No
me gustan las pulseras, los pendientes ni los anillos. Todo lo que
brilla y cuelga me da grima, sin embargo, me gustan los hombres
gordos. Para compensar, me encanta el olor a pan recién hecho y a
café, como a todo el mundo. Y el cine. Me gusta pasear sin rumbo,
viajar sola, las sábanas blancas, los aeropuertos, los trenes que me llevan a ciudades
cuyos nombres no se pronunciar y la música solo a ratos (y a un
volumen que solo pueda escuchar yo). Detesto el olor a tabaco como otros detestan el olor a gasolina. También detesto el olor a
gasolina. No soporto los centros comerciales, por la gente y el
ruido, supongo, y porque me trasladan a la idea de un mundo que ya,
desde la infancia, me salpica de pena.
Me gusta leer, pero no leo
todo lo que cae en mis manos. Si un libro me aburre lo
olvido en el fondo de la estantería sin apuro, o lo dono, o lo
regalo. De la tv me gusta lo que pudo ser y no es. De la radio me
gusta todo. No me gusta ver a niños compitiendo por una Play Station
o por dinero, cocinando o cantando frente a un público que les
vitorea o les acompaña en el sentimiento. Me gusta la risa de los
bebés, ¿a quién no?, pero no me gusta pasar más de dos
horas a solas con uno, aunque sea de la familia. Me gusta el Trueba
David, a pesar de sus pequeñas perversiones y de Tierra de Campos.
Me gusta el queso, el olor de un patio de butacas vacío, los pimientos rojos asados, el sexo por la mañana y los garbanzos tiernos, casi
duros. Detesto eso que alguien atinó en llamar “descafeinado” y
cuyo olor ya me provoca incubar un virus de estómago. Me gusta
escuchar “no lo sé” de quien no lo sabe. Me gusta madrugar
cuando no toca y trasnochar cuando tengo que madrugar
obligatoriamente. No me gustan los cómic ni las series ni las
películas de dibujos animados. Me gusta desayunar y merendar. No me
gusta la gente que piensa que te hace un favor mintiéndote, ni la
gente que piensa que te hace un favor diciéndote la verdad. No me
gusta la gente que piensa que te hace un favor.
No me gustan los
gritos ni los abusos, aunque sean silenciosos, ni los hombres que se
erigen aliados de tus causas para conseguir un par de polvos que inflen su ego. Ni los
que van de graciosos, horror, ni el fútbol. Detesto el fútbol y a los que hablan de fútbol.
Me gusta la buena educación, pero no la imposición de formas de quien cree que está por encima de los demás. No me gusta Bertín Osborne, ni la gente que habla de dinero, ni los sofás sin una manta vieja y suave para arroparse. Me gusta beber
gintónic a mediodía en verano, si es frente al mar, mejor. No me
gustan los bares de copas con música estridente (por muy buena
que sea, siempre suena estridente), ni la gente que solo se divierte
en medio del ruido. No me gustan los coches ni las motos.
Me gustan las personas que denotan, sin estrépito, cierta conciencia social y actúan en consecuencia con ella. Me gusta que, por fin, el feminismo se haya
convertido en algo de lo que ya habla todo el mundo, aunque algunos
no sepan de lo que hablen. Me gusta la lluvia si me pilla a refugio y
los gemiditos de mi gata cuando juega con su pluma de mentira.
No me gustan las excusas repetidas de los de siempre, ni la condescendencia, ni los diletantes ni el azúcar glass.
Me
gustan los elefantes. Ojalá un día se vengen de quienes los
matan.
4 comentarios:
Ya, pues nada, ahora solo te queda encontrar a los que coinciden con tu manera de pensar y tus gustos, y ya está chupao, como siempre ha sido, pero claro, siempre habrá quien te saque un par de polvos a traición...jajaja
Besos y salud
Un día tendría que hacer una lista de gustos y disgustos, coincido en muchos de tus gustos, por eso me ha gustado siempre tu blog, pese a que hacía la tira que no comentaba ( he tenido una crisis blogueril... no sé si la he superado de hecho). Una alegría reencontrarte.
Abrazos.
Pues mira, creo que coincidimos en casi, casi todo...menos...menos.. en los cómics! ¡Ah, Susana, no sabes lo que te pierdes! Fui coleccionista durante años, empecé muy jovencita y tango bastantes, pero bueno no trataré de convencerte, tranki.
Besitos y cariños, dale alguno a la gata.
Genín, ese alguien no existe, así que me conformaré con aceptar, o no, a las personas como son.
Besos!
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Utopía, cuánto tiempo! me alegra leerte por aquí. Pasé por tu casa, yo también llevaba tiempo sin visitarte. Y espero ansiosa un post sobre tus gustos y disgustos :)
Un beso!
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Virgi, igual algún día me da por ahí, pero mira que me he he criado con tebeos y no ha habido forma, que mi padre era mucho de tebeos y en casa siempre ha habido, pero nunca les he sacado el jugo.
Muchos besos para ti también.
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