Ay, qué penita pena. Daniel -Bond- Craig asegura que en esta entrega no saldrá en bañador. Pero ¿por qué? ¿Qué le he hecho yo (y el resto de la humanidad con buen gusto) al director y al guionista de Quantum of solace? Pero no han salido en paños menores las chicas Bond toda la vida del señor. Hombre, por favor, un poquito de imparcialidad en lo pueril, que sino la vida se tolera malamente.Pero ¿qué les cuesta? Si además, sería bueno para todos.
En primer lugar, Daniel luciría palmito antes de arrugarse como una pasa y lucir barriga, subiría su caché, mejoraría su vida social (pues le saldrían un montón de pretendientas/es) y quedaría como mito sexual para los restos, dejando la saca llena para sus vástagos.
Por otra parte, el productor se ahorraría al menos tres o cuatro docenas de trajes de a 3.000 dólares (o lo equivalente en libras) de los que suele destrozar Bond en las escenas de acción, y si a eso le añadimos que aumentarían las ventas en taquilla, el ahorro rozaría el órdago.
Y en cuanto al público, ni que decir tiene que nos gastaríamos los 7 euros del cine y los 20 del dvd original con muchísimo gusto (los que pirateasen llegarían al éxtasis fijo) y seríamos mucho más felices.
Fíjense con qué poquito... si es que...
Pero bueno, seguiremos arrastrando la pereza hasta la gran pantalla para rascarnos el bolsillo mientras maldecimos al país, porque pagar 7 euros por una tarde de cine es como dejar que te atraquen en plena Gran Vía y encima sonreír al atracador (como sonríe una a la taquillera).
Aunque, por otra parte, da menos pereza dejar que te atraquen en el cine que apoltronarse en casa y encender la tele, porque entonces, además de atracarte, se reirán de ti en plena jeta. Por mi parte, solo espero no estar nunca tan aburrida como para encender la tele y tragarme uno de esos programas que venden a su madre por una exclusiva, porque entonces sí que pensaré que la vida no vale la pena.
Eso sí, jamás me faltarían temas de los que escribir por aquí, aunque fueran de lo más cutre.
Por ejemplo, el otro día escuché como en un programa comparaban la cara de Jessica Lange con un mapa arrugado y después la invitaban a que visitara al cirujano plástico. Qué coraje me dio. Hubiera llamado al “teléfono de aludidos” ese para decirles cuatro cosas si no fuera porque yo solo insulto gratis. Menuda panda de impresentables. Y yo gilipollas por perder dos minutos en escucharlos, claro.
Otra lindeza la vi en un zapping: Dos niños desenterraban el cadáver de Ana Obregón y hacían chistes malos a los pies de su tumba. Se supone que era una especie de gracieta, pero no tenía ni puñetera gracia. Más bien daban ganas de cortarle los dedos a los guionistas para asegurarse de que no escriban más en su vida. Vamos que yo soy la Obregón y les meto un puro que les cierran el programa. Y eso que a mi esta señora me da cien patadas y que se metan con ella me la trae más bien floja, pero una cosa es una cosa y seis media docena.

2 comentarios:
¿Tanto morbo le despierta su soñado Bond? A mí no me desagrada, pero vamos, que no veo a Bond en la gran pantalla ni gratis (bueno, gratis sí, que no le hago ascos a nada).
Pues sí que me jode también a mí lo de la Lange, que parece que todas tienen que estar botulíticas (ein?) para seguir viviendo. Por eso me encantaba la Hepburn (Kate). A ella le daban igual las pintas que llevara mientras diera en escena el pego. Ñó, que hay que ser un poco más auténticas en todos los sentidos.
A corde, yo también soy más de Kate que de Audry. Siempre me ha parecido mucho más carismática y no le hacía falta ir a la última para ser la bomba de actriz que era. Además de guapa e inteligente.Con su propio estilo, si señora.
Y, si, me gusta Bond, pero yo no lo llamaría morbo...creo, es que eso me suena a enfermedad... ¿no?
Publicar un comentario