Leitmotiv
Escribo porque no tengo nada que hacer en el mundo: estoy de sobra y no hay lugar para mí en la tierra de los hombres.
Escribo por mi desesperación y mi cansancio, ya no soporto la rutina de ser yo, y si no existiese la novedad continua que es escribir, me moriría simbólicamente todos los días.
Pero estoy preparada para salir con discreción por la puerta trasera. He experimentado casi todo, aún la pasión y su desesperanza. Ahora sólo querría tener lo que hubiera sido y no fui.
-C. Lispector, La hora de la Estrella-
sábado, 18 de octubre de 2014
APRETEMOS EL BOTÓN ROJO
Hace unos días comenté que
estaba bien comer sola, que a mi me gustaba, que no me parecía aburrido ni me
daba “no sé qué “y me replicaron “anda, que siempre estas igual”, pero no
entendí bien el significado de estar siempre igual. Que no es que coma siempre
sola, la verdad es que suelo comer en compañía, así que no sé exactamente qué
quiso decir mi “replicanta” con eso de que estoy siempre igual. Supongo que lo
mejor, en estos casos, si me vuelve a ocurrir me refiero, es no comentar nada
al respecto de los comentarios que escucho. Desde luego es la única forma de no
acumular majaderías en el cerebro, porque, con lo bien que está una servidora
tomándose solita su puré de zanahorias en casa o su foccacia en el
restaurantito italiano que pilla de camino a casa, el de la chica de los ojos
tristes, mirando sus ojos y su cabello revuelto, preguntándose por qué tiembla
al hablar y porqué es tan bella, no entiendo cómo alguien puede decir que es
aburrido comer solo o que “da no sé qué”. No sé qué da. ¿Gusto? Cuando buscas
una tranquilidad primigenia, supongo, porque tratas con decenas de personas
durante la semana, a muchas de las cuales no soportas, otras desconocidas que
gritan, otras que te desconciertan, la mayoría bastante lejos de lo que tú entiendes
por ser persona, es gratificante sentarse a tomar una ensalada de tomate o unos
huevos rotos en un lugar sin el hedor a humanidad que respiras cada día y, a
ser posible, sin nadie al lado que interrumpa el fluir de ese momento ansiado
de aislamiento y la búsqueda, quizás, del bocado perfecto. Alguien que no te
exija mirar sus pies para, acto seguido, contarte dónde ha comprado sus zapatos
o que vuelve a retomar el soliloquio sobre su perfeccionismo en el trabajo, ese
que tú dejaste volar como cometa hace mucho tiempo. Alguien que no es capaz de saborear el
membrillo con queso y sentir el orgasmo estallando en sus papilas como tú lo
haces, sin interrumpir el clímax mirando el móvil porque algún gilipollas ha
enviado un chiste. No sé, creo que alguien que no necesita esos momentos a
solas con su paladar, como no los necesita con su clítoris, que no entiende que
comer solo puede ser uno de los mayores placeres que podemos regalarnos treinta
años después de nacer (antes no sé si se disfruta igual), es porque se le viene
grande su propia compañía. O pequeña. Y eso sí que da no sé qué.
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9 comentarios:
Anda, Sue, reconoce la verdad. Los de la cáscara amarga somos así, los eternos descontentos. ¿Que hacen la Europa de Maastrich, que tantos bienes ha traído, está trayendo y traerá a Europa? Pues hala, nosotros la llamamos la Europa de los Mercaderes y nos oponemos. ¿Que llega el milagro económico de las burbujas, como el cava de Navidad, y todos disfrutan? Nosotros, desde el primer día nos llevamos las manos a la cabeza y no pedimos créditos ni para comprar un pack de bolis de colores. ¿Que luego pasa lo que dijimos que pasaría y tenemos a uno de cada cuatro españoles en riesgo de exclusión social? Hala, a refunfuñar y protestar. ¿Que la UE y USA están elaborando un tratado para el comercio bilateral, en el que la mayoría de las cláusulas son secretas? Pues a la calle Atocha a soltar unos gritos.
Somos siempre igual. No como esas buenas gentes a las que citas, maravillados de la libertad de elección. Las que van a una pizzería que tiene 100 tipos de pizza y se maravillan de la variedad; y además, como les gusta ejercer su individualidad, piden una 37 pero piden si les pueden cambiar el pepino por la cebolla de la 54.
Lo de la comida, ya sabes, no me dotó dios del sentido de apreciarla. Desde luego, solo y a deshoras son mis condiciones preferidas.
Un relato que me encanta y me ha venido con esta historia:
Era un Maestro Chan, que apenas era visitado por aspirante espiritual alguno, pues se había ganado la fama de ser severo debido a sus métodos de enseñanza. Pero un día llego a la ciudad un buscador de otro lugar muy distante del país y quiso probar si se trataba realmente del Maestro que decían.
