
Aunque hubo un tiempo, o quizás solo una noche, en que fui graciosa… creo.
En estos momentos escucho a Maria Rita para inspirarme, aunque parezca que la música brasileña nada tiene que ver con mi “oscuro objeto de deseo”, pero bueno, son cosas mías, que tampoco hay que contarlo todo.
Imagino que ya habréis averiguado que el post va de Javier Cámara y que quizás, a lo mejor, ¿no será verdad?, este pequeño actor calvo y de atractivo inaparente es mi objeto oscuro de deseo y entonces, así, de entrada, ya habrán estallado vuestras risas. Pues nada, reíd, que yo sigo con la historia.
No os voy a contar cómo me imagino yo a Javier Cámara a veces porque, además de rara me vais a tener por una salida desquiciada, pero cada uno es como es y no se puede huir de la mismmidad. Más quisiera yo a veces. Además, la imaginación es gratis, libre y muy perversa y no siempre una tiene ovarios para controlarla.
Para los que la risa les permita seguir leyendo les diré que Javier Cámara me gusta desde su época en Siete Vidas y ya desde entonces le considero un actor especial. No sé si es bueno o malo, porque yo no soy quien para ponerle esas medallas, pero en comedia me parece tremendamente gracioso y en los dramas derrocha sensibilidad. Ya sé que esto no sirve como excusa para desearlo en la intimidad, pero como ya digo, a veces a una le da por ahí y toda razón se vuelve pequeñita y se escurre cual anguila.
Quizás os preguntéis (sin dejar de reír, al final voy a empezar a repartir yoyas) a cuento de qué viene revelar aquí semejante estupidez sin trascendencia. No por Javier, que es un tío estupendo, sino por la confesión en sí misma. Bien, pues os lo intento explicar.
Se trata de un ejercicio para liberar carga de mi mochila. Esa mochila que todos llevamos y que está llena de cosas. Ya sé que una correctora de estilo en potencia no debería utilizar un concepto tan vacío como este: “cosas”, pero es que realmente eso es lo que son: cosas.
Movidas internas, tonterías, espinas tragadas, zampoñas… y hoy necesitaba soltar esta. No porque considere que Javier sea una tontería sino porque la razón que me llevó a transformar esa pequeña atracción cinéfila y casta en una atracción menos casta (y algo absurda) sí lo es. Y me encantaría conseguir averiguar con este post desoxidante si Javier solo es mi oscuro objeto de deseo porque me recuerda a alguien, en lugar de por sí mismo. Porque si es así, me voy a tener que descoser la mochila del cuerpo y tirarla al mar.
Claro que en Madrid no hay playa (vaya, vaya) y seguro que a quien me recuerda ni siquiera sabe que se parece a Javier Cámara (pues yo nunca se lo dije) o quizás no se parece y yo me haya vuelto loca.
No sé si me gustaba uno porque me recordaba al otro, o el otro porque me recordaba al uno, pero me dio un tiempo por hacer el idiota y no había manera. Con suerte, todo fue un espejismo que duró un cuatrimestre, pero lo de Javier Cámara ya va para un año.
Hace unas semanas le vi en la peli Malas temporadas y aguanté el debate de la Guillén Cuervo solo por él y, para más INRI, me pareció que estaba más guapo que nunca con su barba llena de canas y sus gafas supermodernas. Vaya, como las maracas de Machín. Yo, claro, no él. Pobre.
De un tiempo a esta parte, ando esperando que todo sea un espejismo y que desaparezca cuanto antes, porque una no puede ir por ahí diciendo que le gusta Javier Cámara porque le recuerda a alguien que no sabe si se parece, pero que en un tiempo pensó que sí, aunque ese alguien ya no exista y aunque existiera tampoco importa porque en Madrid no hay playa para arrojar mochilas llenas de cosas.
