Leitmotiv
Escribo porque no tengo nada que hacer en el mundo: estoy de sobra y no hay lugar para mí en la tierra de los hombres.
Escribo por mi desesperación y mi cansancio, ya no soporto la rutina de ser yo, y si no existiese la novedad continua que es escribir, me moriría simbólicamente todos los días.
Pero estoy preparada para salir con discreción por la puerta trasera. He experimentado casi todo, aún la pasión y su desesperanza. Ahora sólo querría tener lo que hubiera sido y no fui.
-C. Lispector, La hora de la Estrella-
miércoles, 11 de enero de 2017
VISIBILIZANDO
Ilustración de Isabel Ruiz
Hace poco más de un mes, escribí un articulito para Locas Del Coño Magazine y estaban revisándolo cuando surgieron los problemas en la Web y además los machistas forzaron el cierre de su página de Facebook. Como no sé si algún día será publicado, he decidido colgarlo aquí que para eso es mi blog. En un principio, me dio pudor al tratarse de algo tan personal, pero qué ovarios, como dice Cristina Fallarás, "al cuerno, no hay que callarse".
VISIBILIZANDO
Cuando llamas la atención a un tipo del trabajo que lleva meses
acosándote verbalmente, bajo la permisividad de otros, y te contesta
que eso “son cosas que tienes tú en la cabeza”, porque “tú a
mi no me gustas” y en lugar de pensar “lo voy a poner en
conocimiento de un responsable” piensas “qué he hecho yo para
merecer esto”, es porque vivimos en una sociedad estructuralmente
machista. Si te preguntas “¿le habré dado yo a este tipo motivos
para que se dirija a mi en esos términos?” y te respondes que no,
porque tu actitud es tranquila y educada y tu ropa más bien
discreta, es porque vivimos en una sociedad patriarcal que te
aconseja que seas discreta y quizás, así, no te ocurrirá nada
porque nada provocarás. Si, con el tiempo y una caña, eres capaz de
soltarle a tu terapeuta que quizás si el primer día que te llamó
“bombón”, que es una palabra muy dulce, le hubieras dado una
buena hostia o le hubieras contestado con un “no vuelvas a llamarme
así, pedazo de mierda”, las cosas hubieran sido diferentes, es
porque tienes incrustado el patriarcado mucho más dentro de lo que
pensabas. Es porque llevas la culpabilidad por ser mujer grabada a
fuego, aunque no seas consciente de ello hasta que te enfrentas a una
situación personal de acoso. Entonces, tu terapeuta te dice que
nadie sabe lo que hubiera pasado de haberle dado al acosador una
buena hostia, pero que, en cualquier caso, no es culpa tuya que ese
tipo la tomara contigo.
Y ese es el punto de partida para mirar el mundo.
Durante meses, un tipo que no te importa una mierda, hace
comentarios sobre tu ropa y te hace saber que tu manera de caminar le
pone nervioso y no le deja trabajar. Entonces, empiezas a ponerte la
ropa más oscura y ancha y fea que tienes para no dar la impresión
de que te gusta que te miren. Un error tan grande como ese “nada”
que contestas cuando alguien, no tan ajeno a la pesadilla, te
pregunta “¿qué te pasa? ¿por qué estás tan seria?”. Sabes
qué te pasa, que cada vez tienes menos fuerza y menos voz y menos
ganas de levantarte por las mañanas, pero no sabes cómo decirlo,
porque lo que hace ese tipo no es tan grave, ¿le vas a acusar de ser
gracioso y de decirte cosas bonitas? son piropos y tú, como mujer
joven, como mujer, debes ser simpática y complaciente. Es importante
que una chica guapa sea, además, simpática. No lo olvides. Un tipo
puede ser feo y esgrimir un machismo asqueroso y aún así tendrá
hordas de seguidores que le reirán las gracias y que no entenderán
por qué una chica se siente atacada por sus cumplidos. Pero tú, mujer. Tú no eres graciosa. Integrate. No seas amargada.
Lo peor de vivir una situación de acoso es no tener aliados,
porque entonces empiezas a creerte que, de verdad, la loca eres tú.
Que sentirte atacada porque un pobre muchacho de provincias, sin
maldad ninguna, te diga que le gusta cómo te queda la blusa o se
refiera a la caja de preservativos que guarda en el cajón donde
también tiene la grapadora que le pides, no es lo normal. Porque,
chica, la verdad es que tú nunca has sido una mujer muy alegre y
complaciente a ojos vista, aunque te hayas acostado con medio Madrid.
Si a eso le sumas que no eres muy sociable, pues no te quejes si
ahora te sientes molesta por un comportamiento amable de un compañero
que solo quiere integrarse en la nueva oficina. El problema, bonita,
lo tienes tú, que no sabes distinguir un piropo de un acoso.
