A un zombie no sé (el título es para atraer a la hordas de adolescentes que siguen esta moda peripatética como tantas que otros seguimos en nuestra adolescencia, véase aquello de las hombreras bajo los jerseys de lana que a veces te quedaban grandes y solo los arreglabas calzándote el cinturón de tu padre) pero para acabar con una cucaracha tengo varias ideas. Dicen que una bomba nuclear no puede aniquilarlas, pero con un simple pisotón (seguido de un desagradable crujido) se acabó el bicho. No uséis mata insectos porque a la larga no cumplen su función (las cuquis consiguen asimilar el veneno y al final lo convierten en alimento) y a la corta contaminan el ambiente. Jamás lo echéis cerca de la comida o allí donde pueden pisar pezuñitas de gato (o bebés), porque éstos tienen tendencia a lamerse mucho y lo mismo a quien os cargáis es al rey de la casa mientras la cucaracha asquerosa sigue paseándose a sus anchas bajo el sofá. Lo mejor, como digo, es el pisotón de toda la vida de tu madre, pero existe el inconveniente de que te pille descalza o en la cama con tu vecino, así que una segunda opción (o plan B) es trampear las esquinas. Sí, poner tuampas, como hacía Data en los Goonies. No es tan difícil. Eso sí, debéis fabricar la trampita vosotros mismos, no la jodáis acudiendo a un centro comercial a comprarla porque aquí no estamos para eso. Aquí se fabrican cosas. Y a la larga, ideas.
Leitmotiv
Escribo porque no tengo nada que hacer en el mundo: estoy de sobra y no hay lugar para mí en la tierra de los hombres.
Escribo por mi desesperación y mi cansancio, ya no soporto la rutina de ser yo, y si no existiese la novedad continua que es escribir, me moriría simbólicamente todos los días.
Pero estoy preparada para salir con discreción por la puerta trasera. He experimentado casi todo, aún la pasión y su desesperanza. Ahora sólo querría tener lo que hubiera sido y no fui.
-C. Lispector, La hora de la Estrella-
viernes, 5 de octubre de 2012
CÓMO MATAR ZOMBIES
A un zombie no sé (el título es para atraer a la hordas de adolescentes que siguen esta moda peripatética como tantas que otros seguimos en nuestra adolescencia, véase aquello de las hombreras bajo los jerseys de lana que a veces te quedaban grandes y solo los arreglabas calzándote el cinturón de tu padre) pero para acabar con una cucaracha tengo varias ideas. Dicen que una bomba nuclear no puede aniquilarlas, pero con un simple pisotón (seguido de un desagradable crujido) se acabó el bicho. No uséis mata insectos porque a la larga no cumplen su función (las cuquis consiguen asimilar el veneno y al final lo convierten en alimento) y a la corta contaminan el ambiente. Jamás lo echéis cerca de la comida o allí donde pueden pisar pezuñitas de gato (o bebés), porque éstos tienen tendencia a lamerse mucho y lo mismo a quien os cargáis es al rey de la casa mientras la cucaracha asquerosa sigue paseándose a sus anchas bajo el sofá. Lo mejor, como digo, es el pisotón de toda la vida de tu madre, pero existe el inconveniente de que te pille descalza o en la cama con tu vecino, así que una segunda opción (o plan B) es trampear las esquinas. Sí, poner tuampas, como hacía Data en los Goonies. No es tan difícil. Eso sí, debéis fabricar la trampita vosotros mismos, no la jodáis acudiendo a un centro comercial a comprarla porque aquí no estamos para eso. Aquí se fabrican cosas. Y a la larga, ideas.
Por eso me gustaría
hablar de las vírgenes consagradas, del abuso de publicidad en Onda Cero (Tony
vuelve, te lo pido por última vez, o escribe un libro como Gallego, pero no
me dejes así, que mira cómo me tienes, dónde está tu corazón, si hasta me diste
un beso una vez, ¿es que ya no te acuerdas?), de lo mal que me cae Obama desde
que dicen que le dio la enhorabuena a Rajoy por cómo estaba atajando la crisis
en España y de lo feos que son los políticos del PP. Por fuera también. Ah, y de
que perdí unas tijeras que necesito ¿quién las tomó prestadas y no las ha
devuelto a su lugar en el bote de los lápices? Es que no me creo haberlas
perdido en el estudio, aquí todo está a la vista, no hay recovecos ni
habitaciones, no hay espacio para perder nada. Así que venga, devolverme las
tijeras del pescao que como bromita ya está bien.
