Leitmotiv

Escribo porque no tengo nada que hacer en el mundo: estoy de sobra y no hay lugar para mí en la tierra de los hombres.

Escribo por mi desesperación y mi cansancio, ya no soporto la rutina de ser yo, y si no existiese la novedad continua que es escribir, me moriría simbólicamente todos los días.

Pero estoy preparada para salir con discreción por la puerta trasera. He experimentado casi todo, aún la pasión y su desesperanza. Ahora sólo querría tener lo que hubiera sido y no fui.

-C. Lispector, La hora de la Estrella-

jueves, 27 de septiembre de 2007

DE CARNE Y HUESO

Una de las cosas que más me entristece en este mundo son esas noticias que hablan sobre las “oleadas de inmigrantes que llegan a nuestras costas” y las reacciones que provocan. Es muy propio usar la palabra “oleada” porque llegan por mar, pero tengo la sensación de que con esa vaguedad nos “venden” a los inmigrantes más como una masa con forma de patera que como un conjunto de personas humanas.

Y bueno, los inmigrantes, pese a quien le pese (como decía aquella) son personas y como tales merecen todos los derechos y respetos. Personas que, como todos nosotros, cargan con su propia historia, sus alegrías, penas y torturas personales y, además, con una guerra y una mala vida que quieren olvidar. Y fijaros si será mala, que prefieren morir en el intento a seguir viviéndola.
Esto parece obvio, sin embargo no lo es tanto, porque no dejo de escuchar sandeces continuas de personas que deben pensar que África es una fábrica de pateras, en lugar de un continente poblado por personas, tan rico como explotado.

Estoy de acuerdo en que África no puede meterse en España, es físicamente imposible, pero no estoy de acuerdo en que no se respeten los derechos humanos ni siquiera al hablar.

A lo mejor peco de demagoga con este post, pero es algo que siempre he tenido ganas de gritar a los cuatro vientos, pues me revienta la gente que se apropia de un país como si fuera suyo y quiere hacer sus propias leyes. Los países no son de nadie y son de todos y en lugar de hacer leyes para frenar lo que viene “de fuera”, debería de elaborarse un plan para un mejor funcionamiento de los mecanismos sociales a todos los niveles. Para los “de fuera” y para los “de dentro”, sin discriminación ni más pamplinas.

Lo siento por el sermón, pero es que no soporto a los racistas y menos aún, si cabe, a los que dicen que todos somos racistas cuando nos “toca de cerca”. De eso nada, eso es mentira, no todos somos racistas, ni de cerca ni de lejos.

En mi barrio hubo problemas con asentamientos gitanos y me tocó muy de cerca, a un par de kilómetros aproximadamente. La gente salió a la calle y a las ventanas con cacerolas para protestar por la presencia de las familias gitanas. Me pareció vergonzoso que el barrio despertara para protestar por un asentamiento que no repercutió en nada en la vida de los vecinos, en lugar de protestar por la carencia de servicios públicos (transporte, ambulatorio, guardería, o una biblioteca en condiciones) o la mala gestión política. Algunos racistas incluso llegaron a decir que el barrio estaba más sucio desde que las familias gitanas se asentaron. Mentira, el barrio siempre ha estado lleno de porquería.

En mi propio portal hay vecinos que al barrer su linda terraza tiran los desperdicios a la calle en lugar de usar el recogedor (que sirve, como su nombre indica, para “recoger” y no para adornar la cocina) y cuando puse el pertinente letrero advirtiendo que hicieran el favor de tener cuidado, lo arrancaron sin leerlo. Y en mi portal no hay gitanos, ni marroquíes ni africanos, así que va a ser que guarros hay en todas partes y son de todos los colores. Y éstos que siguen tirando agua con lejía y basura a la calle sin cuidado son los mismos que consiguieron que desahuciaran el asentamiento gitano porque “daban una mala imagen al barrio y lo ensuciaban”.

Y son los mismos que se quedaron tan contentos y con la conciencia limpísima por haber impedido la formación de un ghetto y evitado que sus hijos se mezclaran con los hijos de los gitanos. Y sobre todo, hicieron muy bien porque “los gitanos son mala gente que vive de las drogas y destrozan los pisos que les dan”.

No sé pero me entristecen e indignan mucho estas cosas y no quería yo enfadarme hoy, pero es que a veces …uff, no te dejan muchas más opciones.


Pd: a algunos quizás les hiera la foto adjunta, mis disculpas a todos ellos, a mi también me hiere, pero no encontré una más adecuada. Sobre todo teniendo en cuenta que estoy en el ciber del nigeriano de mi barrio (que espero que no se asome a mi pantalla porque lo mismo me atiza y con razón) y por ello no cuento con mi propio archivo de fotos.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Ufff, con el temita... Mi casa está llena de racistas y eso es muy pero que muy triste. Racistas que han estado en África, que se han aprovechado de los africanos y que tienen la cara de volver y decir que fuera los negros, árabes, gitanos, etc. Les falta echarme de casa porque no soy rubia con lo ojos azules.
El temita me calienta sobremanera.
Si no fuera por los muchos que llegan en pateras (no llega ni al 5% de la inmigración), en avión, o en cualquier medio de transporte, España tendría un crecimiento vegetativo negativo (paradoja va)y la economía se habría estancado hace tiempo.
Además, somos más árabes que europeos, pero no nos gusta verlo. Ocho siglos son muchos siglos y la mezcla está asegurada.
¿Gitanos? Pues los hay de todas las condiciones, como el resto de mortales.
Soy maestra, ejerzo como tal y trabajé mucho tiempo en centros de acogida y de reforma. Sé de qué hablo. Y además viví en Guinea Ecuatorial durante un año. Que nadie cuente milongas, hay que estar allí para vivirlo.
Todos somos personas, tengamos la piel más oscura, otras culturas o/y otras religiones. Y todos tenemos el mismo derecho a intentar conseguir una vida digna.
¡Al carajo con los racistas!

Sue dijo...

Al carajo!
Un año en Guinea? Jo, eso me lo tienes q contar.

Anónimo dijo...

En fin, en mi casa, tengo que reconocer que son racistas...somos racistas. Yo intento concienciarme de que "todos somos iguales" y todo ese rollo, pero no se me termina de meter en la abeza...yo puedo relacionarme perfectamente con un marroquí con un chino o con un colombiano, siempre y cuando no me afecten, eso está claro. De pequeña tuve amigos en el colegio de otras razas y no me importaba, y los padres eran majetes :)
Lo que sí es verdad es que la sociedad de hoy en día es muy pero que muy racista, ni siquiera hacen el esfuerzo de ponerse en la piel de aquellos que emigran para tener una vida mejor...pero a nosotros lo que nos importa es el Gran Hermano, la paella y la Champions, por lo demás como si se cae el mundo. Peero, qué se le va a hacer u_u
Saludetes! :)

p.d. Soy Naya eh jaja

Sue dijo...

Todos somos iguales Blue, eso no lo olvides nunca. Si has de juzgar a alguien no lo hagas por el país del que procede, el color de su piel o sus posesiones. Hazlo por su corazón y sus acciones.