Leitmotiv

Escribo porque no tengo nada que hacer en el mundo: estoy de sobra y no hay lugar para mí en la tierra de los hombres.

Escribo por mi desesperación y mi cansancio, ya no soporto la rutina de ser yo, y si no existiese la novedad continua que es escribir, me moriría simbólicamente todos los días.

Pero estoy preparada para salir con discreción por la puerta trasera. He experimentado casi todo, aún la pasión y su desesperanza. Ahora sólo querría tener lo que hubiera sido y no fui.

-C. Lispector, La hora de la Estrella-

jueves, 21 de febrero de 2008

RAYANDO EL ABSURDO


Hace unos días, en la oficina, me preguntaron si me arrepentía de haber estudiado y yo, sin dudarlo, contesté que en absoluto, que en todo caso me arrepentía de no haber cursado mis estudios fuera de España donde tienen más valor. Entonces me enseñaron el titular del Expansión: “El 10% de los universitarios españoles se arrepiente de haber estudiado”. Más adelante se podía leer: “Los universitarios españoles son los más decepcionados de toda Europa”.

Precisamente me plantearon esta misma cuestión hace un par de semanas, sin periódico ni estadísticas por medio y en un contexto completamente distinto, veasé: bajo una nube de humo y al son del reaggeton en uno de los locales con peor fama de los suburbios de Madrid.

El que me preguntaba tampoco se arrepentía, pero en su caso de haber pasado la EGB en el pasillo del colegio, jugando a acertarle al conserje con el tirachinas y oliendo pegamento. Era un lince con las mates, pero no cogió un libro en los 11 años (8+3) que duró su formación académica obligatoria. Le parecía una pérdida de tiempo y además se aburría soberanamente.

En aquella época no se llenaban los debates de la tele hablando de fracaso escolar, se daba por hecho que al niño no le gustaba estudiar, o que era un torpe, y se dejaba correr el asunto. No recuerdo que nadie dudara de la capacidad del profesorado para exportar sus conocimientos, ni de los libros de texto que nos hacían tragar (muchos de ellos redactados para idiotas) ni del sistema educativo en general. Si no entendías algo o te aburrías (a veces causa-efecto), era culpa de tu limitado cerebro y tenías que aguantarte y acabar la obligatoria sin aprender nada.

Recuerdo un profesor que tenía la maravillosa cualidad de ver el futuro de sus alumnos y la audacia de comentarlo en público, para mofa propia y ajena. Se acercaba a tu pupitre, te miraba por encima de su gran barriga y te aplastaba con su sentencia. Daba igual lo que dijeras (si es que te atrevías a decir algo), o lo que pensaras, tu destino estaba escrito y era absolutamente innegociable.
Ahora casi me da risa al recordarlo, pero en aquella época sentía un terror apocalíptico cada vez que “el barriguitas” se ponía en plan vidente y hundía mis sueños y los del resto de mis compañeros.

En la actualidad, el fracaso escolar preocupa mucho, o al menos eso nos quieren hacer creer, pero como siguen buscando su causa en factores colaterales (la televisión, los videojuegos, los móviles, el botellón, las madres trabajadoras…), se marea la perdiz sin darle caza. Quizás lo que no se quiere es cambiar el sistema educativo desde la base porque eso supondría hacer temblar los cimientos de lo establecido y no mola. Es más fácil dejar que los que fracasan sigan siendo los mismos, no vaya a ser que el niño que cursa el bachiller en Ginebra tenga que volver a España y terminarlo en un instituto público.

No quiero ser catastrofista pero ¿Qué joven en su sano juicio (no me refiero al que estudia en un privado de Ginebra, sino a uno de Albacete o Madrid) elegiría seguir con sus estudios sabiendo de antemano que no son una garantía de futuro? El saber no ocupa lugar y alimenta el espíritu, pero no siempre alimenta el cuerpo.
Algunos (muchos) hemos sido más o menos cabezotas con eso de terminar el BUP y enterrar nuestros mejores años en la universidad. Algunos incluso hemos tenido la poca vergüenza de seguir una vocación y cursar una carrera de Humanidades, pero todo el mundo no es tan ingenuo, valiente o poco práctico (según se mire) y me parece muy sensato que alguien prefiera pasar de los estudios desde su más tierna infancia y dedicarse a menesteres más productivos.