En fin, que me gustaría, pero
hoy no voy a hablar de nada de esto, ni tampoco voy a comentar el hecho concebido
de que la voz de Lorenzo Caprile no le pega con la cara (prueba empírica aquí),
pero sí me gustaría contar cosas de la gente
que va en pijama a las fiestas en Nueva York. De esto no tengo prueba empírica,
así que os tendréis que fiar de mi palabra y creeros que yo estuve en Nueva
York cuatro veces y que en una de ellas incluso viví en el barrio judío de Brooklyn
unos días. Lo de la fiesta en pijama no fue cruzando el puente Williamsburg , sino en
Manhattan y mi ex amiga y yo terminamos allí rebotadas de otra fiesta en la que
nos prohibieron entrar porque yo no llevaba Passport. Mi ex amiga me puso de
vuelta y media pero ¿dónde iba a meter el pasaporte? Era verano, en mi vestido
no me cabían ni las tetas y el bolsito era tamaño tampón. Qué quieres chica. La
cosa es que acabamos en una fiesta igual de vip pero con un gorila en la puerta
menos tiquismiquis. Bastó con enseñarle medio pezón y nos dejó entrar y fue
allí donde nos percatamos que NY es el centro del mundo. Yo, que no entiendo de
moda, al principio no le di mayor importancia a los pantalones bombachos de
cuadros y a las chanclas fosforitas, pero mi ex amiga, seguramente una experta, me dio la clave: “¡Pero si eso es un pijama, mira, y eso otro!”. “Pues será
una fiesta del pijama”-dije yo sin conocer la verdadera dimensión del
¿problema? “¡Que no, que lo llevan como ropa normal!”.
Ah.
En otras circunstancias aquello
podría haber sido una noticia bomba de la que hablar durante días en
Cartografía, qué me gusta a mí hablar de moda y fiestas, pero vivimos tiempos
convulsos y ahora lo que toca es follarse a los malos como hace Baya Benmahmoud en Le nom des gens. Los malos existen, por mucho que nos tapemos los ojos y pintemos de rosa las paredes para cuando nos los abran, aunque tambien cierto es que yo no debería hablar tan mal, que es San Viernes.
En fin.
Felices fiestas.
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14 comentarios:
Pisarlas es lo mejor, pero no siempre se tiene a mano alguien que lo haga....yo, ni muerta, jajajaja
Un beso, Sue.
Nada de violencia, ¡hay que pactar! Además las cucarachas son necesarias para el funcionamiento social, de lo contrario, ¿quién dirigiría los bancos? ¿Quiénes se dedicarían a la política? ¿Quien aporrearía al pueblo en las manifestaciones?
besos
Yo no las piso por nada del mundo, que asco...aaaaagggggggg!!!!
Pues en la fiesta aquella, yo que tu me pongo en bragas y les cuento que en verano no usas pijama, y tan ricamente...jajaja
De cenizas tiene razón, ahora que me he salta pa´rriba y lo he leído...jajaja
Que tengas buen fin de semana sin correr con los exgrises detrás...
Besos y salud
Oiga, señora, la otra noche soñé que íbamos a Manhattan. No sé si estoy escribiendo bien Manhattan, pero le he cogido el gusto y ahora quiero ir a Manhattan. Como no arreglemos pronto lo del viaje del otoño, voy a proponer Manhattan. Me dejo extraer los óvulos y listo.
Manhattan mola.
(Tengo pijamas muy cuquis. Uno rojo con corazones blancos).
Ojalá usted no fuera una sucia comunista y pudiera conocerla en persona.
Pues resulta que toda moda tiene un modo de empezar. En este caso, fueron los Campus universitarios. Estás en tu habitación, tan cuqui, en pijama, metido en internet viendo tías o tíos, según, y te apetece unos nachos, y te vas a la tienda en pijama. A comprarlos.
