Leitmotiv

Escribo porque no tengo nada que hacer en el mundo: estoy de sobra y no hay lugar para mí en la tierra de los hombres.

Escribo por mi desesperación y mi cansancio, ya no soporto la rutina de ser yo, y si no existiese la novedad continua que es escribir, me moriría simbólicamente todos los días.

Pero estoy preparada para salir con discreción por la puerta trasera. He experimentado casi todo, aún la pasión y su desesperanza. Ahora sólo querría tener lo que hubiera sido y no fui.

-C. Lispector, La hora de la Estrella-

miércoles, 26 de marzo de 2008

EL CURSO DE LA VIDA


Hablando de los ríos que han amenazado con desbordarse en estas fechas, como es tradición ya cada Semana Santa, una compañera de trabajo comentó, a modo de comparación, que es muy importante no salirse del curso de la vida. Mientras otros se mofaban de la comparación, a mi me dio que pensar (… ¿qué curso es ese?...).

Alguien, en otro tiempo, me confesaba con pena que envidiaba a su hermano porque su vida era “perfecta”. Buen estudiante, doctorado con honores, con un buen trabajo y una sola novia en toda su vida con la que se había casado felizmente. Una vereda sin laberintos. Una existencia sin pesadumbres, desamores ni suspense (ni suspensos). Al menos de cara a la galería.

Esta era la felicidad suprema para alguien que se torturaba con frecuencia con la idea de que una vida con altibajos es un castigo divino. Supongo que luchaba contra su forma de tomarse las cosas y de vivir, contra la pasión y el arrebato irreverentes, obligándose a creer que la felicidad de otra persona, carente de ese entusiasmo, podría ser la suya.

Él había dibujado un camino para su vida en el que no cabían sorpresas y combatía contra cualquiera (incluso contra sí mismo) que tuviese la osadía de pintarlas en su vereda. Nada que no estuviese programado podía hacerse un hueco en su vida. Ni nadie que no hubiese sido invitado.

Ni siquiera yo, en mis años más insolentes, me atreví a cruzar su cauce y preferí internarme en el bosque y dar rienda suelta al mío.

Y en ello estoy, desbordándome cada Semana Santa.

Como ayer, cuando luchando contra el viento de marzo me encontré con uno de los edificios que albergan el más temible de los augurios: El Instituto de la Mujer. No pude dejar de preguntarme ¿por qué existe un Instituto de la Mujer en una capital europea? No hablo de Kabul ni de Abujar sino de Madrid. Existe un Instituto de la Mujer en Madrid. ¿Por qué? ¿Para qué? Si no hay un Instituto del Hombre por qué necesitamos un Instituto las mujeres… ¿Qué presente tenemos y tendremos si necesitamos este tipo de instituciones?

En La Ciudad de las Artes y Ciencias de Valencia hay una muestra sobre las edades de la Mujer y me han asegurado que es muy interesante y que me encantaría. No lo dudo y en cuanto tenga un rato me acercaré a ella. Pero sigo preguntándome ¿por qué? ¿Qué necesidad hay de mostrar el mundo de las mujeres? ¿Qué necesidad hay de un Día Internacional de la Mujer? ¿Por qué esa deferencia? ¿Qué tenemos de especial?

Un joven francés de 23 años llamado Nicholas Jacquart ha diseñado una Web llamada Bimbo City dirigida a niñas entre 9 y 16 años. Él asegura que solo es un juego que enseña “guiños sobre la realidad” donde las niñas pueden divertirse. El juego consiste en convertirse una chica bimbo a costa de lo que sea, esto es, lo que antiguamente se conocía como ser la más popular, pero cruzando el quirófano para ser la más guapa y pasando por encima de todo para ser la más rica.

El francés ha diseñado este juego tomando de referencia una realidad que nos invade y su objetivo es hacerse rico a costa de lo que sea. Cuando algunas asociaciones de padres han criticado su juego, él se defiende diciendo que el contenido es irónico. Yo me pregunto: si este chico de 23 años ha sido maduro para diseñar y comercializar un juego cargado de ironía, ¿no debería serlo también para saber que una niña de 9 años no entiende de ironías y que este juego es inadecuado para su edad? Y si él no lo es, quizás deberían serlo aquellos que le han dado cobertura a su idea. Porque yo puedo pillar la ironía y jugar a esa vaina sin que afecte a mi psique, aunque considere el juego una basura sexista, pero una niña no. Me temo que una niña no.

