Leitmotiv

Escribo porque no tengo nada que hacer en el mundo: estoy de sobra y no hay lugar para mí en la tierra de los hombres.

Escribo por mi desesperación y mi cansancio, ya no soporto la rutina de ser yo, y si no existiese la novedad continua que es escribir, me moriría simbólicamente todos los días.

Pero estoy preparada para salir con discreción por la puerta trasera. He experimentado casi todo, aún la pasión y su desesperanza. Ahora sólo querría tener lo que hubiera sido y no fui.

-C. Lispector, La hora de la Estrella-

domingo, 14 de febrero de 2016

FELIZ SAN BALLANTINES



Leyendo el post “No quiero ser John Wayne, solo quieroser brigada” me han dado muchas ganas de recordar un montón de cosas que me han pasado en cuestiones de amor, de acordarme de un montón de personas y de honrar a algunas. Me he acordado de aquél chico que salía de trabajar a las once de la noche y caminaba veinte o treinta minutos para verme diez o quince en el portal de la casa de mis padres. Yo madrugaba muchísimo y él salía tarde, pero quería verme cada día un rato. Me acuerdo de aquél otro que jamás se llevaba el móvil cuando salíamos, que tenía la casa más recogida del mundo y que compró una cafetera para que yo tuviera café cada fin de semana, aunque él nunca tomaba. De aquél que me regaló un viaje a Paris por mi cumpleaños y de aquél otro que llenó la bañera de agua con sales, la rodeó de velas y me invitó a un baño compartido. Me acuerdo de uno de los mejores besos que me han dado en mi vida, bajo el puente de Manhattan y de aquella vez, en el hospital, en la que tuve que lidiar con la novia de un ex porque no quería que yo estuviera allí. El mismo  ex que cada noche, tras salir de trabajar, caminaba veinte o treinta minutos para verme diez o quince en el portal de la casa de mis padres. Me acuerdo de aquella vez que me tiré de un coche en marcha por una discusión y de otra en la que un tipo al que nunca quise me amenazó con cortarme el cuello si miraba a otros. Me acuerdo de un viaje a Navarra en el que descubrí que quien estaba a mi lado me quería de verdad y del susto que me llevé, y me acuerdo aún de su sonrisa y de sus lágrimas cuando le dije que todo había terminado. Me acuerdo de aquél tipo en un bar a quien le dije que yo buscaba la naranja entera y que terminó acosando a mi mejor amiga. Me acuerdo de los que no supieron ni quisieron, de los que yo no quise ni supe y de aquella vez que subió la marea y quedamos atrapados en la playa del Barayo. Yo, con mi camiseta amarilla medio mojada, sin sujetador ni bikini, saltando mis tetas por el bosque para que no nos cogiera la noche y tú con tu dolor de estómago por aquellas malditas pastillas para la tensión. Recuerdo que una pareja joven con un perro tuvo a bien llevarnos en coche hasta el aparcamiento, de otra forma hubiéramos tenido que pasar la noche en aquél precioso bosque. Recuerdo mis saltos de alegría cuando aquél niño tan guapo me invitó al cine y mi preocupación por la diferencia de edad. Me acuerdo de las veces que no intensificaron mis taras, ni quisieron arreglarlas y del sol entrando por la ventana de su cuarto la primera vez que dormí con él. Y de lo que soñé y de que me puse la sábana a modo de vestido de fiesta para ir al baño porque me daba vergüenza que me viera desnuda. Me acuerdo de cuando el amor no era drama ni soledad compartida y de lo bueno que era el sexo contigo. Con él.


Yo también quiero ser brigada.

3 comentarios:

Pilar Abalorios dijo...

Qué hermoso modo de hacer las cuentas.

Carmela dijo...

Me ha encantado como lo has contado, y vaya tela cuantos recuerdos!!
Un beso.

Genín dijo...

Pues si para ahora has acumulado tantos recuerdos, muchos muy ricos, la cantidad que tendrás cuando seas una carcamala de mi edad...jajaja
Besos y salud