Leitmotiv
Escribo porque no tengo nada que hacer en el mundo: estoy de sobra y no hay lugar para mí en la tierra de los hombres.
Escribo por mi desesperación y mi cansancio, ya no soporto la rutina de ser yo, y si no existiese la novedad continua que es escribir, me moriría simbólicamente todos los días.
Pero estoy preparada para salir con discreción por la puerta trasera. He experimentado casi todo, aún la pasión y su desesperanza. Ahora sólo querría tener lo que hubiera sido y no fui.
-C. Lispector, La hora de la Estrella-
sábado, 9 de enero de 2016
ADA
Un día, domingo creo, mi madre me dijo, muy pizpireta ella, muy madre: “he estado mirando gatitos, te voy
a comprar uno para que te haga compañía”. “Ni se te ocurra comprar un gato” le
dije “los animales no se compran”. Y ahí quedó zanjado el asunto. En cuanto a lo de la
compañía, no le dije por no entrar en detalle y hacerle pasar mal rato, pero en
ese momento ya tenía alguien que me daba la compañía que mi alma demandaba,
aunque, ni por asomo era tan magnífica como la que puede ofrecer un gato a
estas alturas.
Varias tardes de domingo después, una en la que yo gozaba de
los favores de mi amante masajista y fontanero, sonó el móvil y, llevada por una
misteriosa fuerza que no suele tener efecto en mi, contesté, pensando, también
es verdad, que podría ser algo urgente, dada la insistencia del llamante. Al
otro lado del teléfono, una voz conocida me suplicaba que acogiera a dos gatitos
en casa, abandonados por la madre gata y vivos de milagro después de horas desatendidos
a la intemperie. Quien me llamó conocía mi exigua voluntad cuando se trata de
animales moribundos, pero aún sabiéndolo, me describió detalladamente la
belleza de los mininos y la ternura que provocaban. “Todo eso está muy bien, pero me pillas fatal” le dije “no sé ni por qué he cogido el teléfono, pensé
que sería algo urgente”. “Es urgente, si no los acoges, morirán”.
HALA. Morirán. No hacía falta que después de eso me enviara
fotos de los preciosos gatitos, porque mi conciencia ya estaba disparada. Esos
gatos no iban a morir, al menos si yo podía evitarlo. Y así toda mi vida, oye.
Qué manera de manipular.
-Tengo que ir a buscar calostro para gato ¿sabes algún sitio
abierto hoy? – le pregunté al hombre que hacía abdominales en el lado derecho
de mi cama, para amortizar el tiempo, supongo.
-¿Calostro? ¿eh? ¿gato? ¿hoy?
Mi amante no era muy despierto y, aunque yo lo achacaba a
que no era español y se estancaba en frases hechas y costumbres, lo cierto es
que no era esa la razón, pero yo la usaba para justificar mi falta de
criterio a la hora de escoger hombres. Por lo general, era imposible contarle
un chiste o una anécdota divertida, jamás lo entendía. Para compensar, daba
unos masajes de muerte, pero esa no es la cuestión, la cuestión es que aquel
domingo dormí con dos gatos de tres semanas en una caja de cartón al lado de la
cama y a la semana siguiente estaba en el hospital con quemaduras en la piel.
Para entonces Manuelita ya había muerto. Precisamente, la única noche del mes en que se
me ocurrió salir a tomar unas copas, va la tía y se muere. Cuando llegué a
casa con un par de gin en el cuerpo, yacía petrificada al lado de su hermana,
que, vivita y coleando, maullaba pidiendo biberón. Eran las dos de la mañana,
pero lloré como si fueran las cinco.
Dicen que cuando se llora, no se llora solo por un motivo y sí,
seguramente yo no lloraba solo por la muerte de aquella gatita a la que había
alimentado durante una semana y a quien había elegido para que fuera mi
compañera de piso. Lloraba por muchas cosas más. Y también gritaba, aunque esto
no sé bien por qué.
