Leitmotiv

Escribo porque no tengo nada que hacer en el mundo: estoy de sobra y no hay lugar para mí en la tierra de los hombres.

Escribo por mi desesperación y mi cansancio, ya no soporto la rutina de ser yo, y si no existiese la novedad continua que es escribir, me moriría simbólicamente todos los días.

Pero estoy preparada para salir con discreción por la puerta trasera. He experimentado casi todo, aún la pasión y su desesperanza. Ahora sólo querría tener lo que hubiera sido y no fui.

-C. Lispector, La hora de la Estrella-

lunes, 14 de marzo de 2016

HALLAZGOS

Soy famosa por mis sonoros despistes. Desde dejar encendida la vitro todo el día, pasando por comerme frío el pollo mientras huelo a plástico quemado preguntándome qué será, será (y es el tupper que estaba en el fuego encendido), hasta llegar una hora tarde a un estreno de una obra en un teatro que no es. De momento, no me he subido al avión equivocado, pero dadme tiempo, porque trenes sí que he tomado unos cuantos erróneos. De los de verdad, con su gente y su olor a goma quemada, y de los metafóricos. La cosa es que mi despiste me obliga a tener una agenda, a apuntarlo todo y a dibujar planos de los lugares a los que voy por primera vez. Vosotros querréis llamarlo también falta de sentido de la orientación, pero no es eso, os juro que es simple y llano despiste. Los sabios somos así y, aunque no soy muy cabezota y suelo dejar las empresas a medias sin problema de conciencia, este fin de semana, quise intentar por segunda vez llegar a un lugar al que la primera vez que lo intenté me fue imposible. Con plano en mano me lancé en busca del lugar perdido y codiciado y, después de pasar dos veces por la misma calle, preguntar otras dos veces, y empezar a pensar en volver a casa sin el ansiado botín, LO ENCONTRÉ. Lástima que el destino sea tan caprichoso cuando no crees en él, porque justo antes de entrar (y ya relamiéndome de gusto) una voz me asaltó de improvisto:

-Joder, no me lo puedo creer

Al mirar donde procedía la voz, me topé con una cara semi conocida, es decir, una de estas caras que te resultan familiares, pero que, por un misterioso revolverse de los acontecimientos, no te emociona demasiado encontrarte. Y menos después de hallar el lugar ansiado que llevas dos fines de semana buscando. Quizás por eso mi lento cerebro tardó en reaccionar. En reaccionar con el típico :”te has confundido” y salir pitando, claro.

-Joder, es que no me lo puedo creer, ¿qué coño haces tú aquí?
-Bueno, eh, yo, venía, estaba buscando el Ecocentro y mira por donde… es que el fin de semana pasado, bueno, que vaya, que lo encontré. ¿Y tú?
-Joder, joder, joder.
-Espera, no me lo digas, ¿sales de fiesta?
-Sí, me has pillao. De un after.

Lo normal. Una sale de casa a la una de la tarde en modo tranquilo, con una hora de gim y un buen desayuno a sus espaldas, para dar un paseo y tirarse tres o cuatro horas en el ecocentro, comer allí, leer, quizás comprar un poco de quinoa, y se encuentra de sopetón con un conocido que sale de un after. Curiosamente recuerdas el nombre y algunos detalles de su anatomía. Recuerdas que el estómago se te meneó un poco durante cierto tiempo, pero también recuerdas que una noche, tras dos horas seguidas solo con él ya estabas deseando que se largara con sus muslos perfectos a otra cama. Y que no volviera nunca más. Y ahora estaba ahí, levantándote las gafas de sol para verte los ojos, sonriendo y contando los mismos chistes de quinceañero que cuando le conociste en los baños del centro deportivo. Como si no hubiera pasado el tiempo y siguierais fornicando martes y jueves, vaya.
Me pregunté si aquello no sería un déjá vu de esos, o un espejismo, o una señal (tienes que follar, tienes que follar), o ganas de joderle a una el sábado, que también. Teniendo en cuenta que tenía la regla, era, sin duda, esto último.

-Pero cuéntame, qué tal, pero tía no me lo puedo creer, esto no es una casualidad, esto no es, a ver, es que tenemos que tomar algo
-Me parece que tú ya has tomado demasiado
-Venga, vamos, entramos ahí, te acompaño ¿vas a comprar? Aquí hacían, antes eh, unas hamburguesas de lentejas…Venga, toma mi brazo. Entremos.

A simpático no le gana nadie y lo que no le pase a una cuarentona ya no le pasa ni a Rajoy, y lo peor de todo es que no os voy a contar toda la historia porque no tengo tiempo ni ganas. Resumiré porque tiene mucha guasa. El chico, a ver, es mono, es de esos chicos guapos y simpáticos que toda madre quiere lejos de su virginal hija de quince años, pero que para mi está muy bien. Con la cabeza llena de pájaros y de alcohol y un tamaño de polla respetable (que no venerable), puedo decir, sin resultar demasiado deslenguada, que es para bebérselo a sorbitos. Pero otro día, no el que has decidido pasar en compañía de tu menstruación.

Aún con todo en contra, terminamos de bares, por supuesto, bebiendo, comiendo y morreándonos como si no hubiera un mañana, lo malo es que lo había y que, de no terminar zumbando, a ese tío no hay quien le aguante. Y a mi tampoco, así que, besitos y pa casa y ya si eso una mañana te llamo y nos desayunamos.

9 comentarios:

Genín dijo...

jajajaja Genio y figura...jajaja
Besos y salud

Genín dijo...

Que se me olvidó, niña, que la boca del tío ese debía saber a rayos ¿No? al menos hasta que tu bebieras un poco...jajaja
Besos y salud

Pilar Abalorios dijo...

Hay sábados que te gastan bromas ;)

Carmela dijo...

Me encantó :)

Sue dijo...

Genín, ya sabes cómo es eso del amor, que te hase perder er sentío (el del gusto también)

Sue dijo...

Pilar, ya tú sabes
----
Carmela, sus!

Sue dijo...

Carmela, quise decir "ays", es que este cacharro está gili.

palabricas dijo...

Yo creo que mejor el aliento a noche que la quinoa, a la que no he conseguido encontrar el sabor salvo añadiendo cosas ricas, lo cual no tiene demasiado sentido...
Follar es bien, jamía.
Eso si, otro sábado te piensas mejor lo de salir de casa, no vaya a ser...
Besos

Sue dijo...

Palabricas, la quinua es un poco como la tónica, tú ya me entiendes 😏

Besos