Leitmotiv

Escribo porque no tengo nada que hacer en el mundo: estoy de sobra y no hay lugar para mí en la tierra de los hombres.

Escribo por mi desesperación y mi cansancio, ya no soporto la rutina de ser yo, y si no existiese la novedad continua que es escribir, me moriría simbólicamente todos los días.

Pero estoy preparada para salir con discreción por la puerta trasera. He experimentado casi todo, aún la pasión y su desesperanza. Ahora sólo querría tener lo que hubiera sido y no fui.

-C. Lispector, La hora de la Estrella-

jueves, 5 de julio de 2012

EL CUENTO DE LA SEMANA


La ratita presumida se salió del cuento y ya no es tan encantadora como la pintó el señor X elevado a Pi. En realidad es una pobre salamanquesa sin gracia que de tanto soñar que enamoraba a un semental, quedó prendada de una cucaracha. Fuera del cuento habla mucho de lacitos y cortinas y usa el pronombre personal “yo” tantas veces como respira. En su mundo de papel couché, plagado de rincones grises y frases aburridas, no hay lugar para los lunares de fresa ni los helados de sandía. Su mirada, tan bella en el cuento que nunca empezó, se torna burlona y ofensiva ante lo diferente en el mundo espantoso que habita. Lo que no entiende dibuja una mueca sórdida en su rostro y espanta el vuelo de los gorriones.

Quiso vivir un sueño. Quiso soñar una vida, pero al final solo consiguió ser fiel a la idea que otros tenían de ella. Ser infiel a sí misma. Esta Alicia no cruzó nunca el hueco del árbol ni llegó nunca al País de las Maravillas. Ni siquiera consideró la posibilidad de una siesta en su jardín. Vive secuestrada en el país de los jamases y mientras espera la nada que ya es, se concede el beneficio de la razón. Se alimenta de vidas ajenas de hadas y gnomos. Se cansa de mirar sin ver y de oír sin escuchar, pero no le importa.
Por qué habría de importarle si destruyó su propio cuento y vive enamorada de una cucaracha.

19 comentarios:

Genín dijo...

Claro, hay que vivir la realidad de la vida...
Besos y salud

El cuaderno de la mesa camilla dijo...

Pues lo tenemos jodido, porque eso no es amor. Te podría contar el cuento del extraviado en un desierto, que persigue espejismos creyendo que son manantiales o lagos y, claro, no examina el horizonte ni se examina a sí mismo (el camino que ha recorrido le daría una pista) para hallar una salida. Pero conoces este cuento, aunque lo has olvidado. Conviene no olvidar los cuentos. León Felipe repetía en El publicano aquello de sé todos los cuentos y la cuna del hombre la mecen con cuentos, aunque él se refería a otros cuentos. O no.

mariajesusparadela dijo...

Yo también me sé todos los cuentos. Pero nunca me habían contado uno de marujas. Fijaté.

V dijo...

Maravilloso Sue. Ya no nos dejan ni soñar como es debido. Y si se nos ocurre todo se torna pesadilla En la que los gorriones salen de estampida. Una pena. Lo que no tengo muy claro es si la salamanquesa que seguro habitará por el barrio del mismo nombre, de verdad quiere salir del cuento o prefiere seguir viviendo de él aunque la coman las cucarachas. Me encantó. Un abrazo.

Isabel dijo...

La verdad es que hoy día lo de mirar sin ver y de oír sin escuchar, me parecen las mejores vacaciones para renovar la indignación.

Besos veraniegos.

O SuSo dijo...

Todos vivimos siendo más fieles a la idea que otros tienen de nosotros, a ese personaje, que a nosotros mismos.
Me encanta la manera en que has enlazado un cuento con otro para enseñar lo que puede haber detrás de los personajes, las personas...que se enamoran incluso de cucarachas, porque le han enseñado que tiene que enamorarse.

Abrazos de cuento.

Sue dijo...

Este post pretende ser la historia de alguien que olvidó ser quien quería ser y dejó que otros decidieran por él (en este caso sería "ella", pero lo mismo da). Incluso a la hora de enamorarse lo hizo basándose en unos roles y dogmas aprendidos. De alguien que vive encorsetado en las "mieles" de una sociedad que ni siquiera sabe que se tambalea. En definitiva, de un ser gris que no sabe quien es y que ni siquiera cuando habla lo hace de mútuo acuerdo consigo mismo.
Podría ser cualquiera, podrían ser muchos cualesquiera, pero yo me inspiré en un ser concreto que existe y respira. Alguien que, en este caso (y afortunadamente) no soy yo.
En el cadalso hay muchos personajes así y es fácil inspirarse, aunque luego el cuento no quede como una quiere.
Además, lo publiqué demasiado pronto.

Tengo que seguir aprendiendo a escribir (de nuevo), me repito.

Sue dijo...

Por cierto, Paradela, lo has clavado.

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V, creo que mi comentario aclara tus dudas sobre la salamanquesa.

raúl dijo...

hasta una segunda lectura no he podido sustituir mentalmente "salmantina" por "salamanquesa"... necesito un café, definitivamente.

Larisa dijo...

Los cadalsos son buenos porque se respira mejor cuando se abandonan, aunque sea de forma temporal.

A Gregorio Samsa le gusta tu historia.

Venecia no se hundirá todavía. Ha de esperar a que le hagamos fotos.

Mañana (dentro de un rato), más.

Besos nerviosos.

Carmela dijo...

A menudo, no llega el cazador que te saca de la tripa del lobo, y las caparucitas se quedan allí para siempre.
Me gusta la claridad que le has dado a tu casa.
Besos sin perdices.

NáN dijo...

Me he quedado "filosofando" sobre el yo verdaderfo (¿acaso si eliges un disfraz que compras en una tienda para que todos te vean, tú misma, así, ese disfraz no es el "verdadero yo"?).

Y dale que te pego hasta que he pensado, ¡qué narices!, le digo "ánimo chica, tú vales mucho" y me pongo a repasar artículos de economía que me hielan la sangre y apuntan directo a quitarme la pensión.

Dios sí que lo tenía fácil, dijo "yo soy el que soy" y arreando que es gerundio. Ese tipo es un presumido.

Sue dijo...

Raúl, ¿tú trabajas en mi cadalso? ... je

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NáN, ¿si esas personas no eligen ese disfraz, o lo eligen sin saber que en realidad no están eligiendo, es el yo verdadero?

NáN dijo...

Si no eligen, es el "yo estúpido". El que deja que lo manoseen sin placer y con daño.

NáN dijo...

Buena la historia, que no lo había dicho.

Sue dijo...

Ah, ¿ves? ahí quería "YO" llegar. A la estupidez.

Nómada planetario dijo...

Una fábula del desencanto que impera en la sociedad. Cada vez se requiere más fuerza para creer en ideales de vida papel couché. La realidad nos arroja su crudeza segundo a segundo.
Besos.

Sue dijo...

Sobre todo si pasas siete horas frente a frente con este tipo de bichos.

Un beso.

LA ZARZAMORA dijo...

Esas vidas de alquiler acaban por matar hasta a las cucarachas.

Bizz, Sue.