Tanto moló, moló tanto, que por las noches en los bares y tiendas que rodeaban el campus, todos iban en pijama.
Los manhattinos, que son unos cazatendencias de aquí te espero, Espartero, se pusieron a escribir de ellos en todos los trendings. (repijos que son).
Y ahora hay clubs que solo te dejan entrar en pijama o camisón; pero han de ser de Dior como poco, y zapatillas del Blanik ese, o como se escriba.
En total, que las chiquillas van ya preparadas para irse a la cama, pero con un valor monetario (minicamisón más zapatillas) no inferior a los 8.000 dólares.
Quiero matar.
Y quiero matar ¡ya!
San Viernes y San Pedraz, niña, alegra esa cara, anda!!!
Y leyendo a Larisa: yo tengo uno blanco con corazones rojos, es de hombre, pereo me lo compré porque me encantó. A ver si me sirve pa' volver a Manhattannnnnnnnnnnnnn
Qué asquitooooooooooooooooo... las cucas, digo.
Todo lo demás, brillante... como siempre ;-)
Besucu
Ante todo, muchassss Graciassss, Sue. Eso de pinchar y conectar con uno mismo es toda una experiencia surrealista.
Y sobre lo demás, que hay mucho y bueno, creo que esta fase macedonia resulta espectacular. Me encanta este mix en el que saltas de las tijeras a si los políticos están buenos o no.
Recomendación para todo el mundo que pasa por aquí: El último vídeo de Loquillo que se titula "contento". Fue verlo y acordarme de ti y tu muy humana cartografía. Un abrazo.
Carmela, es el método más efectivo si las pillas, pero no es tan fácil y, por supuesto, no es agradable.
Un beso.
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¿Pactar con las cuquis? ni harta de gintónic Cenizas. No me hodas.
Besos.
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Genín, pero si tú eres un hombre de mundo. Te tenía yo por alguien más valiente, fíjate...
Besos y salud.
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Larisa, yo vivo en Manhattan, lo que sueño es esto de ahora, así que si me notas un poco sonámbula (siempre) ya sabes por qué es.
En realidad mola mazo como dijo aquél muñeco de trapo relleno de pienso para gallinas.
Besos.
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Iotronan, no es que fueran en pijama, es que la ropa que llevaban parecía un pijama. Eso me pareció entender al final. La verdad es que lo pasé mejor cuando un doble de Jimm Carrey (pero en guapo) me invitó a una cerveza y luego se enfadó porque no fui a darle las gracias (ese protocolo Sue, ays! cómo no vas a estar sola), pero eso fue en otro bar, otra noche, otro distrito, el mismo Manhattan.
Pero ¿por qué quieres matar? y sobre todo ¿a quién? ...
Un beso.
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Virgi, mis dos pijamas son de hombre, lo que soy en realidad. Los de mujer, con ositos y encajes, como que me pican. Además, a mi lo que me gustan son los elefantes, qué mania.
Viva el pijo ácrata Pedraz.
Besos.
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Norma, tú sí que brillas reina.
Besos.
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V, de nada, son 10.000 euros. He visto el vídeo de Loquillo y me gusta que se indigne. El sábado en el teatro también había indignación. Parace que nos engañaron y que la hermosura sí se contagia.
Un beso.
pisando cucarachas por compromiso medioambiental, con los pezones fuera colándose en fiestas de NY para disfrutar de la vida... eso es glamour, coño, y lo digo completamente en serio!
¡qué putada! ¡y yo sin pijama!
claro que no estoy en NY, y en León, a partir de estos días, no se le ve ni a uno debajo de abrigos, bufandas y gorros, (a lo mejor me animo y voy a una fiesta de bufandas y gorros, osease a un botellón en el invierno de León)
Raúl, no sé si decir gracias o ... ¿glamour?
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Rubén, León no tiene nada que envidiar a Manhattan eso te lo digo yo. Mi corazoncito está dividido.
Un placer, como siempre, rozarse con tu agilidad.
Besos.
Gracias por venir a rozarte Juan.
Un beso.
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