
- Pero… ¿eran normales? …quiero decir, españoles o…
-No, no, eran de esos albanokosovares, moros o algo así…no sé.
-Ah, pues me parece bien. A esa gente que la controlen que es muy mala y no me gusta.
Esto, que bien podría haber sido una conversación imaginaria entre la niña de Rajoy y Sánchez Dragó, es un diálogo real entre dos españoles de ideologías políticas distintas. Y, no sé a vosotros, pero a mi me parece muy triste ver como ideologías contrarias solo se ponen de acuerdo a la hora de identificar la calidad humana con la nacionalidad.
Llamadme pejiguera, pero podría sacarle grasa a este retazo de conversación hasta dejarla seca, haciendo que, incluso, resultara graciosa. Aunque, obviamente, no tenga ni puñetera gracia.
Es rabiosamente divertido, por ejemplo, que alguien que no ha estado JAMÁS en Albania ni en Kosovo reconozca un albanokosovar a leguas de distancia, sin tan siguiera oírle hablar (y esto solo valdría en el supuesto de que conociera el idioma, claro), ni mucho menos preguntarle (¿para qué?). Todo esto mientras se fuma un pito y se toma una cerveza en el bar de Pepe, frente al partido R. Madrid- La Roma.
Admiro esa capacidad de deducción innata y esa grandilocuencia a la hora de expresar, casi sin que se note, una descalificación tan manida y casposa.
Hubiera quedado hasta cosmopolita si no hubiera terminado la frase con eso de “moros o algo así”. Ahí ya la pifia del todo, porque hasta los iletrados (o inmapados) saben que Marruecos no es lo mismo que Albania. Vamos, que son países distintos, primo. A no ser que al decir “moro”, en ese tono tan cariñoso y cordial, no haya querido decir marroquí sino no sé….ummmm… (¿QUÉ?)
Claro que, antes de esta pifia, ya nos asalta la duda cuando se identifica el ser español con ser normal. Esta bonita comparativa deja claras dos cosas: primera, que esta persona vive en España porque tiene que haber de todo, y segunda: que vive encerrada en una cueva y no ha oído hablar nunca de Pocholo, u Ortega Cano, por ejemplo. Porque si esos españoles son normales que baje Dragó, digo dios, y lo firme.
Pero lo mejor es lo de “esa gente”. ¡Me encanta! Parece que al ratito, cuando le preguntas “¿a qué gente te refieres exactamente?”, te va a soltar la recurrente referencia de “pero yo no soy racista, eh, mira, el novio de la sobrina de mi vecina es de Perú y es un chico muy majo”. Y ya solo queda averiguar si el peruano es majo solo por ser peruano, por ser el novio de la sobrina de la vecina o porque su padre es un oligarca forrado de millones.
Si ya lo decía no sé quién, que el color que más importa no es el de la piel, sino el de los billetes.
En fin, que una es ya una abuela y no se entera de muchas cosas y le aburren otras tantas, aunque algunas le duelan. Hay hasta quien hace listas para marcarles pautas a sus parejas, como una especie de guión (qué triste), yo no, a mi que me registren, pero juro que lo he visto.
Y mientras tanto en Albania, en Kosovo, en Anantapur, en Namibia, en Colombia y en Madrid muchos escupen sangre para que otros vivan mejor, y esto tampoco lo digo yo, lo dice el poeta, pero también lo he visto.
Lo hemos visto todos, cada día, incluso con los ojos cerrados.
También es cierto que, a veces, se ven cosas lindas si uno se fija bien.
Yo me quedo con esta imagen: al chico de subastas Durán le han regalado un saco de dormir semi nuevo para pasar este final de invierno y el resto de los que le quedan. No sabe nada de pintura, pero lleva años durmiendo a los pies del arte, bajo un cartón. Nadie le ha preguntado si prefería a Rajoy o a Zapatero, la verdad es que nadie le pregunta nada casi nunca. Será que su respuesta no importa, aunque fuera un voto.
Y yo me pregunto: nuestras respuestas... ¿importan?...

1 comentario:
Tienes razón, sobre todo en eso que dices que se discrimina sobre todo por el money, mucho más que por la raza. La apariencia y el dinero es lo que cuenta para la sociedad y no digamos para los políticos, que son la clase más elitista a mi parecer. Un ajco, hija mía.
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