A pesar de vivir dentro de una pesadilla de la que no sabía cómo
iba a salir, algo indomable permanecía agazapado dentro de mi,
porque yo sabía que aquello no estaba bien. Me frenaba a la hora de
denunciarlo, es cierto, pero sabía que, tarde o temprano, aquello
iba a estallar. De alguna forma. Y lo hizo. Sin embargo, el estallido
no derivó en lo deseable para mi, porque el comunicar a mi
responsable la situación, no la mejoró. Simplemente la soterró. El
tipo dejó de dirigirse a mi, es cierto, pero seguíamos trabajando
en el mismo equipo humano, por lo que era, relativamente frecuente,
que tuviésemos que interaccionar. Sin embargo, por mi parte no había
relación alguna y eso me creó muchos problemas. Tanto en mis
funciones como con el resto de mis compañeros, para quienes ese tipo
ya empezaba a fraguarse como su líder. Por mi parte, volví a
culparme por no saber adaptarme a la nueva situación de tener que
hacer como que no había pasado nada durante meses y reconocer que
aquel tipo era de lo más normal y no solo, que además era el líder.
Eso hubiera sido lo ideal para los demás, puede que incluso para mi,
pero yo no podía quitarme de la cabeza toda la mierda ni podía
entender el hecho de que tenía que seguir trabajando con esa mierda.
Me jode que los hombres de mi entorno a quienes tuve el valor de
contárselo, buenos chicos por otra parte, de izquierdas, chicos que
me querían en su cama y también para ir de paseo y algunos, incluso, como pareja
oficial, no le dieran más importancia de la que se da al vuelo de
una mosca cojonera, pero lo que más me jode es haber descolorido
durante tanto tiempo la realidad de esa oficina y de esa empresa,
que, por otra parte, es lo que ocurre en muchas otras empresas de
España y del mundo. Eso es lo que hacemos cuando nos culpabilizamos
por una situación de acoso, o cuando los demás nos culpan por
verlo como un acoso. Por raras, por histéricas, por exageradas, por
amargadas. Decolorar la realidad hasta hacerla palidecer y mostrar
estas situaciones reales de acoso como un fenómeno exclusivo de
nuestra cabeza enfermita. Es muy difícil que un acosador o un
machista que se jacta con alegría de serlo sea visto como un peligro
social entre un grupo humano. Incluso aunque en ese grupo humano haya
mujeres. Mi caso no es grave, aunque haya derivado en años de
afección y sesiones de terapia, pero hay otros muchos que sí lo son
y que derivan en situaciones mucho más graves. VIOLACIONES.
AGRESIONES. ASESINATOS. Y ahora se que muchas personas no están
preparadas para ver eso, porque siguen mirando el mundo con los ojos
del patriarcado. También mujeres. Por eso es tan importante la
visibilización y el cambio de cristal con el que se mira el mundo.
Por eso es tan importante el feminismo.
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7 comentarios:
Joder Susan...y yo haciendo chistes malos sobre el puto cadalso...
Mira, ante todo you can count on me...y en segundo lugar te contaré algo. Lo que más me llama la atención no es el cafre de turno, sino la permisividad de otros, que amigos y parejas no lo diesen importancia, que lo decoloreases y que te sintieses sin aliados.
Por eso siempre me ha encantado la historia de Pee Wee Reese. Jugador de beisbol que coincidió con Jackie Robinson, primer jugador negro en la liga beisball en los 40, y que sufrió amenazas de muerte, vejaciones y putadas de todo tipo, en este caso, por ser negro.
Pee Wee hizo algo hermoso y valiente. Cuando el equipo llegó a jugar a Kentucky,de donde provenia Pee Wee, Jackie Robinson fue recibido como de costumbre...Pee Wee era el jugador e ídolo local y todo el publico estaba contra Robinson. No es que mirasen para otra parte, le agredían verbalmente y le humillaban continuamente.
Y en su casa, ante su público, Pee Wee agarró a Robinson y pidió a un fotografo que les hicieran una foto juntos...luego saltó al campo y dió un largo y sincero abrazo a Robinson en mitad del campo. Hay hasta una estatuta con el momento.
A ver si cunde el ejemplo...por cierto, la hostia al terapeuta ya se la doy yo...que tb tendré mi dosis de educación machista...tu ni te manches las manos. Un abrazo
V, todos hemos hecho bromas sobre el cadalso, yo la primera. Gracias por la anécdota, vaya historias conoces :)
Por cierto, a la terapeuta por qué? No, a ella ni tocarla, en todo caso, la hostia se la damos a otro
Un beso :)
Gracias por colgarlo en tu blog, Sue y permitirme así leerlo.
Un beso.
Es muy chula esa web.
Lo que cuentas es acojonante. Personalmente, nunca alabo el peinado, la ropa, etc. de una compañera de trabajo, conocida o amiga que previamente no me haya dicho que llevo una ropa, un corte de pelo, etc. chulo. Tal como va la historia, es la mujer la primera que tiene que cruzar ese puente de la igualdad.
Lo de dar una hostia es a veces algo sano, pero trae muchas complicaciones. ¿Qué tal decirle algo así como "pues yo de ti, con el culito que te hacen esos pantalones no me pasearía por Chueca"?
El caso es que todo es muy chungo y de alguna manera hay que empezar a responder a lo que claramente es un acoso. Responder con un poco de violencia verbal quizá equilibre la situación
Claro que no hay que callarse, valiente.
Pues está muy bien tu texto. Al leerlo me ha venido a la memoria la escena de Candela Peña en la peli "Una pistola en cada mano" que me encanta.
Besos.
TODAS LAS CUESTIONES, o casi, deben ser normalizadas; es decir, hablar de ellas para no hacer un mundo de las mismas, a mucho que nos cueste y/o nos duela.
Lo de "al toro... por los cuernos"
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