-No soy fácilmente impresionable- dijo con cierta presunción a quienes le advirtieron.
Se presento ante el Maestro. Cuando el Maestro lo vio, antes de intercambiar palabra alguna, estallo en una carcajada. El aspirante se sirvió de su autocontrol para no demostrar incertidumbre. El Maestro estaba tomando un té aromático.
-Siéntate- le ordeno al recién llegado
-Siéntate bien, erguido y no como una gallina clueca y estúpida.
Hubo una pausa. El té estaba humeando y esparciendo su exquisito aroma.
-¿Deseas algo?
El visitante dudo. Empezaba a sentirse incomodo.
-¿Puedo tomar un poco de té?- Pidió
De repente. El Maestro arrojo un chorro de té hirviendo sobre el visitante. El liquido le quemaba como acero candente donde caía en su cuerpo.
-¿Es esta la forma de tratar a un visitante?
-Te he dado lo que me has pedido, contesto el maestro, después de esto cerro los ojos y se sumergió en una meditación.
El aspirante hizo lo mismo y entro en meditación.
-¡Cuanta paz y tranquilidad!, se decía mentalmente, sintiendo una atmósfera de quietud en el recinto.
De repente, un violento bofetón le hizo emerger de aquel éxtasis. Se aferró de su autocontrol para no devolverle el golpe. Cuando fue a protestar, el Maestro le pregunto:
-¿De donde ha surgido el ruido? ¿De la mano o de tu mejilla?-
El aspirante dudo durante una fracción de segundo, cuando otra bofetada no menos fuerte golpeo su rostro de nuevo.
-¡Contesta!, grito el Maestro.
-¿De donde sale el ruido?¿Quién lo produce? ¿La mano o la mejilla?
Se trataba de un genuino buscador, y respondió así:
-¡De la mente!
Nano, me has pillao con lo de la cáscara amarga, tú sí que me conoces y no mi zapatero remendón.
Lo mejor es sobrevolar la barbarie y la tontería lo peor que me has recordado las navidades y me han dao los nervios... grrr.
A deshoras también gusta mucho :)
Pero no me has preguntado por la italiana de los ojos tristes, muy mal.
Abrazo.
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Suso, me estoy muriendo de risa con tu historia, no sé si es para reírse, pero en fin, es lo que hay. Entre eso y que tengo dos nacionales debajo de casa que parecen disfrazados de lo incómodos que se les ve en el frac ese que llevan... jaja qué tonta, es que disfrazados están (pero Halloween no es aún no?)
Ay diosa, si no fuera por estos momentos y los otros.
Abrazo.
Repetiremos en el senegalés. Y bien acompañadas, que vale la pena unas risas entre plato y plato, así al desgaire.
Y el queso con membrillo...pues mira, que me encanta y hace tiempo que no lo como. La mezcla me refiero, porque pa' queso soy una ratita. De peque hacía mi madre ese dulce y era una gozada verlos al sol de la tarde después de sacarlos del horno.
Besitos, cielo guapo
Ay Virgi, claro que repetiremos. Mira, contigo sí que me gusta comer. Ya ves, rara que es una :)
Hay personas con las que merece la pena hacer muchas cosas, no son muchas, pero son suficientes.
Un beso linda.
Apañadita iba yo, que vivo sola (es un decir), si no disfrutase de la comida en solitario después de casi setenta años. Pero, por suerte para mi, desde bien pronto he aprendido a hecerlo.
Tu ya te habrás dao cuenta de que hay mucha gente que NO SE SOPORTA y la soledad los vuelve locos.
Y no se enteran de que el problema está en ellos y no en su alrededor.
Un placer como muchos otros, de los que se disfrutan a solas. Si, Sue, hay días en los que no hay nada mejor que llegar a casa, ponerse el pijama y sentarse frente al mundo a degustar cualquier cosilla. De restaurante no, que si como fuera se me da por pedirme vinito y acabar borracha y sola es bastante triste. Igual debería hacerme mirar lo del alcohol.
Nunca te puedes fiar de alguien que no se sienta feliz de estar consigo misma. Aunque a veces nos caigamos mal (a mi me pasa, no siempre me parezco buena...).
Muaks
Los buenos comensales consiguen que cualquier comida sea un manjar divino... UN abrazo.
Paradela, apañadas iríamos, sí y a estas alturas, qué rico sentirse así.
Beso.
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Palabricas, querer estar sola no significa caerse bien todo el tiempo. Todos tenemos momentos amargos, pero al final eres de la familia.
En casita mejor, pero yo tiro por el gintónic.
Besis moza.
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Dario, y qué razón tienes corazón.
Beso.
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