Leitmotiv

Escribo porque no tengo nada que hacer en el mundo: estoy de sobra y no hay lugar para mí en la tierra de los hombres.

Escribo por mi desesperación y mi cansancio, ya no soporto la rutina de ser yo, y si no existiese la novedad continua que es escribir, me moriría simbólicamente todos los días.

Pero estoy preparada para salir con discreción por la puerta trasera. He experimentado casi todo, aún la pasión y su desesperanza. Ahora sólo querría tener lo que hubiera sido y no fui.

-C. Lispector, La hora de la Estrella-

miércoles, 9 de abril de 2008

CRISIS DE LOS 30


Cuando no tienes privaciones de primera necesidad y vives en un “primer mundo” abrumado por necedades, llegar a la treintena deprime mucho. Vaya, que es otra necedad más convertida en psicoescollo (también llamado: escollo emocional), que dibuja el mapa de nuestras vidas. Y yo como humilde y apasionada cartógrafa, estoy aquí para vivirlo y escribirlo. ¿Qué otra cosa podría hacer?...

Dicen que los 29 son el umbral hacia la madurez definitiva (sin piedad) y los 30 el mazazo final, y es posible que tengan razón. Todos creemos que estamos preparados para ello, pero cuando llega nos duele como si nos aguijonearan los riñones con un punzón. Y esto es universal, no me digáis que no, aunque, por supuesto, tiene graduaciones según las circunstancias y la personalidad de cada cual.

Por ejemplo, Tamarita Falcó no vivirá la llegada de la treintena como el resto de los treinteañeros de a pie, aunque solo sea porque la recibirá en su nuevo apartamento de lujo en pleno París de la France. Pero tranquilos, no lo digo con envidia, que ya tengo 35 y lo material nunca me ha estremecido, aunque reconozco que cierto día sentí algo parecido a la envidia (insana, por supuesto) por la vida de esta joven.

Fue en la sala de espera de mi amado dentista (de cuyas manos de seda ya dejé constancia en Cartografía I), hojeando el HOLA de la paciente de al lado casi por necesidad. Yo no quería, pero estaba demasiado cerca, el sofá era pequeño, éramos muchos… en fin, que por una cosa u otra me enteré de la gran noticia: Tamarita y mamá Preysler pasaban una tarde de compras por Nueva York. Por supuesto, con tres porteadores, un chofer y un paparazzi , sino ¿qué sentido salir de casa?

Supongo que era noticia porque lo normal en las chicas de la familia Preysler-Iglesias-Falcó-Boyer (creo que con esta mujer se ha terminado el imperio del apellido del varón) no van a comprar a las tiendas, sino que las tiendas van a ellas. Si no fuera así, la noticia de su salida al mundo real se repetiría cada día en las revistas, porque a parte de ir de shopping ¿a qué otra cosa se dedican?...bueno si, esquiar, fiestas en yates, anuncios de Ferrero Roché, pero antes hay que contar con los modelitos para todo eso ¿no?

El caso es que preferí estar en la Quinta Avenida de shopping con las chicas más sonrientes del planeta rosa, que donde estaba: a punto de que me metieran un tornillo en la mandíbula por el módico precio de 1.100 euros. Vamos, ni comparación. Y eso que llevaba esperando esa cita con mi dentista más de 20 años.
No sé qué hablan del primer amor, yo creo que el último es el más importante. ¿Quién se acuerda del primero? ...(pues sí que me acuerdo, menudo hijo de Satán el daño que me hizo con el primer empaste).

¡Ay! Cómo deseé pertenecer por un día al universo Preysler y vivir una de sus tardes estivales de shopping sin que te pesen las bolsas y te sude hasta el támpax, por no hablar de tener que mirar el precio de cada prenda antes de comprarla como si estuvieras deshojando margaritas “esto sí”, “esto no”, “si”, “no”.. coñazo.

No sé, no me veo como hermana mayor de Tamarita (¿tendría que hablar como ella?), pero mi crisis de los treinta no hubiera objetado ni lo más mínimo un nidito en París o una tarde de shopping en la Quinta con chofer y porteador incluidos (el paparazzi casi mejor otro día, cuando sea famosa).

