Leitmotiv

Escribo porque no tengo nada que hacer en el mundo: estoy de sobra y no hay lugar para mí en la tierra de los hombres.

Escribo por mi desesperación y mi cansancio, ya no soporto la rutina de ser yo, y si no existiese la novedad continua que es escribir, me moriría simbólicamente todos los días.

Pero estoy preparada para salir con discreción por la puerta trasera. He experimentado casi todo, aún la pasión y su desesperanza. Ahora sólo querría tener lo que hubiera sido y no fui.

-C. Lispector, La hora de la Estrella-

domingo, 14 de enero de 2018

NO LLORES

Vive el presente. Atrévete a soñar. Valórate. Cuida a quien te cuida. Ama lo que haces. Sé feliz. Las cosas llegan cuando tienen que llegar. No llores. El tiempo pone a cada uno en su sitio. Cree en la magia.

El otro día, última sesión de terapia, la psicóloga intentó que calara en mi la idea de que a veces es difícil distinguir entre lo que es intuición y lo que son las propias fantasías, los fantasmas de cada uno. Fue cuando le comenté que me dolía, entre otras cosas, no haber dejado antes una relación que no iba por donde yo quería. Quién sabe si era mi propia inseguridad la que me mostraba, a ratos, la bandera roja, en cualquier caso, dijo ella, lo importante es que te has arriesgado, que has vivido, que lo has intentado y yo estoy contenta de que sea así.

Yo estoy contenta de que mi psicóloga esté contenta, y todos contentos, pero, sinceramente, no creo que continuar una relación que no va por donde tú quieres sea arriesgarse. Me pregunto si no se continúa, también, por cobardía, por comodidad o porque es más fuerte el bienestar que te producen las horas en las que estás con ese alguien, que el malestar que acuna sus ausencias. Quizás porque te enseñaron que, como mujer, ese bienestar compensa siempre, incluso cuando estás lejos de sentir que así es. ¿Qué es exactamente lo que se arriesga alargando una relación que, intuyes, no tiene futuro y cuyo presente es esquivo? Bueno, supongo que se arriesga la paciencia, porque ésta, cada vez, con cada relación, se va transformando en algo más insostenible.

A esto que le llaman vivir, a veces es un poco rollo. A veces es morir y saber cada vez menos de las personas y sus cosas. Las personas y sus cosas. A veces se autodestruyen y te pillan en su camino, otras te toman por lo que no eres y la confusión se mantiene más allá de la última conversación, otras cambian tu manera de mirar el mundo, las menos hacen de tu vida un antes y un después. Pero el cambio siempre es un consuelo, como decía el personaje de Clint Eastwood en Los puentes de Madison, es algo con lo que siempre se puede contar. Aunque a veces seamos incapaces de verlo, porque estamos paralizados ante una situación desapacible, varados, encallados, sumidos en un análisis yermo que lo único que produce es dolor. 

2 comentarios:

Genín dijo...

Si, cuando en una relación, de repente, uno se encuentra reflexionando sobre la salud de la misma, mal asunto, al menos es que está algo resfriada... :)
Besos y salud

Dol dijo...

sabes, a veces sobra intelecto.
No hay más.
Besos