Yo volvería a enterrarme entre libros y asistir a clases absurdas y geniales, incluso sabiendo lo que sé, pero entiendo perfectamente que algunos se arrepientan y estén decepcionados con el sistema (en esto último me uno a la causa). Lo que ya no entiendo es la obsesión por las estadísticas y lo alarmistas que se ponen en los medios, como si fuera algo que no hemos visto venir y nos cae por sorpresa. Fracaso escolar, universitarios parados, empleo precario, la generación mejor preparada de todos los tiempos no tiene donde caerse muerta, los mejores profesionales sanitarios tienen que salir de España para ejercer con dignidad…etc.

Una historia real que ilustra muy bien a dónde quiero llegar:
Con la última reforma de la lengua alemana se emitió en la televisión pública y en prime-time un programa-concurso en el que participaron personajes relevantes de la cultura y la política del país. Este concurso lo siguieron millones de alemanes desde sus casas, enterándose, de esta forma, de la nueva normativa del idioma que usan habitualmente para comunicarse.

En España, algunas de las últimas modificaciones elaboradas por la RAE (última reforma del español en el 99) aparecieron impresas en la trasera de unos separadores de 15x3cm que regalaban determinadas editoriales en la Feria del Libro. Ni que decir tiene que la reforma pasó sin pena ni gloria por la feria y el país, siendo invisible, incluso, para muchos profesionales del sector. Y si la nueva normativa era invisible para los que comen de las letras, imaginaros para el resto, que a duras penas jugamos con ellas.

Quizás hay que retorcerse mucho para relacionar este hecho con el fracaso escolar, pero es un ejemplo claro de lo que somos y quizás nos haga pensar que el alarmismo debería canalizarse en proyectos y no en estadísticas.

Sé que muy pocos consideran importante el conocimiento de su propia lengua, su evolución y desarrollo, máxime cuando las normas las impone un grupo de intelectuales que nadie conoce ni ha elegido para tal fin, pero entonces no debería extrañarnos que nuestros jóvenes lean menos que los jóvenes europeos o que haya fracaso escolar. Además, esto no solo ocurre con la lengua o las Humanidades en general, sino que se extiende a otras disciplinas.

No sé si tenemos la educación que nos merecemos pero está claro que, de momento, el saber no tiene la cobertura necesaria para exigirle a nadie que pierda su tiempo con él.

6 comentarios:

A corderetas con mi alma: "Corde" dijo...

¡Ay madre!No sé si comentar, que soy maestra y puedo terminar diciendo una sarta de bestialidades...
Sólo voy a hablar de lo que veo en el día a día con mis alumnos y lo que, desgraciadamente, les espera.
El actual sistema educativo da más lugar al fracaso escolar por varias razones principalmente (en mi opinión)
1. Obligar a estudiar hasta los 16 años es ridículo.
2. Durante toda la primaria sólo se puede repetir una vez y tienes que pasar al instituto a niños que no saben ni leer (y esto va totalmente en serio).
3. Los maestros/profesores no somos respetados ni por alumnos y lo que es peor, ni por los propios padres, con lo cual se tiende a bajar el rendimiento.
4. Con la integración hemos llegado hasta límites insospechados, en los que tenemos niños de 12 años (con parálisis cerebral y retraso mental añadido) con nivel de infantil en nuestras clases. No podemos atenderlos adecuadamente ni a unos ni a los otros tampoco.
5. Con la llegada de inmigrantes no se hacen los esfuerzos suficientes por parte de l administración y además te pueden llegar (como en mi caso) niños nuevos (sin saber el idioma) en marzo. Yo tengo este año 4 niños nuevos que no saben el idioma, lo que supone el 25% de mi clase.
Y no sigo, que si no me veo cogiendo una baja por depresión mañana mismo.
¿No iba de esto el post? Igual no. Me tomo la pastillita.

Anónimo dijo...

“¿Estudias o trabajas?”

A mí la noticia no me sorprende; es básicamente la cultura de teta que hemos mamado durante años...de ahí el famoso “¿Estudias o trabajas?” que tanta cola lleva detrás.

Aunque uno no se acabe dedicando a lo que haya estudiado, la formación universitaria es siempre positiva. No todo el mundo tiene por qué contemplar esa opción, pero no veo por qué arrepentirse de ello.