¿Habrán tenido las chicas Preysler o las Hilton la crisis de los treinta o alguna en su vida? ¿Acné? ¿Menstruación?...Muchos dirán que sí, porque el dinero lo único que garantiza es un abanico de falsas amistades, pero ¿acaso no hay falsas amistades entre los ciudadanos que deshojan margaritas?

El que esté libre de culpa que lance la primera piedra.

Yo, como no veo viable ser hermana de Tamarita en esta vida, sobrellevo mis crisis con pequeñas dosis de Ribeiro y tortilla, o bien las distraigo con los espectáculos de variedades que proliferan por doquier en el mapa del mundo.

Y luego está el cine.

Como novedades fílmicas (mira que me gusta inventarme palabros) tenemos: Fuera de carta, que se estrena el viernes 11 con Javier Cámara de galán protagonista.
Y en rodaje (tachán, tachán): Quantum of solace, la última entrega de 007, con Daniel –elmejorBond- Craig dispuesto a enseñar cacha y carácter de nuevo.

¡Treinteañeros, despertad!

Dedicatoria: Dedico este post a la expléndida treinteañera Uma (Thurman) y a los creativ@s de Coca Cola por su última campaña: "Lo que te hace diferente es lo que te hace maravilloso". Y olé.

5 comentarios:

Davidik dijo...

Lo de los tres porteadores en la quinta avenida nos hubiera venido muy muy bien esta semana santa. En la sexta, la séptima... por lo demás no envidio en absoluto ese tipo de vida. Y no quiero parecer hipócrita porque a todos nos gustaría tener más dinero, pero para usarlo de otra forma. Lo de ir a fiestas en yates... vamos, que no me veo.

Anónimo dijo...

Pues hace no mucho a mí no me amargaba en absoluto ir a fiestas celebradas en yates, especialmente acompañada de amigos. Claro que esos amigos seguramente nada tienen que ver con los amigos de la Presley, la Falcó o la Hilton. Porque son personas trabajadoras a quienes les apasiona el mar y la navegación.

El caso es que durante algunos años también yo soñaba con la idea romántica de vivir en un velero para viajar por todo el mundo y amanecer cada mañana en un lugar diferente, hasta que me enteré que todos los barcos de recreo del mundo contaminan más que todos los accidentes de petroleros ocurridos en un año. Así que, debo admitir que sí, que por un lado yo sí me veo de fiesta sobre un yate, pero mi conciencia ya no me dejaría disfrutar tanto como antes. Si tuviera dinero para comprarme un barco preferiría un velero, pero sólo si las consecuencias no fueran dañinas para el medio ambiente. Y si hay que elegir entre la consulta del dentista y un día de compras por la Fith Avenue sin mirar precios… pues por supuestísimo que “de compras”, pero sin la Presley, sin la Falcó, sin los paparazzi, sin ninguna “personal assistant” y, sobre todo, sin mi dentista. ¡Qué estrés!

Sin embargo, entiendo muy bien lo que Davidik menciona sobre “usar el dinero de otra forma”. Y la verdad es que sí, que existe un abanico espectacular de posibilidades en cuanto a cómo gastar dinero. Y es frustrante cómo lo usan algunos de los que tanto tienen. Sería maravilloso tener dinero de sobra: para acceder a todo lo que nos gusta y cuesta sin perjudicar a nada ni a nadie, para disfrutarlo con otros, para que trabajar no fuera una “obligación” sino una “opción”, y para poder ayudar al mismo tiempo a otros que lo necesiten y quieran la ayuda (que ni todos los que la exigen realmente la necesitan, ni todos los que creemos que la necesitan la quieren ya que son capaces de vivir sin mucho menos de lo que nosotros tenemos). En fin, que yo no sé que hace la Presley con su dinero además de gastárselo de compras por NY. Pero sé que hay otros que lo invierten en programas de ayuda en el tercer mundo (Bill Gates por ejemplo).

