Leitmotiv

Escribo porque no tengo nada que hacer en el mundo: estoy de sobra y no hay lugar para mí en la tierra de los hombres.

Escribo por mi desesperación y mi cansancio, ya no soporto la rutina de ser yo, y si no existiese la novedad continua que es escribir, me moriría simbólicamente todos los días.

Pero estoy preparada para salir con discreción por la puerta trasera. He experimentado casi todo, aún la pasión y su desesperanza. Ahora sólo querría tener lo que hubiera sido y no fui.

-C. Lispector, La hora de la Estrella-

lunes, 14 de agosto de 2017

POR QUÉ NO SON FEMINISTAS MIS AMIGAS DE TODA LA VIDA


Este verano, disfruté de otro fin de semana familiar en el pueblo. Y no es ironía. Realmente disfruté de los dos días intensos en los que solo me ocupo de saborear ricas viandas, saludar a primos a los que no conozco, cantar “la coronela” y matar moscas. Este año, además, mucho más pizpireta, fui con un ánimo especial ya que daba por hecho que me iba a librar de la consabida preguntita, pero no, ni pasando de los cuarenta se libra una. A saber: “y tú, para cuándo?” . Y yo, para cuándo, qué.“¿Para cuándo los niños?”. Para nunca, no quiero tener hijos. “Bueno, ¿y casarte?”. Tampoco. “Pero, novio sí tendrás, ¿no?”. Estoy con alguien, sí. “Y por qué no ha venido?”. Porque está de vacaciones con sus hijos. “Oh, pero tiene hijos?”. Si está de vacaciones con ellos, igual sí. “Oh, Dios ¿no estará casado?”.
BASTA.
Todo muy bien. Comí kiwis directamente del árbol, desperté con el canto del gallo, me bañé en el río, desayuné en los antiguos corrales bajo un gigantesco laurel. Todo muy bien porque ya solo voy al pueblo a comer y los quiero mucho a todos y no me afectan las preguntas, las miraditas y el hecho innegable de que, en mi familia, confesar que no quieres hijos es síntoma de enfermedad mental. Porque hay que tenerlos, aunque no quieras y nunca, nunca decir que no los tienes porque no quieres. Porque nadie te pregunta si quieres, sino por qué no los tienes. Cosa muy diferente. Menos mal que ya me da igual.

Otra cuestión es la de mis amigas de toda la vida. Estas no viven en un pueblo de la estepa castellana, bajo árboles de laurel y kiwis, ni siquiera en una tribu de Malasia, sino en la capital. En el mismo epicentro del feminismo. Lo que es una capital, vaya. No tienen 70 años, como las hermanas de mi madre que me instan a procrear, ni pertenecen a ninguna secta religiosa cuyos preceptos aplasten su libertad de acción y pensamiento. Quiero decir que, a grandes rasgos, son mujeres adultas (del Reiki hablamos otro día), son sensibles y tienen un ligero conocimiento del mundo que las rodea, algunas son de las de pareja de toda la vida, otras van y vienen, otras se tiran a todo lo que se mueve, en fin, lo que viene siendo lo normal. Bueno pues… a ver cómo lo digo… pues eso, que no son feministas y además creen que el feminismo es lo contrario del machismo y que no se puede ser feminista porque eso es ir contra los hombres. Todo el pack del cuñadismo que estamos acostumbradas a soportar las feministas, vaya. A mi me duele, pero aguanto el tipo y, aunque no me gusta abusar del proselitismo, les cuento cosillas y les envío artículos e información sobre el tema de vez en cuanto. Pero nada oye, ni puñetero caso. Ni que decir tiene que jamás me han acompañado a la manifestación del 8 de marzo, ni a la procesión del Santo Coño ni a nada similar. No sé, creo que hay algo en mi forma de contarlo o en los artículos que elijo que no acaba de encajarles, pero no sé qué es. 
Lo que peor llevo no es que no sean feministas, es que no les interesa el tema lo más mínimo y cada vez que quedamos, se limitan a hablar de sus últimos amantes, parejas, hijos, familias políticas o compañeros de trabajo, que está muy bien, eh, válgame, pero, no sé, me gustaría tener con ellas una conversación sobre feminismo alguna vez y no puedo. No puedo porque ni saben ni quieren saber y me siento como cuando surgió el 15M y tanta gente le daba la espalda y yo, toda emocionada, todo lo emocionada que puedo estar con algo lo estuve con el 15M, queriendo contar lo bonito que era todo aquello, me lo tenía que tragar y escribir.
Es frustrante, porque no quiero empezar a plantearme cuestiones extrañas como ¿por qué somos amigas? Pero, es bien frustrante.

Igual os pasa a vosotras también...

2 comentarios:

Genín dijo...

A mi me da mucha pereza hablar sobre algo que no sea sin descalificación ni limite de tiempo, y siempre según con quien,pero siempre, siempre, en persona, que se pueda mantener una mirada a los ojos de la otra parte,pero así, a palabra escrita que te crió, me puede la pereza, mis vecinos, que me conocen muy bien, dicen que es que soy muy perro, que es como los andaluces llaman a los flojos intelectuales como yo... :)
Que no quiero decir que me califique yo mismo de intelectual, ni mucho menos, es para que se entienda a que afecta mi pereza... :)
¿Son Laureles los árboles, o eucaliptos? No se porqué me da que quisiste decir eucaliptos, en fin, chorradas mías, no tiene importancia...:)
Besos y salud

Sue dijo...

Genín, siempre me desconciertas. Jiji.
En cuanto al árbol, sí, es un gran y hermoso laurel. De ahí nos llevamos buenas ramas a casa. En mi familia, se cocina desde hace años con las hojas de ese precioso mastodonte.

Un beso.