Yo no creo que sea una pérdida de tiempo que uno estudie medicina y acabe siendo chef, funcionario o electricista. Y no veo por qué uno no puede empezar a estudiar o ejercer algo diferente en cualquier momento de su vida. Las experiencias y las circunstancias a lo largo de la vida no son siempre las mismas y uno no tiene que decidir algo y quedarse con ello para el resto de sus días. Es más práctico y productivo saber a temprana edad qué quiere uno en la vida y, sobre todo, qué estaría uno dispuesto a hacer o sacrificar o cambiar o simplemente intentar para lograr dedicarse a eso que te hace vibrar. Pero qué importa si las circunstancias personales nos llevan a descubrirlo un poco después o si a uno no le aseguran que vaya a poder dedicarse a ello laboralmente. ¿Estudias medicina por pasión a ese campo o por querer asegurarte un “buen futuro”? Porque hay gente que nunca llega a saber lo que verdaderamente le apasiona, o que lo sabe desde siempre pero lo ve como un sueno irrealizable porque para conseguirlo necesita sacrificar algunas de sus comodidades o enfrentarse con alguno de sus miedos o defectos.

Quizás el estudiante de medicina necesite ejercer como doctor un par de años para darse cuenta de que esa profesión no le hace feliz o quizás tenga que estar dispuesto a salir de su país para encontrar la oportunidad, pero no podemos culpar siempre al gobierno o a la educación de sueños frustrados sin haberlo intentado todo. Y ese “todo” es lo que enriquece.

Yo lo veo más como un replanteamiento constante. Es un giro nuevo en el río de la vida que está lleno de millones de afluentes que nosotros debemos elegir según nuestras circunstancias. Asumirlo así, como la posibilidad de mutar, dar un nuevo giro, o incluso dar la vuelta para tomar un rumbo diferente, no es una pérdida de tiempo. Siempre se aprende y siempre se enriquece uno si lo que se hace a cada momento se le saca el jugo. Otra cosa es que no se sepa lo que se quiere y se estudie lo que uno crea que es más práctico para después acabar haciendo algo completamente diferente porque “el gobierno” no nos ha dejado opción y quejarse de los años perdidos. Ese argumento me parece un poco absurdo y poco constructivo.

"B", alias "Pandereta"

Davidik dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Davidik dijo...

Estoy de acuerdo con Sue en que eso del fracaso escolar, así en genérico, tiene mucho de esos "problemas sociales" que siempre han estado ahí como algo intrínseco y lógico y de repente se ponen de moda y se buscan culpables donde no los hay. Pero las cosas que menciona Corde (de las que ya había oido hablar pero hasta que no me las contó ella no fui consciente de hasta qué punto hemos llegado) sí son problemas nuevos y reales, no tanto relacionados con el fracaso escolar de una parte del alumnado, que eso siempre lo va a seguir habiendo, como de que todas estas circunstancias hagan que los que llevan una trayectoria normal y sacan buenas notas salgan de todos modos, con un nivel muy bajo, entorpecidos por situaciones como las que cuenta Corde. Eso lo están notando mucho ahora en la Universidad donde yo he estudiado, donde, si ya antes se suspendía mucho a los alumnos, ahora se ven obligados a bajar el nivel de exigencia más y más cada año porque si no ni un alumpo pasaría a segundo de carrera, de lo mal proparados que llegan (a pesar de que los que llegan siguen siendo los que sacaron un 8.5 en selectividad).
Sobre lo que dice Pandereta estoy de acuerdo en parte. Yo tengo la suerte de trabajar de lo que he estudiado, que es lo que me gusta, y si no tuviera esa suerte tampoco me arrepentiría de haberlo estudiado. De hecho me gustaría igual o más poder vivir de otras cosas que también me gustan aunque no las haya estudiado, como la fotografía, o la música si tuviera dotes para ello. Pero en muchos casos la vocación va unida al ejercicio. No creo que alguien que estudia madicina por vocación, después de terminar unos estudios tan largos y difíciles se sienta suficientemente recompensado con los conocimientos adquiridos de modo que no le importe ser chef (a menos que tenga una segunda vocación culinaria y entonces volveríamos a lo que decía sobre la fotografía). Más bien el que decide estudiar medicina lo que realmente quiere es ser capaz de curar enfermedades y de hacerlo realmente. Los estudios serán un paso necesario, y es lógico que se sienta frustrado si no llega a ejercer.

