Leitmotiv

Escribo porque no tengo nada que hacer en el mundo: estoy de sobra y no hay lugar para mí en la tierra de los hombres.

Escribo por mi desesperación y mi cansancio, ya no soporto la rutina de ser yo, y si no existiese la novedad continua que es escribir, me moriría simbólicamente todos los días.

Pero estoy preparada para salir con discreción por la puerta trasera. He experimentado casi todo, aún la pasión y su desesperanza. Ahora sólo querría tener lo que hubiera sido y no fui.

-C. Lispector, La hora de la Estrella-

miércoles, 29 de marzo de 2017

ENVIDIA DE PENE


Me he sorprendido a mi misma pensando mal de Amancio Ortega, ese señor que empezó cosiendo batas en un garaje y que ahora, convertido en magnate, dona dinerito fresco a Cáritas y a la maltrecha Sanidad Pública. Pero no cincuenta euros ni cien mil, sino millones de euros. 320 según la prensa “seria”. Me pregunto de qué capital tienes que disponer para donar 320 millones de euros, porque no se trata de que la donación te deje a ti en bragas y pidiendo por las esquinas, se trata de dar algo que no afecte a tu economía. Es decir, el euro que yo le doy al de los clinex, es el equivalente a los 320 millones que Amancio ha donado a la Ciencia. Yo preferiría no tener que comprar paquetes de clinex a un euro, porque, además, ni siquiera me lo puedo desgravar, ¿preferiría Amancio Ortega no tener que donar esas ingentes sumas de dinero? Es decir, ¿preferiría que en el mundo no hubiera esa ingente pobreza y miseria que le obliga a desprenderse de parte de su riqueza?

Se me entienda, no estoy despotricando contra el hecho de que ese dinero le va a venir muy bien a la maltrecha Sanidad Pública y a los enfermos de cáncer, el tangible de ese dinero no es el problema, sino el tipo de sociedad que construye este tipo de “filantropía” porque, obviamente, ese tangible, del que se desprende el cacique, tampoco es la solución. Pero no solo no es la solución, sino que nos desvía del principal problema y de ese mundo mejor al que deberíamos aspirar. Ese donde los que se hacen ricos lo hacen sin joder al prójimo y donde no hay personas que mueran de hambre por las esquinas. A algunos no nos interesan los yates, pero tampoco suspiramos por comer mendrugos de pan bajo un puente.

Tampoco voy a despotricar contra la posibilidad de que el señor Ortega dona esa pequeña parte de su fortuna para lavar su imagen y quedar como un buen tipo, no es esa la cuestión, el por qué lo hace es lo de menos (siempre que no sea para evadir impuestos, que esa sería otra historia). Que se publicite hasta la extenuación un acto de generosidad tal como donar dinero, no le resta valor al acto, tampoco le suma, es decir, da igual. El hecho de que Angelina Jolie pose con sus hijos adoptados no le resta valor al acto de amor y generosidad que implica adoptar niños sin familia y enfermos. Que luego se hace la foto, pues vale, pero ya está realizando un verdadero acto transformador, que es el hecho de darle a niños expulsados de la sociedad una oportunidad de vida digna. Y eso es de aplauso, con o sin foto. Si Amancio fuera un buen tipo, si fuera bueno con sus trabajadores y sus empresas no falsearan las auditorias para no revelar que miles de personas en Marruecos y Bangladesh trabajan en condiciones infraumanas para Inditex, sería maravilloso el hecho de que, además, Amancio donara dinero. Tanto si lo publicita como si no, pero, igual si fuera un buen tipo, mira tú qué guasa, no haría falta.

Me explico. Si el cacique del pueblo pagara un sueldo digno a los campesinos que se desloman de sol a sol en sus dominios, no haría falta que se metiera el duro que les da en Navidad por el culo, porque no se lo daría, no sería necesario, no tendría sentido. Si Amancio Ortega fuera un buen tipo, no se hubiera llevado las fábricas fuera de España buscando enriquecerse a costa de explotar a sus trabajadores. O, de haberse llevado las fábricas fuera, no hubiera contribuido a hacer más pobres a los países que ya eran pobres, o no se hubiera aprovechado de esa pobreza, adaptando sus condiciones laborales a las leyes (visiblemente denigrantes) del lugar en el que plantaba una fábrica. Por otro lado, si ciertos sectores de la sociedad no le chuparan tanto la polla, igual la población mayoritaria dejaría de verle como ese emprendedor del que todos tenemos que aprender (y al que todos tenemos que chuparle la ídem) y dejaría de pensar que los que criticamos sus donaciones lo hacemos por envidia. 
Envidia de pene, no te fastidia.

2 comentarios:

Genín dijo...

Si, tienes mucha razón, y no he visto el documental porque he visto muchos sobre el tema, posiblemente ese también, pero no quiero que se me revuelvan las tripas, me sienta fatal después de comer...
Y lo malo es que yo creo que mientras seamos seres humanos, no hay solución, habrá explotadores, corruptos e hijos de la gran puta sifilitica, siempre, que asco de mundo, joder...
Besos y salud

Carmela dijo...

Toda la razón Sue, como el que da una limosna al pobre que acaba de desahuciar.
Para mí es una inmoralidad que hay gente que gane esos dineros (sea con fabricas explotagente o como sea) y tanta tanta tanta pobreza en el mundo.
Un beso.