Leitmotiv

Escribo porque no tengo nada que hacer en el mundo: estoy de sobra y no hay lugar para mí en la tierra de los hombres.

Escribo por mi desesperación y mi cansancio, ya no soporto la rutina de ser yo, y si no existiese la novedad continua que es escribir, me moriría simbólicamente todos los días.

Pero estoy preparada para salir con discreción por la puerta trasera. He experimentado casi todo, aún la pasión y su desesperanza. Ahora sólo querría tener lo que hubiera sido y no fui.

-C. Lispector, La hora de la Estrella-

lunes, 22 de octubre de 2012

¿POR QUÉ?



Dicen que hay cosas en la vida que es mejor no confesar. Cosas como que te sabes de memoria las canciones antiguas de Raphael, que te fijas más en el culo de las chicas que en el de los chicos, que le llamaste “picha corta” a un antidisturbios (aunque esto al final puede que lo confesaras una mala noche, cargada de gintónic, en un chat de Audiovisol), que no te gustan las joyas ni los bolsos de Guchi, que cada mañana sueñas con tomar el bus en dirección contraria (algunas veces con que te pase por encima), que te encantan las palabras “platea” y “septiembre”, que chupar limones te relaja o que hace años que no te enamoras. Todo puede ser muy triste o muy alegre según quien lo mire, o cómo se mire, aunque dicen que no es tan difícil cargar el sentido de la vida. A lo peor se puede enchufar a la red eléctrica, como el móvil,  y esperar a que vayan subiendo las rayitas. Lo malo es cuando falla la batería.

Quizás por eso hay cosas que es mejor no confesar. Cosas como que de pequeña te daban arcadas las tartas de cumpleaños y los señores con bigote, o que últimamente te has acostumbrado a espiar a tus vecinos. Todo sería más sencillo si no se te formara ese nudo en el estómago cada vez que piensas que vas a tener que enfrentarte, de nuevo, al incivismo ajeno y que, a lo peor, volverás a pasar por traumas que creías superados: vecinos molestos, mudanzas incómodas, desagradables charlas con personas que no saben leer y que, por tanto, no saben pensar. Y este es el punto: da igual que hayas tenido un buen día, o que sueñes con tenerlo, porque es posible que venga alguien y lo joda. O vaya a joderlo. Alguien a quien no has llamado ni querrías como pareja de mus. Llegados a ese punto (ese en el que empiezas a visualizar tu huída, una llamada a la policía local, una charla con el portero, ese punto en que tu helado de vainilla se derrite y además es domingo por la noche) todo se desvanece. Hasta la esperanza en un mundo mejor.

Hay personas que discuten por ver quién tiene el gusto musical más refinado o los zapatos más caros, o de fútbol, o de quién dijo qué a quién en qué momento, se enredan en absurdos retruécanos que lo único que producen es dolor, humo y ruido. Que tu tranquilidad dependa de esas personas, de esas precisamente, es una de las peores tragedias a las que una puede enfrentarse. Entonces te preguntas por qué naciste tan civilizada. O por qué naciste. O por qué.

No es un tema baladí que se derritan los helados. 

16 comentarios:

Larisa dijo...

Error. No naciste civilizada. Naciste salvaje (salvajeeeeeeeee( y te educaron en el civismo. Formas parte de una sociedad de humanos establecida (aunque cogida con pinzas) y que mantiene unas reglas para el digamos correcto (¿?) funcionamiento de la misma. Ahora eres civilizada, pero en cualquier momento puedes, por ejemplo, coger una recortada y liarte a tiros frente a la puerta de los vecinos ruidosos; o plantarte en el despacho de tu jefa y decir que les odias a todos; o soltar tal carcajada en la cara de una señora desconocida del barrio de Salamanca que porte un enorme bolso de Carolina Herrera que la dejes descolocada para lo que queda de mes.

Puedes hacer lo que te da la gana. Pero no lo haces porque en el fondo te gusta el civismo, el buen orden de la sociedad, el carácter de los habitantes de Zürich y el ideario del Partido Popular.

(Estoy muy contenta: ha ganado la ETA).

Sue dijo...

Pues claro que me gusta el civismo, acabáramos! Si por civismo entendemos no joder al vecino. Vamos, que puede ser uno muy feliz en su desorden sin joder al vecino. De hecho, los que más suelen joder son la gente de orden.

Lo de la recortada es otra cosa. Eso ya no sería incivismo, sino JUSTICIA.

Je.


mariajesusparadela dijo...

Ayer lo hablaba yo con mi hermana: tengo un vecino aldeano que lleva tiempo intentando fastidiarme y haciéndome pequeñas tonterías. Mi triste comentario fue: "lo que más siento es que a veces me descubro pensando pequeñas venganzas", "saca de mi lo malo que no deseo ejercer".

Aguanto por el orgullo de decirme que nunca me llevará a su terreno, que el aldeano es él.
Pero vaya si duele.

mariajesusparadela dijo...