Quizás esto sea una prueba de por qué es necesario un Instituto de la Mujer o quizás no tenga la más mínima relación, pero yo, sinceramente, preferiría que no existieran. Ni las deferencias hacia la mujer ni los juegos sexistas. No está tan mal que cada uno elija su camino o elija desbordarse, con independencia de su género, pero es difícil si desde el principio te marcan como a una res y cercan tus capacidades.

3 comentarios:

Justo dijo...

‘Que dios nos libre de las aguas tranquilas’

Conozco personas que si bien presentan similitudes con la descripción que haces de “él”, en realidad es solo en apariencia. Ya sabes, a veces las cosas no son lo que parecen.

Si hago una metáfora de tu metáfora se me ocurren ciertos cauces, vidas, que trascurren poblados de diques, compuertas u otros ingenios inventados para evitar los desbordamientos. Aparentemente discurren tranquilos, seguros, dando una falsa sensación de rigidez o de control. Y sin embargo ellos saben bien que cuando se desbordan todo es inútil, porque cuando la pasión llega por su vereda no hay dique, compuerta ni ingenio que la resista. Lo saben, y como se saben así, no entienden de medias tintas. Se controlan porque saben que no se saben controlar. Es verdad, no es fácil modificar su curso, su determinación. Son ríos profundos, llenos de remolinos y de recovecos. Dijo Aristóteles que la virtud se haya en el punto intermedio entre dos vicios. Quiero decir que quizás esta forma de trascurrir por la vida no sea precisamente la ideal. Pero pienso también, en contraste con tu comentario, que estos cauces son los más apasionados que existen, porque en su naturaleza se haya la propia naturaleza de la pasión.

‘No me atreví a cruzar su cauce’ Dices ‘no me atreví’. Me parece un tanto contradictorio con el resto del comentario, que parece más bien invitar a la pasión, a vivir, a atreverse. Quizás no he captado bien la idea.

El caso es que decidiste evitarlo, cambiar tu curso, e ir a desbordarte por ahí. Esa fue tu elección. Una decisión personal e intransferible, que nadie puede ni debe tomar por ti.

Por cierto, muy bien elegida la imagen para la ocasión. He dejado por ahí otro comentario sobre el tema del sexismo.

A corderetas con mi alma: "Corde" dijo...

Jur, jur no sé qué poner...
Las vidas programadas o supuestamente "ideales" me aburren sobremanera. Y sé que nunca son lo perfectas que parecen. Prefiero ser un "desastre a encorsetarme de esas maneras.
En cuanto al juego de marras y lo del Instituto de la Mujer. El juego debería estar prohibido, que una cosa son los negocios y otra muy distinta alterar los derechos de los niños y ésto me parece una alteración grave.
Lo del Instituto de la mujer... tema pelín complicado. A veces me da rabia que existan pero en ocasiones se agradece. Esta sociedad no debería hacer distinciones ni para un lado ni para otro, pero tantos siglos de injusticias necesitan un período de nivelación compensando daños. Claro, que sin pasarse y es muy difícil establecer los límites.
Para no saber lo que decía, he rellenado hueco, jeje.

Sue dijo...

No sé si Dios, pero que nos libren de las aguas tranquilas, si.

Creo que esta vez, Juezyparte, pillaste la metáfora :), al menos en parte, solo añadir una cosita respecto a la contradicción, que no es tal en este caso (quizás en otros sí).

La entrada invita al desbordamiento, si, pero al de uno mismo. A eso me refiero cuando digo que preferí no cruzarme en un río ajeno, pues había tomado la decisión (personal e intransferible) de mantenerse en su cauce.

Solo era una anécdota del pasado, como otras muchas (que quizás algún día te cuente), a propósito del tema del curso de la vida.

En el resto, estoy al 100% de acuerdo contigo.

A corderetas, Welcome to New York!

A mi no me aburren las personas programadas, a veces incluso las envidio (todo ordenadito en la cabeza y en la vida), pero sí las encorsetadas o sin amplitud de miras. No sé si es lo mismo... ya me he hecho un lío.
Lo que si está claro es que, aunque busco el orden desaforadamente, no lo encuentro y me da la sensación de que me pierdo un poco y no asimilo las cosas en toda su magnitud... no sé.