Movidas internas, tonterías, espinas tragadas, zampoñas…
No me digáis que no es surrealista… pero me consuela saber que os habéis reído, no me importa, podéis reconocerlo sin miedo. En cualquier caso, ha sido mejor esta historia que una pataleta sobre el trabajo, que es lo que tenía en mente para hoy. Pero casi mejor lo dejo para otro momento más aburrido...aunque siempre puedo esbozarla y así, de paso, podéis comentar algo de esta entrada que ha empezado tan surrealista e incomentable.
La pataleta es que me indigna mucho el hecho de que, al no ser fumadora activa (porque pasiva lo soy un rato largo), no puedo disfrutar de diez, quince o treinta minutos de relax en la oficina para bajar a tomar el aire. En realidad, los fumadores tampoco pueden (tras la bendita Ley antitabaco), pero lo hacen. Algunas hasta se colocan el abrigo, cogen el bolso y tardan tres puros habanos en volver. Y una a penas puede irse a desayunar y pasarse tres minutos sin sentirse culpable.
Reconozco que agradezco la ley por lo bueno que me ha traído: no salir del trabajo oliendo a salón de billar, pero, como toda ley, se traga a los justos. No sé qué hubiera hecho si fuera fumadora, pero seguro que largarme media hora a fumar sin fichar no, porque soy así de gilipollas.

2 comentarios:
Pues la verdad que no veo nada de extraordinario, gracioso, surrealista o marciano en este hecho que comentas, eso de que ‘Javier Cámara te pone’. Pero vamos, para nada. Y tampoco veo nada trascendente en el hecho de que una persona te ponga porque te recuerde a otra o viceversa.
Bueno, corrijo; lo extraordinario, lo que me sorprende de veras es que consideres todo esto como algo risible o raro. ¿O será que no he entendido bien el post?
Comentaba el otro día en una fiesta, y ruego por favor se entienda este comentario en el adecuado tono jocoso, que si te metes por ahí en Internet a ver fotos guarras, uno se lleva tremendas sorpresas cuando ves ciertas cosas, y dices ‘diooss… pero como puede ponerle “esto” a la gente’. Como la curiosidad es así, sigues indagando, y entonces la sorpresa de verdad te la llevas cuando mirando y mirando, en un momento dado te dices ‘diooss…pero como puede ponerme “esto” a mí’
Si pasamos a un plano un poco más científico parece ser que la belleza física y el atractivo son conceptos bien diferentes, aunque ligados (nadie duda que lo primero ayuda a lo segundo, que no nos vengan con zarandajas). Pero dice Punset que lo curioso del tema es que precisamente lo que ‘nos pone’, lo que marca la diferencia, son las sutiles, y a veces no tan sutiles desviaciones del canon de la belleza. Es decir, las imperfecciones. Y esto solo sirve para explicar tendencias generales, porque las preferencias concretas y personales son un mundo donde te encuentras de todo. Se han certificado casos incluso de gente tan guarra y tan pervertida que hasta se lo hace con su propia pareja de toda la vida (…esto último vuelve a ser coña, lo aviso por si acaso)
A mi el Javier este me parece un pedazo de actor. A veces lo que nos pone físicamente no son precisamente las cualidades físicas, sino las psicológicas, la personalidad. Este concepto no ayuda mucho a la economía de mercado, afortunadamente, pero está ahí.
Para finalizar decir que a mi este post me mola, espero que sigas sacando cosas de esas de la mochila.
Gracias por la comprensión, pero estoy bien segura de que habrá mucha gente por ahí que este post le parecerá una patochada y no lo comprenderán en absoluto. Y no es que me importe, pero si es cierto que alguna vez lo comenté (una sola vez, no me atreví más) y estallaron en risas. Entonces lo guardé en la mochila.
No es que a mi me parezca gracioso, me parece más serio que gracioso, pero me hago cargo de que puede parecérselo a los demás y yo lo que he hecho en este post es, en parte, ponerme en el lugar de esas personas. Reírme con ellas.
Pero al final es cierto que gracia no me hace y tampoco lo considero raro. Para mi es tremendamente normal, lo mismo que empezar las revistas por el final.
:)
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