Leitmotiv

Escribo porque no tengo nada que hacer en el mundo: estoy de sobra y no hay lugar para mí en la tierra de los hombres.

Escribo por mi desesperación y mi cansancio, ya no soporto la rutina de ser yo, y si no existiese la novedad continua que es escribir, me moriría simbólicamente todos los días.

Pero estoy preparada para salir con discreción por la puerta trasera. He experimentado casi todo, aún la pasión y su desesperanza. Ahora sólo querría tener lo que hubiera sido y no fui.

-C. Lispector, La hora de la Estrella-

lunes, 25 de enero de 2016

NO SÉ NI CÓMO TITULAR ESTO

A la gente le cae bien Bertín Osborne, tenéis que aceptarlo. A todos los que van a su programa solo les falta babear y correrse de gusto. No sé quién soy para decir esto, yo que jamás he visto su programa ni pienso hacerlo así me arranquen las uñas con alicantes, pero alguien tenía que decirlo. Y no me lo invento, porque he visto las entradillas del show y se ve claramente lo que digo. No hace falta ni tragarse el programa entero ni ser un lumbreras para darse cuenta de que los que van a casa de Bertín Osborne lubrican con solo cruzar el umbral. Y cómo no iban a hacerlo, con ese porte y esa gracia, que la tiene toda, con esas ocurrencias tan saladas y naturales, esa sonrisa campechana y ese acento andaluz tan poco forzado. Por no hablar de su maravilloso conocimiento del universo femenino.

La verdad es que tenía ganas de escribir de Bertín Osborne y contar aquél estreno al que acudí y en el que pasé más vergüenza ajena que nadie nunca. Hubiera salido huyendo del teatro, pero me habían colocado al final de la fila de butacas (con muy mala leche, los cabrones) y tenía que pasar por encima de, al menos, quince señoras de las de abrigo de visón y mantilla. Todo fue una conspiración judeo-masónica, o bueno, de las otras, para que yo viera aquella noche a Bertín Osborne y a Arévalo en su máximo esplendor. Hasta entonces, a estos dos señores yo ni los tenía en cuenta, habían pasado por mi vida sin pena ni gloria, como dos mosquitos de esos que suenan de lejos y ni se acercan. Pero a raíz de ver aquél espectáculo lamentable, se convirtieron en dos seres abyectos. Sobre todo el alto.


Hasta entonces, no tenía ni idea de la ideología política de ninguno de los dos, ni me importaba, como no me importa la ideología de un mosquito, pero descubrir toda esa caspa de una sola vez y con rancheras por banda sonora fue como caerse de bruces en la tumba de Primo de Rivera.  A partir de ese día, la grima se instala en mi cada vez que escucho la voz o veo la imagen de alguno de los dos, sobre todo del alto, y hasta hoy no he podido quitarme de encima la maldición. Es por eso que me cuesta entender que a su mujer (porque me ha dicho mi madre que está casado) no le duela la tripa ni nada.

2 comentarios:

Carmela dijo...

jajajajajaj muy bueno Sue, jajajaja sobre todo el alto jajaja
Un beso

Genín dijo...

jajaja Eres la leche!
En ese horario yo ceno, lo tengo reservado para ver una peli, pero si que he visto cuando hacen promoción de su programa, recuerdo que el anuncio que vi era de Alaska y su marido y parecía divertido, pero el personaje como cantante me produce urticaria, por lo demás ni fu ni fa... :)
Besos y salud