Leitmotiv

Escribo porque no tengo nada que hacer en el mundo: estoy de sobra y no hay lugar para mí en la tierra de los hombres.

Escribo por mi desesperación y mi cansancio, ya no soporto la rutina de ser yo, y si no existiese la novedad continua que es escribir, me moriría simbólicamente todos los días.

Pero estoy preparada para salir con discreción por la puerta trasera. He experimentado casi todo, aún la pasión y su desesperanza. Ahora sólo querría tener lo que hubiera sido y no fui.

-C. Lispector, La hora de la Estrella-

jueves, 23 de junio de 2016

FEM


He de confesar que no me he criado en un ambiente feminista y libertario, pero tampoco en uno opresor y fascista. Podría decirse que, en mi casa, reinó siempre una aparente calma chica en lo referente a temas políticos y sociales. Incluido el feminismo. El típico hogar de donde, ni en mil años, podría nadie imaginar que pudiera salir un miembro con sensibilidad para temas políticos o sociales. El típico hogar de donde nunca podría surgir una feminista. Porque, la cosa está clara (y ahora hablo de mi), no soy feminista porque lo haya mamado en casa, pero tampoco lo soy por llevar la contra a mi familia. A mi familia, siendo sinceros, esto del feminismo les da bastante igual. No tanto como para no ver ciertas atrocidades y denunciarlas en medio de una cena, al tiempo que comentan el último gol de Messi, pero tan poco como para ofenderse con los anuncios de la tv, usar el lenguaje inclusivo o militar en un grupo feminista. No está en sus genes, aunque sí en los míos. En cualquier caso, yo les quiero igual.

El por qué yo lo llevo en los genes y mi familia no es un misterio, como el del niño, que, siendo nieto e hijo de toreros, se convierte en una persona normal y no en un sádico. Quizás todo tiene su razón de ser y el mundo me reservaba la aclaración a la incógnita unos años por delante, cuando mis posaderas terminaron en una la típica empresa española donde cualquier excusa es buena para llamar puta o loca a una mujer. Llevar tatuajes, minifalda, el pelo de colores, muy corto o muy teñido, pantalón de caballero, estar soltera y follar con quien te apetece, hablar de sexo , indignarse con piropos, comentarios o chistes machistas y no participar con risa cómplice y un largo etc.
Para que nadie se corra antes de tiempo, no diré el nombre de la empresa, entre otras cosas porque no creo que sea el único centro de trabajo donde no se cumplen las políticas de igualdad y donde sus empleados, por mayoría, son unos gañanes incapaces de tratar a una mujer como a una persona.

¿Peco de ilusa si digo que espero que las conductas machistas desaparezcan y que yo pueda verlo algún día? (y descansar en paz) Peco, porque por sí solas no van a desaparecer, como por sí sola no desaparece la tortura animal, hay que crear leyes y concienciar a la ciudadanía. Eso tan difícil que solo lo es si no se quiere, como venimos comprobando de unos años para acá.

Lo peor de ser feminista en esta época, es que me pilla vieja para zarandajas. Cuando era joven y pensaba lo mismo que ahora, pero no sabía que eso era ser feminista, me manejaba mejor, porque mis explicaciones no sonaban a explicaciones. Eso cuando las daba. Mis argumentos no sonaban a doctrina, cuando los tenía y no sentía la losa que siento ahora cada vez que le digo a un machista que lo es. Supongo que esto tiene que ver más con la edad y la energía que con el feminismo. Cuando eres joven, todo te parece liviano, hasta lidiar con los tipos más asquerosos para, inútilmente en la mayor parte de los casos, hacerles ver que eres una persona, no un coño con patas ni un ser de segunda categoría. Por eso me gusta ver a chicas jóvenes, a niñas, amueblando ya su cabecita para no dejarse pisar por la sociedad que a ellas también les va a tocar vivir. Me gusta escucharlas decidir sobre sus vidas, cuestionarse los roles que nos mantienen a hombres y mujeres en distintos lados del tablero, hablar de sexo con naturalidad, pero sin difamarlo, enamorarse sin confundir el amor con la cesión de su identidad, luchar por sus derechos, manifestarse, estudiar y no caer en esa ridícula tentación tan de moda ahora del “yo no soy feminista ni machista, soy persona”.
Me gusta porque de ellas depende que la sociedad se vaya articulando en aras de una mayor sensibilización ante situaciones tan graves como la violencia de género, el abuso sexual o el abuso de poder.

Que también hay mujeres que no lo ven, pero esa es otra historia.

3 comentarios:

Isabel dijo...

El problema es que los cambios no suceden tan rápidos como nos gustaría. Con lo machistas que encuentro todavía a muchas mujeres, ¿cómo estaríamos si no hubieran existido los movimientos feministas?

Abrazos.

Carmela dijo...

Está claro que en las jóvenes debemos tener la esperanza y no cesar en lo que a nosotras nos toca.
Un abrazo, Sue.

V dijo...

No creo que peques de ilusa...pero muy cierto que ciertas conductas implantadas no desaparecen por generación expontánea....mira Sue, nunca subestimes la capacidad de un hombre para subestimar a una mujer...cuidadin con los que adulan más de la cuenta y te dicen que sois el sexo fuerte y la sensibilidad hecha carne...pero que te voy yo a explicar...esa empresa, un dia me planto y les cuento un chiste verde para que se escandalicen. Un abrazo