Leitmotiv
Escribo porque no tengo nada que hacer en el mundo: estoy de sobra y no hay lugar para mí en la tierra de los hombres.
Escribo por mi desesperación y mi cansancio, ya no soporto la rutina de ser yo, y si no existiese la novedad continua que es escribir, me moriría simbólicamente todos los días.
Pero estoy preparada para salir con discreción por la puerta trasera. He experimentado casi todo, aún la pasión y su desesperanza. Ahora sólo querría tener lo que hubiera sido y no fui.
-C. Lispector, La hora de la Estrella-
domingo, 31 de enero de 2016
DESCOMPOSICIÓN
Hay historias de amor que son bonitas de principio a fin, es
decir, que durante el nudo no se han quemado como chusco de pan olvidado en la
tostadora y sobreviven al paso del tiempo en la memoria de sus protagonistas.
No hacer el gilipollas ni andar por el mundo como lo que no se es, permite llegar al desenlace con cierta dignidad
y, sobre todo, sin que huela a chamusquina. Ambas partes pueden continuar con
su vida sin creer que han sido traicionados, engañados o, simplemente, sin
creer que han perdido el tiempo. Cuando crees que has perdido el tiempo con
alguien, o que hubiera sido mejor no conocerle, es que algo esencial ha
fallado. Normalmente es por un giro de guión inesperado, de esos que en el cine
o en el teatro se agradecen, pero que en la vida real, sobre todo si son a mala
baba, no son bienvenidos. Obviamente, a nadie en su sano juicio le apetece que
su pareja un día le diga una cosa y al cabo de dos días la contraria y que eso
se repita las veces necesarias para volver loco al otro. A duras penas, nadie podrá
construir una confianza con otra persona en estas circunstancias, más bien se verá sumido en una confusión
constante.
Yo os diría que si se os da este caso alguna vez, huyáis
despavoridos, pero lo mismo ya es tarde y me estoy metiendo donde no me llaman.
En cualquier caso, las historias de amor bonitas, esas que se recuerdan con una
sonrisa, no son patrimonio del cine, también existen en la vida real. Y cuando
digo “bonitas” no me refiero a que sean como una balsa de aceite, sino a que
alguno de los implicados no sea una persona tóxica. ¡Y cuántas veces se confunde
el amor con la toxicidad! Disfrazándola, por supuesto, de un romanticismo que,
cuando rascas, cuando lo pones a prueba y lo sacas a la superficie, cuando le
exiges que se muestre, que de la cara, se descompone, se chamusca, se quema. En
definitiva: desaparece y, al final, es como si aquello nunca hubiera ocurrido.
Algo, que, por otra parte, está muy bien.
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5 comentarios:
Tal cual :)
Besos y salud
iba a decirte algo así como lo mismo que te digo una cosa te digo la otra...pero no quiero que te mosquees...en realidad de este tema no tengo ni idea, tu te explicas mejor...un abrazo
Hay mucho pan quemao, :)
Un beso, Sue.
Pues no sé yo si... a estas alturas, si no lo tuviera claro sería para darme con la cabeza contra la pared: por haber vivido sin prestar atención.
Bueno, pues si así acaba, como si no hubiera existido nunca...jo, ya es un logro!
Besitos y enhorabuena.
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