Estoy bien fastidiada: ha ganado el PP.

V dijo...

Lo de quien ha dicho que cosa a quien y viceversa es conversación muy común.
Lo de civilización y barbarie mmmm Conozco gente que no sabe quien descubrió América y que firma con una x que dan gratis ciertas lecciones sobre la vida y el comportamiento. Y a otros con masters, erasmus y demás parafernalia que dejan mucho que desear...
Sisolo fuesen el helado lo que se derrite...Un abrazo.

Anónimo dijo...

Como te entiendo... esos días en que se derrite el helado son una mierdecilla que nos sume en la consternación y el desánimo.

Menos mal que te encuentras con personas como tú que hacen mucha compañía porque compartes con ella una forma de ver la vida... algo que no resulta nada fácil

Eres muy grande... hace días que te lo digo.

Ana Laura dijo...

Tu entrada es tan humana y tan cotidiana que me he identificado totalmente, aunque mis confesiones sean diferentes a las tuyas y mis arcadas las provocaran cosas distintas.

Eso de desear que el ómnibus me pase por encima también me es conocido...

¿Demasiada civilización? Tal vez, yo quiero pensar que más bien es simple humanidad.

Saludos!

Genín dijo...

"Yo soy aquel que cada noche te persigue, yo soy aquel que por quererte ya no vive el que te sueñaaaaaa, el que te esperaaaaaaaa"
No, no estás sola...jajaja
Niña, la esperanza es lo último que se pierde, ya lo sabias...pues eso...
Detrás de ese helado, nos comemos otro recién heladito...
Besos y salud

raúl dijo...

sería estupendo que la tranquilidad dependiera de uno mismo, exclusivamente, pero es muy jodido alcanzar nirvanas cuando hay tanto alrededor que te hace perder la concentración!

Carmela dijo...

Deduzco un mal día Sue, pero no pierdas la esperanza, a veces es lo que nos queda.
Un beso

Anónimo dijo...

Por qué, porque la vida es así (sí,sí como el fútbol).

No te guardes nada que eso al final supone una úlcera de estómago con la consiguiente amargura de carácter.

Camilo

carmen dijo...

Ahora vas a venir tú de heladito que se derrite... Yaaaa
Sin acritú ehhh.
Es imposible que no nos afecten las cosas, Sue, y a lo mejor es hasta bueno siempre que no nos demos demasiadas vueltas a nosotras mismas.
"Escándalo, es un escándalo".....

virgi dijo...

Un día te cuento las ganas que me salen de que a un par de personas le pasen cosas chungas. A mí, que me creía que jamás me pasaría eso...¡rebotada que estoy!
La vida nos da sorpresas, sorpresas nos da la vida...

Besos, súperchicalinda.

Ruben dijo...

Como ya lo has dicho todo, me voy a la última frase a ver si te animo.
Recuerdo que una vez, me dio por vacilarle alvendedor de los helados y le dije que si no tenía cucuruchos más grandes, entonces el muy cabrón, me sacó uno en el que cabía casi un litro de helado. ¿de qué lo quieres?, y yo, siguiendo con la broma le digo: ¡de mora! y ahí iba yo, con el helado de mora de litro, que era casi como mi cabeza, chorreando por todos lados, la gente mirando y partiéndose de risa. Menos mal que en el 91 no había móviles con qué hacer fotos y subirlas a la dichosa red...

Ana dijo...

bueno, imagino que nacimos todos de un polvo de nuestros padres,lo que me pregunto es porque no se cortaron un pelo antes de tener cinco mocosos con más hambre que verguenza, y pensar en que estas cosas todavía puedan pasar, al hambre me refiero, es lo que verdaderamente me cabrea. Tu post, más blanco y en botella.

Un besico.

Sue dijo...

Paradela, tú lo tienes fácil: le das un golpe con la pala, lo entierras y aquí paz.
Je.
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V, cuando terminas una carrera universitaria no te regalan una conciencia. Tampoco cuando naces en una posición social que te permite explotar al resto. Y los que pueden lo hacen, en lugar de usar esa posición para algo más digno.

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Anónimo, tienes un hueco en mi corazón.

Bs.

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Ana Laura, humanos somos y en humanos nos convertimos.
Algunos.
Bienvenida de nuevo.

Un saludo.

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Genín, positivo te leo. Eso está bien.

Besos y salud.

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Raúl, preciado bien del que nadie habla.

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Carmela, buena deducción.

Un beso.
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Camilo, gracias por el consejo.

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Carmen, nunca he dicho que las cosas no me afectaran. Más bien es al contrario.
Bienvenida.
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Virgi, nos contaremos, sí.

Un beso.

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Ruben, ¿y qué tal el estómago después? Recuerdo que en Granada ponían helados muy grandes también.
Sí.

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Ana, ummmm, cierto, aunque me perdí.

Besos.