PD: el comentario eliminado era parecido a esto, pero con un último párrafo que no se entendía porque lo escribí dormido, dos horas después de resto del post (interrumpido por una larga llamada de teléfono) y me he dado cuenta ahora de que no se entendía nada.

Anónimo dijo...

Dadivik,
Yo no digo que el que decida estudiar medicina no tenga el derecho a sentirse frustrado por no poder ejercer la profesión. Pero una cosa es sentirse frustrado por no ejercerla y otra arrepentirse de haberla estudiado si, como tú dices, es por vocación. La noticia subraya que un 10% de los universitarios españoles se arrepiente de haber estudiado y a mí me parece que es posible que ese 10% sean personas que no tenían muy claro a qué dedicarse o que no lo hicieron por vocación. Tengo varios amigos que estudiaron medicina y hay de todo. Los que lo hicieron por vocación, ejerzan o no ahora, no se arrepienten porque les gustaba estudiarlo. Otra cosa es que se frustren porque algunos de ellos no pueden ejercerla en España. Otros la han compaginado con otras pasiones y hasta tengo una amiga que después de acabar la carrera se dio cuenta que a ella lo que realmente le apasiona es pintar y dice que estudiar medicina le ayudó a descubrirlo. Otros optaron por trabajar en Francia y en Estados Unidos porque en España les era difícil, pero esto ya es otro tema.

Yo sólo me he referido exclusivamente al hecho de arrepentirse o no por haber estudiado. De los problemas, viejos y nuevos, con los que se enfrentan los profesores y educadores, y el campo de la educación en general, no he hablado porque necesitaría toda una entrada para mí sola. Yo soy profesora y este tema me apasiona… vamos, que como Corderetas tengo para escribir un libro, pero el espacio se me hace supercalifragilistimínimo  y decidí ajustarme a la noticia sobre arrepentirse o no de haber estudiado. Y yo, no lo hago…y eso que empecé estudiando algo a lo que para nada me dedico ahora.

Pandereta

Sue dijo...

Entiendo que el tema de la educación es demasiado extenso y complejo para condensarlo en una entrada de ¿40 líneas?, como la mayoría de los temas urgentes e importantes.

Como la vida misma, vuestros coment reflejan diferentes aspectos de una misma realidad: el de una profesora española en España que vive de cerca la problemática de la educación pública; el de un universitario español que se dedica a la carrera que estudió y el de una profesora de español en USA.

Estoy de acuerdo con Davidik en que es difícil que alguien que estudia medicina, carrera vocacional por excelencia, decida dedicarse a la cocina (como apunta “pandereta”), o a cualquier otra actividad, pero me parece estupendo que lo haga si es lo que desea.
El problema es que quiera ejercer la medicina en su país y éste no le ofrezca coberturas para ello. Que ponga su esfuerzo, su tiempo, su ilusión y su capital en una formación superior y que, llegado el momento de ponerlo en práctica y sacarle beneficio, esto no sea posible.

Pandereta, estoy de acuerdo contigo en que el gobierno no es responsable de los problemas particulares que provienen de la falta de interés, expectativas o esfuerzo de cada uno, pero sí es responsable de que la formación no tenga salida laboral.

Es cierto que en España se gasta mucho tiempo en protestar y poco en buscar alternativas, que tendemos a echar la culpa a los demás de nuestra situación en lugar de intentar cambiarla y que no somos, precisamente, innovadores ni flexibles en el terreno laboral. Algunos, incluso, justifican su postura con el tópico del carácter mediterráneo o latino, para evitar que los zarandeen y despierten.

Sin embargo, también es cierto que el Ministerio, la Administración, el Gobierno, las Comunidades Autónomas o quién sea, no hace bien su parte, o parte de su parte, y de eso no tienen la culpa los ciudadanos. Y eso, si no lo vives in situ, es difícil de entender. Mucho más para el habitante o residente de un país como USA, donde si hay garantías para el universitario medio.

Acorde, gracias por tu perspectiva, una aprende mucho leyéndote.