Leitmotiv

Escribo porque no tengo nada que hacer en el mundo: estoy de sobra y no hay lugar para mí en la tierra de los hombres.

Escribo por mi desesperación y mi cansancio, ya no soporto la rutina de ser yo, y si no existiese la novedad continua que es escribir, me moriría simbólicamente todos los días.

Pero estoy preparada para salir con discreción por la puerta trasera. He experimentado casi todo, aún la pasión y su desesperanza. Ahora sólo querría tener lo que hubiera sido y no fui.

-C. Lispector, La hora de la Estrella-

jueves, 26 de noviembre de 2015

PIZQUITAS

Es curioso cómo se ven las cosas cuando ha pasado el presente en el que sucedieron, e incluso, el pasado más inmediato (que nosotros nos emperramos en hacer presente con el recuerdo obsesivo), cómo se ven las personas y, sobre todo, qué claridad nos ilumina una vez han desaparecido las exigencias con las que nos obligamos a cohabitar. Del mismo modo que cuando alguien te pregunta con una afirmación, dándote ya la respuesta que quiere escuchar, sin ofrecer un mínimo margen para la expresión de tu necesidad o tu deseo, los recuerdos se agolpan en tu mente dando muy poco margen a la complacencia o, siquiera, a la cruda realidad que cada uno necesita para ver su propia forma en lugar de luchar por adaptarse a la de los demás. Después pasan, los recuerdos, y no vuelven más que en pizquitas y una vez que pasan y pasa lo peor (el darse cuenta del engaño, de la careta de quien mostró su mejor sonrisa y sus plétoras infames) una recupera lo que apenas tuvo en compañía de esa máscara y todo se torna luminoso.

Cómo será querer retener algo que no existe más que en tu imaginación, cómo será entender a quien te oferta filetes y te vende arroz, cómo será digerir esas mentiras profundas que lo desmiembran todo. Es evidente que se sigue viviendo, que no te falta el aire ni volverás, seguramente, a recordar demasiado toda esa falsa guerra y toda esa falsa paz y toda esa sensiblería barata y toda la mierda, pero también es evidente que el hedor existe, aunque ya te pille lejos. Y quizás exista para siempre, aunque estés en otra cosa y otras cosas te enseñen que no todas las personas son iguales y que cuando aparece alguien maravilloso no la cagas, aunque a veces lo olvides (mientras te empeñas en recordar cosas feas). Porque también aquí, en el presente más inmediato, el pasado deja a la vista sus cartas y muestra quién eres y lo que fuiste capaz de concebir con quien no usó careta.

5 comentarios:

Genín dijo...

Yo suelo bloquear el recuerdo de las cosas feas y abrirme a la posibilidad de verdades agradables, con la esperanza de que me sucedan, y... a veces suceden... :)
Besos y salud

Carmela dijo...

Ser capaz de ver las pizquitas es todo un logro y el sol cabe a raudales entre sus huecos.
Un besote

Pilar Abalorios dijo...

El pasado cumple su función cuando consigues incorporar la enseñanza y desprenderte del dolor, pero no siempre es un proceso sencillo.
Un saludo

palabricas dijo...

Tengo un máster en reinventar el pasado, manteniéndolo conmigo pero en su versión mejorada. No sé si es bueno o no, pero me va funcionando a pesar de tenerme instalada en la confusión. Sin caretas se ve mejor a las personas, pero algunas transparentan bajo el rostro de plástico.
Sé lista, quédate con lo que quieras y el resto... a la hoguera!
Un beso, Sue.

Sue dijo...

Genín, bien por ti. El cerebro suele quedarse con lo mejor, es un mecanismo de supervivencia que tenemos todos, luego, a cada uno le dura lo que le dura lo peor, pero termina desapareciendo ¡claro!

Un beso


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Carmela, sí que lo es.

Un beso.

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Pilar V, muy bien expresado.

Un beso.

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Palabricas, mejorar la versión funciona, es otro mecanismo de defensa :) aunque puede considerarse mentirse a uno mismo, pero sirve mucho en literatura, y funciona para la vida siempre y cuando la fantasía no nos desborde.

Un beso!