Leitmotiv

Escribo porque no tengo nada que hacer en el mundo: estoy de sobra y no hay lugar para mí en la tierra de los hombres.

Escribo por mi desesperación y mi cansancio, ya no soporto la rutina de ser yo, y si no existiese la novedad continua que es escribir, me moriría simbólicamente todos los días.

Pero estoy preparada para salir con discreción por la puerta trasera. He experimentado casi todo, aún la pasión y su desesperanza. Ahora sólo querría tener lo que hubiera sido y no fui.

-C. Lispector, La hora de la Estrella-

lunes, 30 de septiembre de 2013

EL VUELO DE LAS POLILLAS



Tras el rècord de visitas alcanzado con la entrada anterior, pensé escribir sobre el vuelo de las polillas para después disertar con vosotros sobre la respiración asistida en los cuentos para adultos cansados y tristes de la vida. Pero prometí que usaría esta tribuna para gestas puras, también de pura literatura, y ya va siendo hora de que cumpla mi promesa. 

Erase una vez una niña que se convirtió en poeta y su vida fue un sin fin de colorines y colorados. Esta niña, ahora joven precaria, es la dueña de este texto, que desde ahora vuela libre por la Red para que las almas se confundan con los besos. Espero que lo disfrutéis tanto como yo y se lo agradezcáis a la autora comprándole unos cigarrillos sueltos, que anda, la pobre, muy mal de dinero.

La pintura es de Max Beckmann, 1884–1950 (no confundir con David Beckham, 1975).

***

    Tenía muchas ganas de hablar de esto, no me refiero a hablar de amor, que también, sino a contaros cómo se nos engaña cuando somos pequeños, cómo puede venir alguien que en un minuto eche por tierra todo lo que se había estado abonando y cómo algo que nunca habías podido ni explicar, de repente lo tienes claro y no has necesitado ni una palabra.
     Venir de un vientre materno era la explicación fácil, era algo que no te podías replantear, así que yo preferí  venir de complicarme la vida. Y me apetecía que todos lo tuvieran claro, que supieran que no iba a facilitarles nada, que esto se lo iba a hacer indescriptible y quizás doloroso. Cuando a mi madre le comenté que venía de ese otro lado, quiso entenderme, pero acabó echándome de casa mientras me abrazaba muy fuerte, o quizá fue al revés. Mis amigos intentaban ayudarme como se ayuda a cualquier persona, estando ahí, opinando lo justo, escuchando de madrugada algún grito, asintiendo pero sin comprender mucho. Eran amigos buenos, muy buenos, pero también terribles.

    Para complicarme la vida también necesitaba enamorarme de alguien que me lo pusiera difícil; uno que no me mirara mientras duermo, eso no hubiera sido propio de donde yo venía. Y busqué a uno que me mirase mientras estaba despierta, uno con el que saber que pasarlo mal era relativamente fácil, uno como él, vamos. Él era el horror y yo estaba encantada de tenerlo a la vista. Me hacía la cena, me cenaba y después yo le limpiaba los platos. Tenía una cocina maravillosa, pero siempre sucia. Un encanto a la altura de su dormitorio, unos hoyuelos en los que te apetecía hundirte y una pluma sin tinta con la que rascarte todo el cuerpo. Su novia era modélica y también tenía un trabajo que le permitía el lujo de beber cerveza a diario. Y qué tripa tan bonita, por cierto.

    Estaba claro que si venía de complicarme la vida también tenía que elegir una carrera que no me la facilitara, por las razones que fuera. Y me empeñé en terminarla. También hice todo lo posible por buscar trabajos tediosos, realicé todo tipo de cursos infumables y ni siquiera tuve que prometerme que no escribiría nada que no fuera triste. Tuve siempre claro que no iba a cuidar de nadie, que cada uno se beba o se seque su agua como le plazca, y que a mí me dejen tranquila.

