Leitmotiv
Escribo porque no tengo nada que hacer en el mundo: estoy de sobra y no hay lugar para mí en la tierra de los hombres.
Escribo por mi desesperación y mi cansancio, ya no soporto la rutina de ser yo, y si no existiese la novedad continua que es escribir, me moriría simbólicamente todos los días.
Pero estoy preparada para salir con discreción por la puerta trasera. He experimentado casi todo, aún la pasión y su desesperanza. Ahora sólo querría tener lo que hubiera sido y no fui.
-C. Lispector, La hora de la Estrella-
domingo, 20 de marzo de 2016
HONG KONG
Ya
no quiero parecerme a las chicas de las revistas. Ni quiero saber
nada de quien busca chicas de revista. Anoche te eché de menos y te
busqué en Internet. Otra vez. Después de diez años. Eres la única
persona a quien busco en Internet después de tanto tiempo. Tu
sonrisa sigue intacta. Como si nada la hubiera podido sofocar en todo
este tiempo. Como si nunca hubieras tenido un mal día. Me gusta
imaginar que alguno has tenido y que eso te ha hecho más guapo.
Aunque más, no cabe. Buscarte en otras miradas, como dicen las malas
canciones, no funcionó. No quiero parecerme a las chicas que les
gustan a los tipos que hablan de cómo les gustan las chicas. Ni
quiero escuchar más tonterías sobre el sufrimiento de los cabrones
cuando sus mujeres están embarazadas y rechazan el sexo. No quiero
escuchar a tipos abyectos que no escuchan y que creen que la vida
gira en torno a una polla que no saben usar. Sigues viviendo al otro
lado de mi mundo, en un lugar lejano que ni mis pensamientos ni mi
fantasía alcanzan ya. Quizás por eso te pienso menos, quizás ha
pasado demasiado tiempo, quizás el tiempo que tuvimos no fue
suficiente, quizás todo, pero hay noches que me acuerdo y te busco
en Internet, esa herramienta que no nos unió y que, sin embargo, nos
separa. Te dicen que Internet es el futuro y acorta distancias, pero
es mentira. No me quedo con el pasado. No quiero parecerme a las
chicas de las revistas. Ya experimenté lo de mujer florero, aunque
no contigo. El presente es una foto fija y tú con barba, sonriendo.
El presente es un vino en el Mercado de San Fernando. El presente es
un café y un trozo de tarta un martes por la tarde, después de
terapia. El presente es buscarte en Internet después de diez años.
El presente es el ruido de los coches. Un libro de poemas. Un
calentador que gotea. El crujido de la arena que la gata saca de su
caja y piso descalza. El presente fuiste tú cuando no había
distancia ni Internet. Cuando solo existían las personas y, si
acaso, un sms enviado en mala hora. Nunca me dijiste cómo te
gustaban las chicas. Qué gloria. Y las sábanas con lunares. Y los
desayunos frente a ese balcón con cortinas blancas que olían a ti.
Y el saber que eras tú aunque no fueras a estar ya nunca más. No.
Ya no quiero parecerme a las chicas de las revistas.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)


4 comentarios:
Jo, que putada estar reflexionando así, me gustaría que estuvieras feliz con el, o...con otro, pero que estuvieras feliz... :)
Besos y salud
Genín, la felicidad depende de uno mismo, da igual con quien estés y la verdad es que ahora, salvando las distancias, soy más feliz de lo que era hace tres años, por ejemplo. En cualquier caso, ya sabes lo que dicen, siempre es mejor el recuerdo que tenemos de alguien que ese alguien frente a uno. Sobre todo cuando ha pasado demasiado tiempo. Y ya sabes que las cosas no son como fueron sino como las recordamos.
Un beso!
Tú respuesta al querido Genín, me encanta, :)
Un beso.
Carmela, emocionada y agradecida, solamente puedo decir, gracias por veniiiir 😊
Un beso
Publicar un comentario