Leitmotiv
Escribo porque no tengo nada que hacer en el mundo: estoy de sobra y no hay lugar para mí en la tierra de los hombres.
Escribo por mi desesperación y mi cansancio, ya no soporto la rutina de ser yo, y si no existiese la novedad continua que es escribir, me moriría simbólicamente todos los días.
Pero estoy preparada para salir con discreción por la puerta trasera. He experimentado casi todo, aún la pasión y su desesperanza. Ahora sólo querría tener lo que hubiera sido y no fui.
-C. Lispector, La hora de la Estrella-
martes, 13 de diciembre de 2016
MUJER CON CABRAS
Mujer con cabras
Maruja Mallo
No soy la típica solterona, de hecho, hace bien poco conocí a un tipo que me gustaba mucho y me ilusioné por tener
una relación con él. Una relación de pareja.
Hacía tiempo que no salía con nadie, ni me gustaba nadie, así
que me ilusionó conocer a alguien como él, con quien compartía
algo más que aficiones. De hecho, aficiones comunes teníamos pocas:
él era un flipado de las series, odiaba los gatos y no desayunaba.
La primera vez que le invité a desayunar en casa (y creo recordar
que la última), cogí en brazos a mi gata para presentarlos
formalmente y al abrir la puerta, gritó “oh, no, no, quita, y
lávate las manos por favor”. Bueno, pensé, no todo son las
aficiones y que no le gusten los gatos no es un escollo tan potente.
Como soy muy cinéfila, en seguida me acordé de una peli de Woody
Allen que lo explicaba todo. Una pareja tiene que gustarte en lo
esencial, que más da que a ti los cómics te la repanpinflen y él
los tenga en un altar, que tu mejor momento del día sea el desayuno
y el suyo el de la cena o que te guste madrugar y a él quedarse
hasta las tantas viendo series a las que tú no les encuentras el
atractivo ni viéndolas en la tablet mientras cagas, que es tu
momento más receptivo del día. Lo esencial es otra cosa. No sé, el
sexo, por ejemplo. Ya lo dice el tipo ese que se cree Tom Cruise en
Magnolia y que es más machista que Bertín Osborne: el sexo es el
100% de una relación. Si el sexo funciona, muchas otras cosas
tienden a equilibrarse y la relación tiende a funcionar, porque nadie quiere perder a un
buen amante. Los principios también son importantes, que tengáis una
filosofía de vida similar, que ambos seáis comprometidos, por
ejemplo, aunque cada uno lo sea a su manera, más o menos relajada,
que tengáis la misma idea en cuanto a no tener descendencia (que
luego puede que él cambie de opinión un día porque ha cuidado al
hijo de unos amigos un par de horas y, de repente, le entran unas
ganas irrefrenables de ser padre y te deja porque tú no estás preparada para ser madre. Porque, de repente también olvida que nunca quisiste ser madre y que en eso estabais de acuerdo). Que busquéis algo en el otro que tenga que ver con que habéis
empezado a respetaros a vosotros mismos y que estéis
instaurados en la misma búsqueda o en ninguna búsqueda, pero sí en
un momento vital similar. Que seáis aliados de cualquier tontería
maravillosa.
Pues bien, con este chico el sexo no era para tirar cohetes, pero yo sabía de buena tinta que eso es algo que suele mejorar con el tiempo, siempre y cuando se
practique, claro. Quiero decir, que hay que follar, no basta con
apuntarse al gimnasio. En definitiva y resumiendo, había ocasiones infinitas para follar y otras tantas
para no compartir aficiones y no aprovechamos bien ninguna, Tampoco los principios resultaron
ser una base tan férrea como para mantener el barco a flote. Él, a
los tres días de conocernos, empezó a reprocharme un montón de
cosas, todas derivadas de algo que yo le dije, claro, uno de esos miedos inconfesables que al final terminas confesando y que, a pesar de las cruces, viene bien para descubrir quien los refunda (los miedos). Los reproches eran tantos y variados, o quizás no tan variados, pero sí tantos, que hubo un momento en el que pensé que todo era
broma. Que lo que ocurría en realidad es que intentaba provocar en
mi una reacción violenta o histérica para grabarme en cámara oculta y colgarla
en youtube. Y forrarse. No podía ser que yo, queriendo como quería
que aquello funcionara y pasando por alto detalles que me dolían
sobremanera, tuviera tantas cosas reprochables. O quizás sí.
Una noche, después de soportar una batería intragable de
reproches a través de Wasap, comencé a llorar como hacía tiempo no
lo hacía por un hombre y noté ese dolor que te quema cuando sabes
que estás empezando a querer a alguien, pero no sabes cómo hacer
que funcione y no estás dispuesta, ya más, a seguir soportando
necedades ni a cambiar para que te quieran. Escuchas (o lees) sus
palabras, la mayoría de ellas tiradas en punta afilada contra ti, y
piensas que quizás no ha sido buena idea intentar algo con alguien
que te gusta, porque, al fin y al cabo, no tiene por qué funcionar
solo porque te guste. En ocasiones, también tienes que estar dispuesta a
sacrificarte a ti misma, al menos así es con ciertas personas, a
sacrificar lo que eres en esencia. Entonces decidí, no sé cuándo,
que aquel chico nunca me vio a mi, nunca vio lo que yo era y nunca
tuvo interés en conocerme. Supongo que le gusté, pero sobre todo le
gustaba lo que él imaginó que yo era, o lo que vaticinaba que podría
llegar a ser. Pero es que... ninguna de las dos era yo.
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3 comentarios:
En esos casos, siempre digo, que se lo haga mirar...
Y tú, deja de comerte el tarro.
O de lo contrario, no te quejes... ni nos cuentes... y sigue con la terapia.
:P
Bss, Sue.
No le hagas caso a la Zarza,:) en estos casos un poco de comida de tarro viene bien, y contarlo, especialmente a nosotros, te sentará bien, y al tío que le den, no te merece el gilipollas, lo que me jode es que tu lo pases mal... :(
Besos y salud
Eva, si no puedo quejarme, reírme, fantasear y soltar lastre en un blog personal pues apaga y vámonos.
Lo de leerlo no es asignatura obligatoria, u know.
Un beso!
--
Genín, lo he pasado mal y bien, como siempre lo pasamos los humanos cuando nos enamoramos un poco. Y yo, a pesar de todo, sigo siendo humanoide.
Un beso y salud!
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