Resumiendo, fui a enterrarla y creo que no lo hice del todo
bien porque no sé cavar y porque no podía dejar de llorar. Volviendo a casa
imaginaba que alguna rata inmunda y gigante, mucho más grande que ella, la
desenterraba y la devoraba. También imaginé durante varias noches al jardinero
descubriendo mi tumba pobre y a varios perros jugando con su pequeño cadáver.
Por eso lo de las ampollas en la piel y por eso lo de Ada, que es la
que os mira desde la foto con seis meses menos. La que no estaba destinada a ser mi compañera de piso, porque ya tenía otro hogar
apalabrado. Pero ¿cómo dejarla ir después del milagro de su supervivencia?
¿Después de enterrar a su hermana? ¿Después de que su madre la abandonara?
¿Después de mis ampollas en la piel?
Absoluta y definitivamente, no.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)


10 comentarios:
Bueno compañera de gatos, soy de tu equipo, pero lo mio es mucho peor porque yo no soy de gatos, soy de perros de toda la vida, pero aquellos dos gatitos blancos como la nieve llegaron al ranchito famélicos, llenos de parásitos, el pelo erizado producto de hambre continua, me resistí, pero no lo pude evitar,me me encogió el corazón y les di de comer pienso para gatos que fui a comprar al Mercatranca, antes les habia dado un par de latas de atún, sabiendo que al hacer esto, una regla no escrita hacía a los gatos míos y que ya nunca se separarían de mi, y así ha sido, casi, hasta que el otro dia desapareció la hembra, "garfia" se llama porque tenia el rabo como un garfio, pero el que cambió de sexo, María, la que yo creía su hermanita -ahora Mario- sigue conmigo, con unos cojones que le han salido que no veas, grande hermoso, con su pelo blanco, largo y sedoso, como la nieve, y está claro que nos amamos, a pesar de el ser gato y yo un miserable carcamal de esos de la especie erguida y con dos patas, que se cargan el planeta, pero con la facultad de comprarle pienso de salmón y otras delicias en el Mercatranca, pa que veas como somos algunos carcamales...jajaja
Mi hija que entiende mucho de gatos, me dice que la "Garfia" cualquier dia aparece preñada, porque las gatas son muy putas y se largan por ahí a follarse todo lo que se mueve sin importarles color, nacionalidad, ni clase social, solo exigen que sea gato...jajaja
Besos y salud
No, claro, imposible. Te comprendo, tuve una parecida historia, sin masajista, aclaro, ya me gustaría.
Fueron mis hijos los que llegaron con un gatito que me tuvo toda la noche en vela y que al final, a pesar de biberones etc. se murió. Un duelo total.
Tu Ada es preciosa.
Abrazos.
No te pedirá nada a cambio, le darás de comer y beber y ella te lo cambiará por afecto sincero.
Aunque no todos los gatos son así.
No te pedirá nada a cambio, le darás de comer y beber y ella te lo cambiará por afecto sincero.
Aunque no todos los gatos son así.
Es preciosa!
Un beso.
autentica cocada....se muy bien de lo que hablas...excepto que a mi no me masajea nadie,snif, ni en este idioma ni en otro. Cuidaros mucho...que me da que lo haceis
Cuando las cosas tienen que ser, son. Es una preciosidad.
Genín, eso espero, que sea muy puta la Garfia.
Un beso!
---
Rubén, en realidad da más que pide y seguramente no es totalmente consciente de ello... o sí.
Un abrazo.
---
Carmela, lo es!
Un beso.
---
Isabel, :( pobriño.
V, los masajes pasaron y Ada permanece. Con eso te lo digo tó.
Un abrazo.
---
Pilar, cierto.
Un abrazo.
¿Ada por la Colau? Yo, de llamarla así, habría sido por "Ada o el ardor", la novela de Nabokov. El tiempo y las costumbres de la gatita (¿será más de organizar a los felinos o de irse de parranda?) dirá si responde más a tu referente o al mío.
En todo caso, es una preciosidad.
Por Colau, porque vino a mi el domingo de las elecciones municipales :)
Publicar un comentario