  Pero ocurrió algo muy normal, tan normal que es imposible que pueda explicarlo. De repente me he dado cuenta de que vengo de un vientre materno. Así que me he puesto a estudiar la carrera que me facilite las cosas; esto es, la carrera que a uno le sale del coño. Y de repente me han salido trabajos que me gustan y amigos malos, muy malos, pero que son maravillosos. De repente alguien te hace reír y ya no quieres hacer otra cosa, ni a otro alguien, ni a otro tú. Hay gente que cuando se ríe te multiplica, esa gente que escribe y que en realidad es de ciencias y que son una puta ciencia que debería estudiarse para que todo el mundo conociera. De repente hay quien te coge la mano, te la suelta y no tienes miedo, ni problemas, ni ganas de que nadie te cuente los suyos. Porque alguien te ha venido a recordar quién eres aunque estés hecha una mierda. 
   Hay ojos en los que te miras y siempre te ves bonita y esos son los ojos que nunca deberíamos perder de vista.

Carlota.

12 comentarios:

Genín dijo...

No se, a veces me suele sentar bien reflexionar sobre, "La sarna con gusto no pica" o sobre "la inmortalidad del cangrejo viudo", total, da lo mismo...
Besos y salud

mariajesusparadela dijo...

Pues es cierto que hay gente que nos hace sentir así.
Pero todas las mujeres tenemos una edad en la que lo único que nos apetece es "redimir al malo" que, por cierto está feliz de ser malo para encontrar redentoras ilusas.
Menos mal que la etapa pasa.
El texto de "Carlota" me gusta.

Isabel dijo...

Me alegro del cambio experimentado por Carlota en tu relato, esa es la premisa y la necesidad vital para tod@s.

Besos

raúl dijo...

me alegra esa revelación, mejor venir del vientre materno, es más práctico, que venir de complicarse la vida. siempre hay tiempo para volver allí, además, el camino es muy fácil. yo tardé mucho tiempo en comprender que poco a poco me estaba transformando en ese padre que no me gustaba nada. no sé, cambias, asumes, creces. sonreír es vital, eso seguro.

V dijo...

Me lio con Beckham, sus cambios de look y de equipo...no lo compliques aun más Sue.
Me gusta mucho el texto firmado por Carlota. Excelente. Y eso que en sus pasajes finales asoma un peligro que desde luego no le deseo. Esa cristalización de la efervescencia, cuando viene de la mano, de la sonrisa y de los ojos de un tercero, cuidado, puede tener fecha de caducidad. Espero que no sea el caso.
Aun así el texto me encantó. Y bien merece algo mejor que lo efímero de un par de cigarrillos sueltos...Enhorabuena.

Sue dijo...

Genín, tú siempre tan prosaico. Te adoro.
Manda tabaco.

Besos.

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Paradela, es un texto excelente, sin duda y Carlota estará encantada de que le mandes sus cigarrillos en compensación al buen rato que te ha hecho pasar.

Besos.

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Isabel al sol, premisas que una encuentra más bien al final o en medio del camino (¿por qué no las hallará al principio?).
Venga, esperamos tus cigarrillo.

Besos.

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Raúl, no sé cómo será venir de un huevo, como los cocodrilos, pero seguramente tenga también su gracia. Cambiar, asumir, crecer...
¿Fumas?

Besos.

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V, qué sería de Beckham sin sus cambios de look? supongo que estaríamos hablando de verdadero fútbol. Pero tienes razón, el texto es merecedor de algo más que unos cigarrillos. Puedes enviar oro y viandas. Lo venderemos en nuestro mercadillo del domingo.

Besos.

virgi dijo...

Esa Carlota me suena...ahora se pasó a la cartografía?
Besitos

Darío dijo...

Sin dudas, el mejor titulo es el de la gente que te hace reír. Está la vida paga con eso. Un abrazo.

Sue dijo...

Virgi, la chiquilla insistió en publicar y qué podía hacer. Yo le argumenté que tenía un porrón de cosas de las que escribir, palabras y frases muy conexas que se agolpan en mi cabeza, ideas nuevas que no me dejan vivir, hasta le dije que soy como un Picasso en su época azul, efervescente y desbordante, pero ... Se ofreció a pagarme en carnes y/o maravedíes y aquí estamos, discutiendo porque no tiene dinero.

Besos.

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Darío, sin dudas.

Un abrazo.

MUY SEÑORES MÍOS dijo...

Desde luego no hay como los amigos malos: son los mejores, sin duda.

Sue dijo...

Muy Señores, hoy conocí a Bárbara Blasco. ¿Cómo se te queda el cuerpo? ...

Keiko dijo...

Donde hay que llevar los cigarrillos y de que marca?
A los malos a la hoguera!!
Un abrazo fuerte desde el camino de baldosas amarillas