Lo de siempre, que el dinero en sí mismo no es responsable del uso y el valor que sus propietaros le den, y mucho menos de su conciencia. El poderoso caballero don Dinero es meramente un pelele.

Todo esto me hizo pensar en el concepto de “envidia” del que tanto se ha escrito y hablado. Unamuno decía que “la envida es mil veces más terrible que el hambre, porque es hambre espiritual” y Napoleón que “la envidia es una declaración de inferioridad”. Los diccionarios la definen como “un sentimiento intenso de poseer algo que es de otro” y la asocian con el color verde o el amarillo.

¡Sue! Estamos perdidas. El verde siempre ha sido mi color favorito y el amarillo el tuyo. ¿Estaremos destinadas a vivir nuestras vidas con “envidia”? ¡Oh, no! Cambiemos de color. Pero…si nosotras no queremos hacerle daño a nadie. Y qué si una no puede dejar de desear objetos o éxitos que otros tienen. ¿Será verdad eso de que la “envidia” puede ser “sana”? La envidia no es el deseo de querer despojar a otro de todas o alguna de sus pertenencias, materiales o no, sino de poseer algo de otro que nos gusta. ¿Y si al mismo tiempo que lo deseamos nos alegramos de que esa persona lo tenga? ¿Es eso lo que llaman “envidia sana”?

¿Entonces la otra cuál es?

...disquisiciones de un viernes noche.

Pandereta

Sue dijo...

Yo tampoco me veo en un yate todos los días, pero un ratito si, solo por probarlo,je,je.
Davidik gran reflexión lo de usar el dinero de otra forma.

Recuerdo una antigua compañera de trabajo que jugaba mucho a la lotería y un día le pregunté: "¿qué harías si te tocara?" y me contestó :"quedarme en el sofá de mi casa todo el día sin hacer nada".
Y yo pensé "qué tristeza con lo ancho que es el mundo y la cantidad de cosas que se pueden hacer".

En fin, cada uno es un mundo.

Pandereta, eres una pija! jaajaj :) esas fiestas en yate que te pegabas hasta hace muy poco lo demuestran.
Ahora, lo de la envidia es cierto, eh, que si fuera tiña ... ufff, qué te voy a contar que tu no sepas...

Anónimo dijo...

Pues sí, Sue, esa es la realidad, ¿qué le vamos a hacer? Un día es una fiesta en un yate, unas Navidades invierto la mitad de mi salario en llevar el equipaje lleno de comida y ropa para ayuda humanitaria en Haiti, otras prefiero sumergirme en el mar de Fuerteventura para aprender buceo, los últimos meses he estado colaborando de voluntaria para una ONG en Philly que ayuda a familias de bajos recursos económicos,…mi horizonte es amplio y hay espacio para todo lo que considero enriquece mi vida de forma positiva, tanto dar como recibir.

De todas formas, quiero dejar constancia de algo.

1. Vivo en una ciudad con dos ríos navegables a menos de una hora del mar. Lo que explica que mucha gente tenga embarcaciones de todo tipo, especialmente los apasionados de la navegación. Yo tuve la suerte de conocer a varias personas que me contagiaron el deseo de pasearse por el mundo por encima y por debajo del agua.

2. En Estados Unidos, el salario mínimo es más alto que en España, y las carreras académicas generalmente “sirven” para algo…de momento. Así que si has ido a la universidad es muy posible que tengas un trabajo relacionado con lo que has estudiado que no sólo te permita pagar facturas sino también aficiones. Lo que no significa que de repente dejes de hacer las cosas que hacías antes y costaban poco o nada, sino que las compaginas con otras que antes no podías quizás permitirte.

De todas formas, no todas las personas con embarcación que conozco tienen una carrera pero sí trabajo. Supongo que es una pasión en la que se invierte según las circunstancias económicas personales de cada uno.

Pandereta

Sue dijo...

Pandereta, ya sabes que lo de "pija" era broma, pero muchas gracias por tu aclaración. Viene muy bien otro punto de vista lejos de esta ciudad mesetaria y asfixiante, sin ríos ni mares cerca.
Mil besos.