola en mitad de la nada y sin razones para seguir. Sé que no tengo derecho a sentirme así, porque soy una persona afortunada en un océano de personas desgraciadas. Me lo dicen los periódicos y la vida, que no tengo ningún derecho a quejarme ni a llevar este jet-lag más allá de los límites. Pero lo cierto es que cada vez me resultan más fatigosos los cambioS de horario ¿será la edad?...

Supongo que lo mejor para todo es ser joven, una se cansa menos y se adapta y desadapta a los cambios más rápidamente. Lo dicen hasta las revistas para mujeres: Joven y guapa triunfarás. Aunque estoy de acuerdo con Lucía Etxebarría en que las mujeres con arrugas también triunfamos (y “follamos” inclusive, Lucía dixit). Me hago eco de su reivindicación en contra de las casas de cosméticos y cremas milagrosas, la cual me trae recuerdos de USA (inevitablemente) y de una revista que leí allí: People en español. O lo que es lo mismo: People para latin@s.

En este completísimo magazín lleno de extraños giros gramaticales se encumbra la belleza impertérrita de la dama como único favor de Dios. Y se recuerda a toda princesa latina que si Dios no le ha hecho el favor, le queda el comodín de la cirugía.

Gracias a esta revista me enteré de que Salma Hayek se ha puesto globos nuevos y que Penélope Cruz tiene un cuerpo para envidiar (yo que siempre la vi tipo gallina clueca: sin cintura y con patitas finas) y constaté una paradoja de la vida: que en ciertos países de Sudamérica lo más natural es lo antinatural. Es decir, lo natural es que la mujer se opere para ser la más bella porque la belleza de nacimiento no es suficiente. Siempre hay algo que retocar. De esta forma, la mujer entra en una competición estética absurda y bastante triste que tira por tierra cualquier atisbo de igualdad para con el macho-men latino.

Este no tiene que ser bello, basta con que tenga posibles (es decir: plata, o mejor: dólares) y parezca un tío duro de roer, pero con un toque romántico. Dentro del universo masculino hay varios tipos que se repiten (basta leer un solo número de People para quedarse con ellos): el tipo Luis Miguel: romántico y de intachable planta (aunque en el fondo sea un borde y más feo que un pié), el tipo Mark Anthony: romántico e intelectual (y más feo que un pie), el tipo rapero-reggeaton (sin comentarios) y Ricky Martin (el único guapo pero gay).

Imaginaros, chicas, la vida dentro de una de esas revistas, así bien concentradas, ¿no os dan ganas de tiraros del Empire State? A mi si. Es posible que me falte sangre latina para ver la vida en dos colores (rosa y rosa) y considerar la cirugía el camino a la felicidad, pero de momento ya hago bastante con depilarme y mantener mis canas escondidas. El resto se me antoja una pérdida de tiempo.

Lo más gracioso, ya para terminar de despotricar sobre el magazín (magazine si el Word no me corrige), es que te presentan la cirugía como una decisión madurada y libre de la mujer y no como una práctica peligrosa, aberrante y esclava al más puro estilo victoriano. Antes eran los corsés y ahora el botox, la sumisión a la imagen está servida.

Yo tengo la pequeña y nada científica teoría de que las que se operan una vez, vuelven a operarse y siguen haciéndolo hasta que se mueren y que esta especie de adicción al quirófano es causa o efecto de una enajenación mental permanente que las vuelve de espaldas a la realidad. No sé, se me ocurren muchos nombres de famosas y no famosas que han sufrido una transformación física paralela a la mental. No mejorando, sino empeorando mente y cuerpo. No solamente no son más guapas ni más maduras ni más felices por haberse operado (que son condición y efecto, respectivamente, de la cirugía, según se empeñan en repetir para justificar lo injustificable), sino que además, parecen más tontas.

¿No os parece?... o a lo mejor son solo imaginaciones mías.


1 comentario:

Anónimo dijo...

Que lo que es “normal” para unos, para otros sea una monstruosidad resulta tan chocante como el hecho de que todos vivamos bajo el mismo cielo. Pero claro, si viviéramos en planetas diferentes supongo que sería muy aburrido. Claro que no sería tan triste y frustrante cómo ver a millones de personas ensimismadas en sí mismas mientras millones de otras se mueren de hambre o son víctimas de todo tipo de vejaciones.

¿Cómo es posible que algunas personas den tanta importancia a lo más superficial de la vida habiendo tanto que enmendar? ¿Dónde empezó a torcerse el mundo?

Pandereta