Leitmotiv

Escribo porque no tengo nada que hacer en el mundo: estoy de sobra y no hay lugar para mí en la tierra de los hombres.

Escribo por mi desesperación y mi cansancio, ya no soporto la rutina de ser yo, y si no existiese la novedad continua que es escribir, me moriría simbólicamente todos los días.

Pero estoy preparada para salir con discreción por la puerta trasera. He experimentado casi todo, aún la pasión y su desesperanza. Ahora sólo querría tener lo que hubiera sido y no fui.

-C. Lispector, La hora de la Estrella-

domingo, 29 de junio de 2014

A VECES ES MEJOR QUE NUNCA



Leyendo “La mujer loca” de Millás, una se hunde en un mar de respuestas que al tiempo que refresca regala el vértigo de lo familiar y lo insondable. El vértigo de que lo insondable resulte familiar. Esto te ocurrirá, sobre todo, si eres mujer y te han llamado “loca” alguna vez. Supongo que por eso (por escuchar tal definición en boca de otros hasta hacerla propia) llega el día en que das con tus huesos en el psicólogo, un poco sin darte cuenta, como quien baja un día a por el pan y cambia el horno de María por la nueva panadería de la esquina. La de espejos en todas las paredes y gran mostrador con dulces de sabores inimaginables. No sabes qué haces allí ni por qué hay tantos espejos y tantos dulces, incluso te preguntas dónde está María, pero te quedas. Un rato. Y al día siguiente vuelves. 
Aunque no siempre es tan bucólico y placentero, a veces una tropieza con el terapeuta de forma violenta y desesperada, como quien no pudiendo llegar a la isla del naufrago, tras una larga travesía tragando mar, cansados los brazos y muertas las piernas, se hunde. Y mientras se hunde, suponemos que la loca, considera la opción imprecisa de la salvación surgiendo en su mente llena de palabras la idea preciosa, como esa ostra sin abrir, de que puede haber otra vida. Entonces, una criatura de las profundidades, una sirena de ojos turquesa y cuernos de gamo o un cachalote con pico de tucán, decide engullir esas indecisiones y miedos y dejar - te en la orilla. 
La isla está poblada por todo tipo de monstruos o espejos, vete a saber, y cada paso que das te adentra más en el corazón de una selva huraña llena de peligros. Es entonces cuando te sugieren la medicación y aceptas porque ya saltaste y un destello de luz empieza a acompañarte en el camino.


Lo mío no fue entrar en la nueva panadería de la esquina, fue más bien un naufragio con cachalote y sirena. Una violenta sacudida en la que aún continúo. Porque hacer terapia es como empezar de nuevo a todo un poco cada día. Cuando has cruzado el umbral de los cuarenta y tu cabeza nunca ha estado serena solo tienes dos opciones y la terapia es una de ellas. A veces solo se trata de un reajuste, otras de una pérdida de confianza. Lo segundo es peor, creo, porque todo se vuelve grotesco, difícil, tremendamente triste y solo perdurable si es doloroso. Ya no sirven los consejos ni el amor incondicional de la familia, ni tampoco el estar ahí de los amigos. No sirve la anestesia del alcohol, los viajes o los libros. No sirve ni siquiera el teatro. La alegría ha desaparecido y en su lugar crece una planta carnívora dispuesta a devorar a todo el que se acerque y esto, aunque algunos merezcan ser devorados y yo necesite engordar, no es una buena filosofía de vida. Puedo decir, sin faltar al secreto profesional, que mi problema es que perdí el contacto conmigo misma y con mis sentimientos hace mucho tiempo. Dejé de saber quién era para vivir no sé qué suerte de vida prestada. Para vivir en otros. Para complacer a otros. Solté la cometa. Olvidé lo que quería y mis deseos se volvieron vergonzosos, tanto y tan ocultos estaban, están, que aún no he sido capaz de llevarlos a la orilla. 


Leyendo “La mujer loca” de Millás se me ocurren muchas vidas para vivir y todas mías y escucho voces familiares que ya no están conmigo. Algunas se ahogarán en el fondo del mar, otras ya lo hicieron y por eso estoy contenta a veces. Y, a veces...

8 comentarios:

U-topia dijo...

No sé si servirá de consuelo pero lo de locas (y histéricas) ha sido el san benito que se ha colgado a las mujeres valientes que no se conforman con los caminos trillados a los que nos aboca (aún, sí) nuestro sexo.
No hay duda, "a veces es mejor que nunca". Y tu sinceridad es una virtud magnífica.

Un gran abrazo!!

Isabel dijo...

Muchas veces "las locas" son las más cuerdas.

No sueltes el hilo, ese que nos ata a la tierra y a las cosas que merecen la pena en ella.

Abrazos.

mariajesusparadela dijo...

Vente a Paradela. Aquí te encuentras a ti misma o encuentras la naturaleza. Y las dos cosas son buenas.

Dol dijo...

También tengo una planta carnívora pero he aprendido a colocarla en un sitio en el que sólo pueda comerme una cosa.
Dicho esto,sólo te diré dos cosas;
1-Cree en ti misma porque seguramente tú no eres tú sino un montón de gente,y si confías en ellos,alguno habrá sensato y cogerá el timón cuando menos te lo esperes (teoría de la confederación de las almas que acabo de conocer por el libro de Tabucchi).
2-Paradela ha dicho que vayas,eso es un lujo que no debes desaprovechar.
..
Por lo demás abrazos abrazos y más abrazos,aunque no se me den muy bien.

NáN dijo...

la locura tiene un nosequé de hermoso, salvo cuando duele. Y si duele es por la presión de los demás.

Y si no, es un desequilibrio de la química cerebral, que se controla bien no con terapia, sino con psiquiatra con libreta de recetas.

Cualquier cosa, da un grito.

V dijo...

chocolate y sirenas....mmmmm...demasiados han sido los que han sido calificados de tales y luego, medio siglo después viene no se quien a reivindicarlos...yo no voy a esperar tanto, te reivindico ahora mismo...un abrazo

Sue dijo...

Laura, un abrazo para ti, que tú sí eres una mujer valiente.

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Isabel, vamos a ver si consigo no soltarlo.

Un beso.

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Paradela, me lo apunto en serio.

Besos.

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Reyes, no conozco a ese Tabucchi, pero lo mismo tiene hasta razón. Y tú más.
A mi tampoco se me dan bien los abrazos, así que
beso.
(el faro)
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NaN, la belleza también es dolor y la presión externa también (aunque no sea nada bella).

Cualquier cosa, gritaré.

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V, un abrazo y sigamos reivindicándonos.

Anónimo dijo...

Quierete mucho.